Releo. Al parecer, ya no leo. Es decir, ya nada más releo libros fundamentales los cuales forman parte de mi pálido alfabeto. Con ellos voy a morir. Con ellos deseo ser enterrado.
Usted lo sabe, varios de mis autores tutelares y de formación son los siguientes: T.S. Eliot, Francis Scott Fitzgerald, Tomás Eloy Martínez, Malcolm Lowry, Octavio Paz, Juan Rulfo, Ernest Hemingway, san Juan de la Cruz…
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En fin, la nómina es larga y el espacio corto. Por estos días en los cuales hubo un poco de tregua del ajetreo cotidiano por los días largos y lerdos de Semana Santa, repasé la obra de Juan Rulfo y Jorge Luis Borges. Libros perfectos. Parcos en páginas, pero profundos en su contenido: forma y fondo pulcros.
Hay un dicho: “Si lo crees, lo creas”. Sí, es aquello de la “conciencia global”, una investigación de gran calado de Roger Nelson para la Universidad de Princeton, en Estados Unidos. Lea usted los siguientes versos de Jorge Luis Borges los cuales sacuden al mundo: “Dios mueve al jugador, y este la pieza/ ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza/ De polvo y tiempo y sueño y agonías?”
¿Sabe usted quién mueve la mano de Dios? Los hombres. Los escritores de genio, como el divino Jorge Luis Borges. Muchos lectores como usted que hace el favor de atender estas letras el día de hoy y sabatinamente, me han pedido varias cosas: seguir explorando la figura de Jesucristo a través de su personalidad humana, muy humana. Tienen ustedes razón, apenas voy en las ramas de dicho ensayo.
Otros lectores me han pedido continuar con el asedio y las aristas de Dios, la Biblia, el Corán, la Cábala y otros libros sagrados, en la obra de diferentes escritores. Lo hicimos casi en su totalidad con el poeta Jaime Sabines, hemos explorado de esta manera a Octavio Paz. Jamás lo hemos agotado. Me quedé a años luz de abordar todo James Joyce. Pido paciencia para acometer y terminar dichas y semejantes empresas.
La muerte, en varios casos, es la vida eterna. Paradójicamente, al morir, se trasciende. Se muere para vivir eternamente. Pero como siempre sucede en estos especiales casos de la vida, lo trivial le gana al conocimiento; la estulticia le gana al genio y nos regodeamos en nuestra ignorancia enciclopédica.
Un amigo o familiar realmente muere cuando dejamos de pensar en él. Las ciudades arden, los maleantes acechan en cada esquina, la gente se muere y habitan los cementerios dedicados para ello. Pero, un ser humano muere cuando ya no habita jamás nuestro corazón y nuestro pensamiento. Y sucede una cosa paradójica con la mayoría de los buenos escritores: es necesario morir para permanecer.
Atados a este dejar huella, la masas de iletrados nos ganan la partida en sus efímeros juicios que hoy son oro y mañana bisutería. Sucede lo anterior con el esteta argentino Jorge Luis Borges –el famoso “José Luis Borgues”, en el dislate del iletrado presidente de México, Vicente Fox–. Errata ya clásica por la ignorancia supina de quienes nos han gobernado.
ESQUINA-BAJAN
Borges es inagotable en cualquier arista. Pero, voy encontrando en mi librero revuelto, un libro antiguo (ya todos los libros son antiguos al día de hoy) de una editorial española ya desaparecida, según yo, Altalena. El título es “Diccionario privado de Jorge Luis Borges”, bajo la investigación, recopilación y acomodo del intelectual Blas Matamoro. Un opúsculo de colección al día de hoy. El libro fue publicado cuando el todo sapiente Borges vivía.
El 14 de junio de 1986, los medios de comunicación del mundo entero daban la noticia: Borges moría en un hotel en Ginebra, Suiza, donde aún en horas anteriores a su muerte, estudiaba japonés y leía con ayuda de María Kodama, textos orientales.
El libro, el diccionario está ordenado con base en temas. Es decir, en palabras de Borges (de su obra, dictadas en entrevistas, en reseñas, en artículos, etcétera) se hace una buena recopilación sobre el ser de los argentinos, de España, sobre el amor, opiniones fuertes sobre escritores y claro, no puede faltar su opinión, juicio y escalpelo sobre Dios y la religión. A vuela pluma, lea algunas frases lapidarias del inconmensurable Jorge Luis Borges.
“Mi madre era católica, como todas las señoras argentinas, sin entender absolutamente nada de religión. Mi padre era librepensador, como todos los señores argentinos”.
“En la cruz Cristo decía lo que sentía. No jugaba al personaje histórico. Era muy incómodo estar crucificado, por más que él tuviera tendencia al patetismo”. “La idea de Dios, de un ser sabio, todopoderoso, y que, además, nos ama, es una de las creaciones más audaces de la literatura fantástica”.
¿Cómo ve a Borges, estimado lector? Sin duda, es necesario releer o leer toda su obra, anotarla una y otra vez con plumón rojo y luego verde. Leer y releer a Borges toda la vida, sin duda. Y como final, las mujeres (Ell3s) del “8M” deberían quemar públicamente la obra del divino ciego. Lea usted un aforismo…
LETRAS MINÚSCULAS
“Las mujeres suelen pensar por imágenes, por intuiciones, no por un mecanismo dialéctico”. Fin por hoy.

JESÚS CEDILLO
Periodista, escritor y poeta, con más de 40 años en la legua cultural y explorando el mundo.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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