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Café Montaigne 392

Tengo mala fama pública. De hecho, no se culpe a nadie de lo anterior: yo solito me he encargado de ello, al publicar aquí, como siempre, mis andanzas personales y eróticas.

Hablo de mi vejez y de mis andanzas; nadie se sienta aludido en esto. Mi fama es mala y es pública. Y tras lo que voy a contar a continuación y de mi nuevo proyecto en puerta –el cual nació, o bien, ha nacido derivado de mi vejez, andanzas personales y literatura–, pues voy a quedar listo para barrer el piso ante usted.

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Siempre he sido un vago incorregible. Me he casado dos veces y he derramado tinta en mis cuadernos al menos tres veces en mi vida. ¿Cuántas veces me he enamorado? Las suficientes. ¿Estoy enamorado de Jazmín, mi güera regiomontana? Negarlo sería mentir. Ya estoy estúpidamente enamorado de ella. ¿Ella de mí? No lo creo.

Es muy joven, guapa, bella y atenta. Y aunque ahora diga quererme, la verdad, ella va a tener a un buen mozo en su vida. Sin duda alguna. Está destinada a eso. Dios la ama al ser buena niña.

La prostitución (existe desde siempre y también, claro, en la misma Biblia) ha sido abordada infinidad de veces en libros. Es decir, desde perspectivas testimoniales y personales, como reportajes sociológicos, hasta la gran industria del sexo y, sin duda, desde el plano de la ficción.

Un rápido ejemplo y a vuelapluma: el libro “La Revuelta de las Putas”, de Amelia Tiganus, que aborda desde una perspectiva testimonial y abolicionista semejante fenómeno.

Pero también hay colosales obras de ficción, las cuales se cuentan como maravillas de la literatura, por ejemplo, toda la obra del divino Marqués de Sade. Y claro, dos obras rápidas y a la mano: “La Casa Verde” y “Pantaleón y las Visitadoras”, del inmortal Mario Vargas Llosa. Lea, por favor: Todo lo anterior viene a cuento por lo siguiente.

Una grata y buena amiga (está “rebuenota” la ingrata), a la cual aquí la vamos a bautizar como Esther Alejandra, luego de tiempo de no saber de ella, nos hemos encontrado en los caminos de la vida (en Monterrey, claro), nos abrazamos con gran placer y deleite, y nos fuimos a merendar a un bar. Ya luego intercambiamos teléfonos y la he visto un par de ocasiones.

En la segunda, nos vimos en el mismo bar y chocamos vasos de cerveza (es lo único que bebe). Me dijo así: “Jesús, siempre te leo. Te sigo leyendo desde que te conocí. Hay cosas que no me gustan. Hay cosas que no entiendo. Pero otras me agradan mucho. Me da gusto que sigas siendo escritor. ¿Te puedo hacer varias preguntas y al final un comentario? Mira, Jesús, no estoy celosa de que tengas novia y tan joven; lo mereces. Eres muy atento con las mujeres. Fuiste muy atento conmigo siempre. Y funcionas bien. Nadie se va a quejar de ti. ¿Quién es Jazmín? ¿Le das dinero? ¿No es mala contigo? ¿Te trata bien? Es lo menos que mereces. Y bueno, te he buscado y te quiero seguir viendo por lo siguiente… quiero que escribas mi vida. ¿Cuánto me vas a cobrar?”.

ESQUINA-BAJAN

La bella Esther Alejandra, señor lector, fue prostituta. Al parecer, desde jovencita. Sacó adelante a sus dos hijas y le conocí cuando trabajaba en ello. ¿Me acosté con ella? Sin duda. Era joven y guapa… pero ahora es una mujer madura, rotunda y elegante, con un cuerpo de infarto.

Parece modelo de Playboy: esas modelos y edecanes de cuerpos sobrados, de curvas en su sitio. Es de esas mujeres las cuales, al cruzar las piernas, dejan sin aliento a los varones.

Esther Alejandra era prostituta. Me dice, ahora sólo vende joyería. Le va bien, pero es de las pocas mujeres las cuales no lo gastaron todo, aunque tenía dinero a pasto y diario, y lo ha sabido administrar. Viste muy bien, con ropa de marca; huele bien y deja sin aliento al bar completo cuando entra. Es más alta a su servidor y, claro, junto a ella, sus curvas y cosas redondas de su cuerpo, nadie compite. Ninguna camarera se le iguala.

Al parecer, ser viejo y anciano, como su servidor, me ha sentado bien; es un orgullo y no una calamidad. Se lo repito: el narrador portugués José Saramago empezó a escribir a los 60 años. Aunque practicó el periodismo combativo toda su vida, el autor de “Ensayo sobre la Ceguera” llegó tarde a la literatura.

Pero traía buenas maletas de formación en la tecla diaria, como su servidor. Lo demás es historia: publicó libro tras libro, ganó el Nobel de Literatura y compró para él y su mujer una isla, Lanzarote.

Hay hartos libros sobre putas y prostitución: “Ir de Putas”, de Juan Carlos Volnovich; “Puta y Libre”, de Valèrie May. El comentario de Esther Alejandra me agarró frío; ella rio de buena gana. Y mientras tomaba mi mano y la llevaba a su muslo firme y redondo, me dijo: “¿Lo recuerdas, Jesús? No te pongas nervioso, ya estás sudando, ja, ja. Oye, maestro, las historias de mi vida de puta te van a gustar. Quiero que las escribas. Hay de todo. Es como lo que estás haciendo con esa muchacha, pero esto va a estar mejor…”.

Retiré mi mano de su muslo torneado, redondo, color de ron antillano, pero ella la volvió a poner en su sitio, un poco más arriba todavía… y me dijo: “¿Cuánto me cobras? Antes tú pagabas por estar conmigo y ahora soy yo la que te voy a pagar. Ja, ja. Mira, nos vemos una o dos veces por semana y te cuento las historias. Oye, Jesús… ¿o quieres que te pague de otra manera?…”.

LETRAS MINÚSCULAS

¿Por qué diablos me pasa todo esto en el invierno de mi vida? Caray. Continuará el próximo jueves…

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JESÚS CEDILLO

Periodista, escritor y poeta, con más de 40 años en la legua cultural y explorando el mundo.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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