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Momentos cruciales

Dos asesinatos marcaron el nacimiento, apogeo y declive del PRI. El de Álvaro Obregón, en 1928, y el de Luis Donaldo Colosio, en 1994, los dos sonorenses. El primero ocurrió durante una comida en honor del «General Invicto» en el restaurante «La Bombilla» de Ciudad de México, después de haber sido electo para un segundo periodo presidencial, no consecutivo.

El segundo acaeció en una ratonera de Tijuana, Baja California, donde el aspirante a la silla del águila había encabezado un mitin. En ambos casos se fabricaron cabezas de turco —José de León Toral y Mario Aburto— para eximir de los crímenes al Estado, jefaturado entonces por Plutarco Elías Calles y Carlos Salinas de Gortari.

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La versión de los asesinos solitarios nadie la creyó. Investigaciones posteriores revelaron que Obregón recibió tiros de diferente calibre: seis disparados por De León, y hasta 11 de otras armas.

El diámetro del proyectil que le atravesó el cráneo a Colosio era de 9.1 mm; y del abdomen, de 5.6 mm. De León y Aburto fueron torturados. Aburto pudo haber sido suplantado; y el asesino real, ejecutado como parte del complot.

De León fue fusilado en la penitenciaría de Lecumberri siete meses después del atentado contra Obregón.

Aburto se declaró culpable en 1995 y recibió una sentencia de 45 años de prisión. En octubre de 2023, un tribunal colegiado del Estado de México le otorgó un amparo para reducir la pena a 30 años, la máxima prevista por el Código Penal de Baja California en 1994, cuando se cometió el homicidio.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación revocó el procedimiento, impugnado por la Fiscalía General de la República. El voto de la magistrada Lenia Batres Guadarrama resultó decisivo para evitar que Aburto fuera liberado.

La investigación del caso Colosio se manipuló у desvirtuó desde un principio. La teoría de que el asesinato derivó de «una acción concertada», presentada a la naciónpor el primer fiscal especial, Miguel Montes, arraigó en el imaginario colectivo, no obstante que después se retractó.

EI funcionario fue removido. La fiscalía especial tuvo en total seis titulares.

En su toma de posesión, el presidente Ernesto Zedillo se refirió al clima de crispación política y social reinante en 1994. Colosio y el secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu, fueron asesinados entre marzo y septiembre de ese año, apenas con seis meses de diferencia.

«Para hacer frente a la extendida criminalidad, la frecuente violación a garantías individuales y derechos humanos, y la grave inseguridad pública, emprenderemos una honda y genuina reforma a las instituciones encargadas de la procuración de justicia.

Es en ellas donde la incompetencia, la corrupción y la ruptura institucional son más frecuentes y de mayor daño para la seguridad de las personas».

Colosio у Ruiz Massieu murieron en medio de una cruenta lucha por el poder y de las pugnas en el grupo de los Salinas.

«Los brutales asesinatos de figuras destacadas de la vida pública del país han lastimado hondamente a la ciudadanía, han sembrado inquietud y duda sobre algunas instituciones y—debemos admitirlo— han dividido a los mexicanos», dijo Zedillo.

Advirtió que «hasta ahora las investigaciones no han satisfecho plenamente a la sociedad; los mexicanos queremos estar seguros de conocer toda la verdad».

Para ello, ordenó al procurador general de la república, Antonio Lozano Gracia (PAN), intensificar «con todo rigor las investigaciones e informar a la opinión pública de cada avance, hasta su conclusión. (…) no descansaremos hasta que se haya hecho justicia». Treinta y dos años después, la justicia sigue ausente.

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Gerardo Hernández

GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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