Hay una añeja creencia de que los países sede de los mundiales de futbol se benefician enormemente de dichas justas deportivas por la importante derrama económica que deja la llegada de turistas con alto poder adquisitivo.
Sin embargo, dicha afirmación es bastante discutible. De acuerdo con un estudio de Álvaro Merino (2022), que analizó los costos y beneficios de las últimas 15 copas mundiales –de Inglaterra 1966 a Qatar 2022–, sólo una, que fue Rusia 2018, tuvo saldo positivo para el país organizador.
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Es decir, la nación sede recibe una derrama económica, pero ésta es menor a los gastos que tiene que afrontar al construir y remodelar estadios, generar infraestructura y adecuar los sistemas de transporte.
Esto no quiere decir que dentro de los países no haya empresas que ganen; sin duda lo harán muchos hoteles, restaurantes, aerolíneas, tiendas de souvenirs, bares y hasta revendedores de boletos.
En cambio, las finanzas públicas lo resentirán, mientras que la FIFA se llenará los bolsillos con el boletaje, los derechos de transmisión, el licenciamiento de la marca y los patrocinios, sin asumir los costos necesarios para la organización del evento.
A lo anterior se suman las exigencias de la FIFA, por ejemplo, el control de los estadios, que implicó que a los dueños de palcos en el Azteca no se les permita el acceso a un espacio que es de su propiedad, o que las marcas que han comprado el nombre de los estadios tengan que tapar sus logos.
Lo mismo aplica con los sistemas de transporte: la FIFA exigió que las ciudades sede pusieran transporte público gratuito para los aficionados, de forma que no se cobre el Metro.
Las ciudades mexicanas accedieron de forma sumisa, mientras que en Nueva Jersey, la gobernadora ya dijo que, al contrario, ella piensa subir el costo de los boletos porque su estado se debe beneficiar económicamente del Mundial y no asumir solamente los costos, utilizando los impuestos de los ciudadanos en algo que no les beneficia a ellos.
Pero quizá lo más grave fue el amago del secretario de Educación de adelantar las vacaciones de los estudiantes con el fin de reducir el tráfico en las ciudades sede, sin importarle que nuestros alumnos tienen bajo aprovechamiento y que perder un mes completo de clase no parece abonar a una mejora en su situación.
Es decir, estamos llegando a absurdos con tal de complacer a la FIFA.
Y como cereza del pastel está el alto costo de los boletos, que se ha vuelto prohibitivo para la mayor parte de los ciudadanos, al grado de que Donald Trump, que no sólo es presidente del país más rico del mundo, sino un millonario, se quejó de los altos precios.
En la práctica, esto se habrá de traducir en que casi no haya mexicanos en los estadios, a pesar de que seremos uno de los tres países sede, lo que lleva a preguntarse: ¿entonces cuál es el beneficio del Mundial para México y sus ciudadanos?

Víctor Manuel Sánchez
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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