En , de:

No era sólo un perro

Barton fue mucho más que solo un perro.

Llegó a mi vida hace diez años, en una etapa en la que trabajaba en campañas, me
mudaba de ciudad y trataba de encontrar mi lugar.

LEE MÁS DE LA AUTORA EVA FARÍAS

Nació en Ciudad Victoria, Tamaulipas, cuando me llevé a Kya a vivir conmigo unos meses. Desde entonces nunca dejó de acompañarme.

Estuvo en mis cambios de departamento en la Ciudad de México, en cambios de trabajo, de ciudad, de ánimo y de vida. Me acompañó en momentos de felicidad y también en los dias dificiles.

Fue testigo silencioso de cada versión de mi.

Después legó Eva. Y Barton hizo lo que mejor sabia hacer: amar.

La adoptó inmediatamente como parte de su manada. La seguía, la cuidaba y dormía cerca de ella. Se convirtió en su guardián y en uno de sus primeros amigos.

Desde cachorro fue especial. Mi gordo pechocho. Mi enanito.

Era inteligente, noble y profundamente cariñoso.

Caminaba a mi lado sin correa porque entendía que su lugar estaba conmigo. Le fascinaban sus juguetes, veía la televisión como si entendiera cada escena y discutía con todo lo que aparecía en la pantalla. Era sociable, bueno con los niños y siempre buscaba estar cerca de quienes amaba.

Pero, sobre todo, le encantaba sentirse protector. Era pequeño de tamaño, pero enorme de corazón.

Muchas veces supo que estaba triste antes de que yo misma lo reconociera. Sabía cuándo acercarse, cuándo quedarse a mi lado y cuándo simplemente acompañar en silencio.

Los perros tienen una forma extraordinaria de entender lo que las palabras no pueden explicar.

Esta semana me tocó despedirme de él. Y duele.

Duele porque no pierdo una mascota. Pierdo a un compañero de diez años. Pierdo una rutina, una mirada, unos pasos siguiéndome por la casa.

Pierdo a quien estuvo presente en algunos de los momentos más importantes de mi vida.

Decidir dormir a un perrito es relativamente fácil cuando todo lo que queda es dolor y sufrimiento.

Barton se fue tranquilo porque se fue en mis brazos.

Yo era su mundo entero. Lo veía en la forma en que me miraba, en sus ojos y en cómo se calmaba cuando podía abrazarlo. Esta vez no fue diferente.

Entendí que amarlo también significaba dejarlo descansar.

Lo abracé, le hablé bajto y le di las gracias.

Gracias por cuidarnos. Gracias por acompañarme durante diez años. Gracias por estar conmigo en cada mudanza, cada ciudad y cada etapa de mi vida. Gracias por querer tanto a Eva.

Tú nunca fuiste «sólo un perro». Fuiste familia. Fuiste compañía. Fuiste amor incondicional.

Y aunque hoy me duele el alma despedirme de ti, me queda la tranquilidad de saber que te fuiste sintiéndote amado, protegido y acompañado hasta el último momento.

Yo también te amaba.

Gracias por ser parte de mi historia, mi gordo pechocho.

Comentarios
EVA FARÍAS

Eva Farias es periodista, comunicadora y narradora de historias con más de 15 años de experiencia. Su voz se distingue por unir lo personal con lo colectivo, con una mirada cercana, crítica y profundamente humana.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

MÁS EDITORIALES, ARTÍCULOS Y REFLEXIONES EN ASÍ DICE