Una de las características centrales del antiguo régimen, el fundado por Plutarco Elastinas Calles hace ya casi un siglo fue, largamente, la confusión entre el Gobierno y el Partido. O si se prefiere, la mezcla intencionada del espacio partidista y el de gobierno.
Todo mundo lo sabía. Y lo sabía porque era evidente. Los actos demostrativos se realizaban a la vista de todos y con la mayor naturalidad del mundo: migrar de la dirigencia del partido a un cargo en el gabinete, o al revés, formaba parte de la ritualidad del poder inventada por el régimen tricolor.
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Siempre se negó, desde luego, la existencia de cualquier posibilidad de “contaminación” de un espacio u otro. Pero para efectos del imaginario colectivo, el partido funcionaba como una especie de secretaría satelital, una extension “natural” del gabinete presidencial.
Porque una de las condiciones necesarias para la eficacia de la fórmula era la concentración absoluta del poder en la figura presidencial. Quien ocupara la silla del águila no podía ser solamente el titular del poder público: debía también ser quien mandara en el partido.
¡Exactamente como ahora! Porque justo a partir de esta fórmula, Luisa María Alcalde Luján acaba de ingresar al selecto “Club de ida y vuelta”, es decir, el de quienes han migrado del gabinete presidencial a la dirigencia del partido y luego de regreso al Poder Ejecutivo. Porque Morena… pues Morena es un remedo del PRI.
Por cierto: en épocas de empoderamiento femenino, Alcalde se ha convertido en la primera mujer en incorporarse al grupo inaugurado por Porfirio Muñoz Ledo, quien de la Secretaría del Trabajo saltó a la dirigencia nacional del PRI, solo para asumir poco después la Secretaria de Educacion Pública. Los otros cuatro integrantes del Club son Pedro Ojeda Paullada, Javier García Paniagua y José Antonio González Fernández.
Pero la lista de quienes han hecho el viaje en una sola dirección -del partido al gabinete, o del gabinete al partido- es mucho más amplia. En el caso del PRI incluye nombres “ilustres” como el de Lázaro Cárdenas o el de Luis Donaldo Colosio, así como otros con menos lustre pero muy conocidos: Alfonso Martínez Domínguez, Carlos Sansores Pérez, Javier Garcia Paniagua o René Juárez Cisneros.
En el lado de la autodenominada “cuarta transformación” tampoco es el de Luisa María Alcalde el primer caso. Antes de ella, el actual secretario de Educacion, Mario Delgado, abandonó el liderazgo nacional del partido para irse al gabinete de Claudia Sheinbaum. En ese viaje, por cierto, le acompañó quien fungía como secretaria General de Morena, Citlalli Hernandez… ¡quien acaba de regresar a un cargo partidista!
El problema fue, y es, la hipocresía. Tanto los priistas como los morenistas han negado siempre la existencia de un vínculo indebido entre la dirigencia partidista y el gabinete. Pero unos y otros operan como si los dos espacios fueran parte de un todo y se mueven entre ellos con la mayor naturalidad.
No debe extrañar, por supuesto… la inmensa mayoría de quienes militan y dirigen a dicho partido nacieron, crecieron y se desarrollaron en el PRI. Y quienes no, pues carecen de otros ejemplos a seguir…
ARISTAS
Quienes dan ternura, debe decirse, son los ingenuos seguidores del morenismo quienes creen, de verdad, estar ante la presencia de un “movimiento” cuyo propósito fundamental es sepultar “la podredumbre y los vicios” de quienes gobernaron en el pasado, es decir, de los priistas.
La realidad, como resulta evidente, dista mucho de tal deseo. Pero tampoco es de extrañar, porque la militancia morenista funciona exactamente igual a como lo hizo en su momento, la borregada tricolor… y no es casual.
¡Feliz fin de semana!

Carlos Arredondo
CARLOS ARREDONDO es periodista desde hace 30 años. Actualmente es Subdirector Editorial de Vanguardia, en Saltillo. Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx