El documental «Trasladados» (2024) narra los «vuelos de la muerte» realizados durante la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, después del golpe de Estado contra la presidenta María Estela Martínez de Perón. La vicepresidenta había asumido el poder dos años antes tras la muerte de su esposo Juan Domingo Perón.
Opositores políticos de izquierda (estudiantes y sindicalistas) y activistas de derechos humanos, sedados con pentotal, eran arrojados al río de la Plata o al mar. Los primeros cuerpos aparecieron en 1977 en los balnearios de Santa Teresita y Mar del Tuyú.
Alice Domon y Leonie Duquet, religiosas francesas, y María Ponce Bianco, Azucena Villaflor y Esther Ballestrino, fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo, fueron víctimas de la barbarie.
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Dirigida por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Agosti, la dictadura implantó un régimen de terror. La tortura y exterminio de 30,000 personas ocurrió en los más de 800 centros clandestinos distribuidos en el país, el más célebre de los cuales funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
La junta militar, presentada al mundo con el eufemismo de «Proceso de Reorganización Nacional», contó con el apoyo del Presidente de Estados Unidos, Gerald Ford, y de su secretario de Estado, Henry Kissinger. El pretexto era detener el comunismo en América Latina bajo el paraguas del Plan Cóndor, sobre todo en Argentina, Bolivia, Chile, Uruguay y Paraguay en el contexto de la Guerra Fría.
El terrorismo de Estado provocó el asesinato, desaparición y encarcelamiento de centenares de miles de opositores de las dictaduras, así fueran reales o imaginarios.
Las operaciones clandestinas de inteligencia se han intensificado en los últimos años. Otra forma de combatir a los gobiernos progresistas es en las urnas; ya no de manera solapada, sino flagrante.
La advertencia de la presidenta Claudia Sheinbaum al respecto, no es en balde. Su homólogo estadunidense, Donald Trump, pretende erigirse en fiel de la balanza en las elecciones de cuanto país tenga gobiernos de izquierda.
No en todos los casos ha tenido éxito, como en Canadá, donde su apoyo al líder del Partido Conservador, Pierre Poilievre, le atrajo votos, pero no a él, sino al primer ministro Mark Carney, del Partido Liberal.
La campaña del exgobernador del Banco de Inglaterra se basó en la defensa de la soberanía —el mitómano de la Oficina Oval fanfarroneó con anexionar al país de la hoja de maple- y en una férrea oposición a la guerra arancelaria lanzada desde la Casa Blanca.
La política de zanahoria o palo le resultó al pirómano en Honduras, el año pasado, con la discutible y apretada victoria de Nasry Asfura. La Unidad Fiscal Especial Contra
Redes de Corrupción acusó en 2020 a «Tito» por abuso de autoridad, fraude, malversación y lavado de activos. Sobre la influencia de Trump en asuntos electorales de otros países, The New York Times (07.12.25) cita el caso de José Ignacio Cerrato López.
Este jubilado, de 62 años, pensaba votar por el también derechista Salvador Nasralla, quien lideraba las encuestas, pero después de las amenazas de Trump cambió de parecer y optó por Asfura.
El líder estadunidense le dio a su favorito el empujón definitivo en vísperas de las elecciones del 30 de noviembre, cuando anunció el indulto del expresidente Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de prisión en Estados Unidos y al pago de una multa por 8 millones de dólares por traficar drogas у armas. Asfura у Hernández militan en el Partido Nacional. La justicia en Estados Unidos fabrica héroes y villanos según la conveniencia electoral.

Gerardo Hernández
GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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