Dios lo es todo. Al menos para mí. Aunque tenga fe rota. ¿Para otros? Es nada. Con altas y bajas, como lo es la vida, pero busco y hablo de Dios. Siempre. Desde que era mozuelo. Le insisto en lo mismo: lo busco con mi sesera. Con mi razón y pensamiento.
Muy poco con mi corazón y sentimientos. El corazón y los sentimientos estorban, usted lo sabe. Apenas y salió de su recámara. Apenas y salió de su pueblo. La gran Emily Dickinson. Apenas y vio dos o tres poemas de ella publicados en letra redonda en vida. Pero su hondura al día de hoy es prodigiosa y marca una gran influencia en la poesía universal.
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Dicen dos versos de la gran Dickinson: “El éxito resulta más dulce Para quienes nunca lo alcanzan”.
Trasladando la anterior idea al plano de Dios, ¿si acaso alcanzamos a Dios y lo dimensionamos, sería sinónimo de éxito o fracaso? ¿Dios es luz y éxito para usted o bien, es oscuridad y fracaso? Antes de morir en 1851, el pintor William Turner exclamó: “El sol es Dios”. Y sí, empiezan los problemas: si creemos o tenemos la idea de que Dios es el sol, la naturaleza, el agua, la llanura, la montaña, ¿estamos regresando a un muy superado entrecomillas, panteísmo? Sí, todo es Dios. Cosa en teoría y sólo en teoría, repito, muy superada hace siglos.
Usted y yo hemos crecido juntos al hablar de Dios. No quiero convencer a nadie con mis ideas y palabras. Sino lo contrario: nos nutrimos mutuamente. Tengo muchos pendientes al respecto. Abordar a nuestros autores y poetas favoritos en clave divina. Tratar de desmontarlos en sus versos y sus sílabas y escudriñar sus ideas de Dios y la divinidad. Tarea titánica sin duda, pero necesaria. Y creo usted lo sabe: no es la meta, sino el viaje, el placer del viaje. ¿Meta? ¿Llegar a Dios mismo? Ja. Para mí, cosa imposible.
De entre tantos casos y ejemplos, es la poderosa poesía de un alemán, atormentado como todos, Friedrich Holderlin. Usted lo sabe: murió en el infierno de la locura, el alejamiento total o simple contacto con seres humanos; la incomprensión, la enfermedad. Y claro, el encierro en sí mismo.
La cárcel del ser humano más poderosa y cruel es uno mismo. Lo he leído en su momento. Lo sigo leyendo o releyendo. Pero hoy, tengo en mis manos una antología de su poesía publicada por la editorial Cátedra.
Leo el libro oteándolo. No de corridito, sino aleatoriamente. Y le repito lo que usted y yo hemos comentado aquí: los grandes autores, como el caso de Friedrich Holderlin, aceptan múltiples lecturas, nos otorgan aristas insospechadas y nos hacen pensar. Algo ya hoy en día en desuso: pensar.
Con Friedrich Holderlin podemos caminar con él de la mano en su obra y aprendemos del clima y su influencia para escribir o no escribir. Nos habla de Dios (o su ausencia), nos habla del amor (o su ausencia), nos habla de esa eterna dualidad o contraste eterno: noche y día, luz y oscuridad, éxito o fracaso, vida o muerte…
Por lo general, como lo dijo el pintor en sus últimos momentos, asociamos a Dios con la luz y el sol. Culto solar, pues. Asociamos a Dios y desde tiempos antiguos, con la fertilidad, el campo florido, el agua en el riachuelo, el cielo henchido de luz y claridad… en fin. ¿Y la oscuridad? Pues es cosa mala, donde se convocan pasiones malsanas donde habita lo innombrable. La maldad, el mal pues.
ESQUINA-BAJAN
Lea usted lo siguiente del alemán que se volvió loco de amor. Es de nuevo, lo repito, el estado bucólico, perfecto para vivir y habitar, en contra de la llegada de las ciudades, la argamasa, el hierro y la cultura del descarte. Lea usted: “Como en día de fiesta, a ver el campo,/ por la mañana sale un labrador,/ …/ así están los poetas en clima favorable….”.
Este estado campestre, bucólico, ideal para escribir en teoría, no pocas veces ese mismo ideal bosque, al llegar la noche, se convierte en fauces, boca de lobo que te engulle.
¿Allí podemos encontrar a Dios? sin duda. Sin duda. Lea usted el siguiente cuarteto de nuestro autor: “Cuando era joven, era feliz por las mañanas Y de noche lloraba; ahora con más edad, Comienzo vacilante mi día y, sin embargo, Su final es sereno y sagrado”.
¿Lo nota verdad? Es la muerte, siempre la bienhechora muerte. A la cual, todos vamos. Más temprano que tarde. ¿Tenerle miedo y pavor? Mmh, sin duda, es natural. Pero contra lo que pueda pensarse, la muerte libera. La muerte nos hace eternos. Y es entonces y justo entonces, cuando se cumple nuestra vida terrena.
A mí en lo particular, usted lo sabe, esa cosa de la luz, el sol y el calor demencial que me agobia y embota los sentidos, no se me da. Yo prefiero (incluso, lo añoro) la paz de los sepulcros, el silencio del cementerio, el rezo dilatado, el tono oscuro y fúnebre de la tarde cayendo en el horizonte….
En un canto lastimero por la musa (murió loco de amor, así mueren casi todos los poetas), Holderlin escribe: “Voy a partir. Quizá dentro de mucho tiempo,/ Diótima te vuelva a ver aquí./ pero exangüe estará entonces el deseo/ y en paz, cual difuntos”.
LETRAS MINÚSCULAS
Sí, la muerte trae paz que la vida no da. No es paradoja, es destino.

JESÚS CEDILLO
Periodista, escritor y poeta, con más de 40 años en la legua cultural y explorando el mundo.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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