Nuestros políticos rara vez acuden a los especialistas necesario para analizar la realidad desde una perspectiva robusta y, a partir de ello, construir soluciones inteligentes. Por ello justamente padecemos el problema de congestión vial actual en Saltillo
Cualquier persona distraída puede diagnosticar el problema con solo pasar unos minutos en las calles de la capital coahuilense: Saltillo padece un grave -cada vez más grave- problema de congestión vehicular en sus calles. Casi a cualquier hora del día es “hora pico” y los traslados ordinarios de cualquier persona toman cada vez más tiempo.
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No hace falta ser experto en nada para tener claro el problema e incluso para diagnosticar sus causas. Porque la razón detrás del fenómeno es evidente: cada vez hay más coches circulando en la mancha urbana de la metrópoli integrada por Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga.
Pero transitar del diagnóstico a las propuestas de solución ya no es un asunto de simple “sentido común” o de “lógica elemental”, porque lo más probable es largar un planteamiento simplista como los tantas veces expuestos en el pasado y cuya ineficacia ha quedado probada sin lugar a dudas.
Porque para resolver el problema del tránsito citadino -en Saltillo y en cualquier otro lugar del mundo- no hace falta construir más vialidades, ensanchar las existentes o construir segundos pisos para dar cabida a más autos. Lo requerido es exactamente lo contrario, es decir, reducir el número de vehículos circulando en las calles.
Y para avanzar en esa dirección solo existe una solución razonable: diseñar y poner en práctica un sistema de transporte público moderno, funcional, accesible y asequible, el cual no puede estar basado en la idea de “ser rentable” porque eso no es posible. No existe en el mundo entero un solo ejemplo en este sentido.
La primera objeción expresada por nuestros políticos locales -poco dados al pensamiento analítico y a la sofisticación argumental- ante este planteamiento es la esperada: se requiere mucho dinero para hacer eso, pues un sistema de transporte público como el planteado es muy caro. Y tienen razón: la inversión requerida es cuantiosa.
Pero sí existen los recursos para ello y la prueba más reciente, en el caso de Saltillo, es el anuncio realizado por el Gobierno de Manolo Jiménez para constituir un “nuevo arco vial”, con una longitud total superior a los 55 kilómetros, cuya primera etapa ya se licitó e implicará una inversión superior a los 3 mil 500 millones de pesos.
La obra se vende, en el discurso oficial, como “urgente y necesaria” para resolver el problema vial de la ciudad a partir de una estrategia aparentemente lógica pero absolutamente equivocada: “expulsar” de la mancha urbana las unidades de transporte de personal. Y ya con eso, dicen, desaparecerá el problema.
No hace falta sino un muy elemental análisis aritmético para tener claro el yerro del planteamiento: de acuerdo con cifras oficiales, Saltillo tiene un padrón vehicular superior a las 427 mil unidades. De ese total, solamente el 1.4 por ciento de esas unidades corresponden a unidades de transporte de personal.
Y eso, tomando como buena la cifra más alta proporcionada por las autoridades: seis mil unidades se dedican a dicha tarea.
La pregunta es simple: ¿dónde reside el problema? ¿En las seis mil unidades de transporte de personal -las cuales, por cierto, transportan 40 personas cada una- o en las 420 mil unidades restantes, la inmensa mayoría de las cuales solamente traslada a una persona?
La siguiente pregunta no es tan obvia, pero es la más pertinente: ¿no sería mejor destinar los 3 mil 500 millones del arco vial a financiar la construcción de un sistema de transporte público metropolitano decente?
Porque desde ahora puede adelantarse el diagnóstico: la nueva “solución” será construida y el problema de congestionamiento de nuestras calles va a seguir prácticamente sin ninguna variación. Se aceptan apuestas.
¡Feliz fin de semana!
@sibaja3

Carlos Arredondo
CARLOS ARREDONDO es periodista desde hace 30 años. Actualmente es Subdirector Editorial de Vanguardia, en Saltillo. Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx