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Fracking sin concesiones

La extracción de gas mediante fracturación hidráulica está de nuevo en la palestra.

Gerardo Moyano aborda el tema en la nueva edición de Espacio 4. «Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el rechazo al fracking se convirtió en uno de los pilares discursivos de la llamada Cuarta Transformación (4T). La técnica, asociada a la reforma energética de Enrique Peña Nieto, era presentada como símbolo de privatización y daño ambiental. Hoy, bajo el Gobierno de Claudia Sheinbaum, ese posicionamiento se matiza. No se trata de una apertura total, pero sí de un cambio de enfoque: el fracking vuelve a la agenda pública como una opción estratégica para reducir la dependencia energética con Estados Unidos.

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«El argumento central es contundente: México importa alrededor del 75% del gas natural que consume, principalmente desde Texas. Esto coloca al país en una situación vulnerable ante cambios de precios, tensiones geopolíticas o fenómenos climáticos. En este contexto, el Gobierno plantea explorar los yacimientos no convencionales mediante esquemas que combinan control estatal y participación privada, sin otorgar concesiones. Se trataría de contratos operados por Pemex, con apoyo tecnológico externo. La pregunta de fondo ya no es ideológica, sino pragmática: ¿es posible alcanzar soberanía energética sin recurrir al fracking?

«A diferencia de la reforma energética de 2013, el modelo propuesto por el Gobierno de Sheinbaum no contempla concesiones plenas a privados. En su lugar, se plantea una fórmula híbrida donde Petróleos Mexicanos mantendría el control operativo. Sin embargo, la propia Presidenta ha reconocido que Pemex no cuenta con la tecnología necesaria para explotar estos recursos, lo que obliga a recurrir a empresas privadas, incluso extranjeras. El discurso oficial busca diferenciarse a través del componente ambiental. Entre las medidas planteadas destacan: 1) Uso de agua no potable y reciclaje de hasta 80% del líquido. 2) Concentración de pozos para reducir impacto territorial. 3)
Sistemas cerrados para manejo de residuos. Y 4) Evaluación científica previa mediante un comité multidisciplinario.

«Este comité -integrado por instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC)- deberá determinar en qué condiciones es viable la explotación. No obstante, especialistas advierten que el concepto de ‘fracking limpio’ sigue siendo cuestionable. Desde el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, se ha señalado que incluso con nuevas tecnologías persisten riesgos para el agua, la salud y el clima. El debate técnico, en realidad, encubre una tensión más profunda: la contradicción entre transición energética y explotación de hidrocarburos.

«El fracking, o fracturamiento hidráulico, es una técnica utilizada para extraer gas y petróleo atrapados en formaciones rocosas de baja permeabilidad, como el shale. A diferencia de los yacimientos convencionales, donde los hidrocarburos fluyen de manera natural, en estos casos es necesario perforar el subsuelo e inyectar a alta presión una mezcla de agua, arena y químicos para fracturar la roca y liberar el gas. El proceso requiere grandes volúmenes de agua – millones de litros por pozo- y una infraestructura intensiva que incluye plataformas, ductos y sistemas de almacenamiento. La arena mantiene abiertas las fracturas generadas, mientras que los aditivos químicos facilitan la extracción. Este método ha sido clave para acceder a reservas antes consideradas inviables.

«En Estados Unidos, el fracking transformó el panorama energético en menos de dos décadas. A partir de los años 2000, su aplicación masiva en formaciones como el Barnett Shale en Texas o el Marcellus en Pensilvania permitió incrementar la producción de gas natural a niveles históricos. El país pasó de ser importador a exportador neto, consolidando una posición de liderazgo energético global. I…] Sin embargo, la expansión del fracking también generó controversias. Diversos estudios han documentado riesgos asociados a la contaminación de acuíferos, emisiones de metano -un gas de efecto invernadero más potente que el dióxido de carbono- y la sismicidad inducida por la inyección de fluidos en el subsuelo. Estos impactos llevaron a un endurecimiento de regulaciones en varios estados y a prohibiciones parciales en otros países».

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Gerardo Hernández

GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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