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Crisis de autoridad

Inspirado en el filósofo alemán Max Weber, el escritor Jaime Torres Mendoza publica en el nuevo número del bisemanario Espacio 4 un texto sobre la falta de liderazgos en México y sus consecuencias nefastas. La crítica la centra en el presidente Andrés Manuel López Obrador.

“En una sociedad cualquiera son, normalmente, los dirigentes quienes desempeñan los roles de liderazgo. Pero, como ya he dicho en otras ocasiones, no todos los dirigentes son líderes. El auténtico líder surge en situaciones de crisis y se reconoce por su forma de afrontar esa crisis, por su capacidad para ser eficaz en el contexto de empresas decisivas marcadamente significativas para el abordamiento y solución de esa crisis en curso.

“Ese líder que surge en la crisis, encuentra formas particulares de enfrentarla porque está investido de cualidades que todo mundo reconoce como extraordinarias. En esa condición, el grupo las percibe como una fuente eficaz de movilización con miras a la realización de un verdadero, contundente y definitivo cambio.

“Ese es el tipo de líder que propone Weber, ‘un gran hombre de superior inclinación que, en una situación de crisis social, se apoya en sus virtudes porque está dotado de cualidades sobrehumanas o, por lo menos, singularmente excepcionales’.

“Sírvame esta larga introducción para decir que, obviamente, no tenemos en México un líder de estas características. No lo es ni el Presidente de la República, aunque les pese a muchos, ni está entre los partidos políticos que representan la democracia mexicana.

“No tenemos líderes en este país. Lo que hay son dirigentes, legítimamente llegados al poder, cierto (aunque con asterisco porque el clientismo político está a todo lo que da la avalancha de conseguidores de votos), pero sin ninguna autoridad más allá que aquella que les confiere su cargo y, por supuesto, sin el menor rastro de influencia sobre la sociedad.

“Es el caso lamentable del Ejecutivo quien, poco a poco, ha ido perdiendo, no solo todo vestigio del espejismo que nos lo hizo aparecer como un personaje investido de liderazgo, sino de todo rasgo de la autoridad ganada en las urnas. Ninguna de las dos cosas son por sí mismas, ni buenas ni deseables. La realidad ha ido superando las acciones del Presidente.

“Volviendo a Weber, este dice que ‘dado el contexto de crisis en que se produce la aparición de líderes, el auténtico liderazgo surge a menudo con independencia de que existan o no cualidades extraordinarias, pero, eso sí, siempre en momentos y lugares extraordinarios’.

“Y es este el problema que hoy deseo abordar aquí. Porque me está pareciendo evidente que la falta de liderazgos ha ido dejando vacíos de poder. Eso tendría poca importancia si no fuera porque esos vacíos podrían estarse llenando por una multitud de vocaciones para ejercer el poder dejado por las autoridades legítimamente constituidas.

“Me preocupa sobremanera, por ejemplo, que ante la falta de autoridad del Presidente para hacer cumplir las medidas sanitarias que el propio Gobierno federal ha adoptado, sean otros quienes las hagan suyas a su manera. Por estos días hemos sido testigos que, en muchos lugares de la República han aparecido pequeños reyezuelos con vocación de dictadores que, olvidando de plano las garantías individuales consagradas en la Constitución, imponen medidas restrictivas para el libre tránsito de las personas y hasta toques de queda, sin que haya ninguna autoridad superior que, aunque sea por no dejar, como diría mi tía Beba, la sabia, se dé por enterada”. (Texto completo en: http://www.espacio4.com)

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx.

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