Falta mucho para que el caso del Gobernador de Sinaloa con licencia, Rubén Rocha Moya (Morena), logre la notoriedad del exsecretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna.
El zar antidrogas de Felipe Calderón pasará el resto de sus días en el «Alcatraz de las Montañas Rocosas», la prisión inexpugnable de Florence, Colorado, donde también se halla internado Joaquín «El Chapo» Guzmán.
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El primero purga una condena de 38 años por brindar protección al cártel de Sinaloa y recibir a cambio millones de dólares; al segundo se le dictó cadena perpetua. La postura de la presidenta Claudia Sheinbaum respecto a su correligionario es clara: primero las pruebas de la supuesta colaboración de Rocha con el narcotráfico y después, si es procedente, la detención con fines de extradición solicitada por la Fiscalía de Nueva York.
En un estado donde la connivencia entre políticos y narcos es histórica, meter las manos al fuego por alguien, incluso por el mejor portado, es exponerse a perder los brazos. Rocha, de 76 años, es un viejo militante de izquierdas, lo cual, de ningún modo, lo exime de responsabilidad.
El escritor y académico ha sido diputado local por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y no fue hasta su tercer intento — como Andrés Manuel López Obrador, en el caso de la presidencia— cuando se convirtió en Gobernador, luego de vencer por un margen de 24 puntos porcentuales a Mario Zamora —cercano al exgobernador Francisco Labastida—, postulado por la coalición PAN-PRI-PRD. Rocha era el segundo Gobernador mejor evaluado del país en 2022, detrás del panista Mauricio Vila de Yucatán.
Miguel Riquelme aparecía en la encuesta de EI Financiero en el noveno lugar; y en el décimo, la entonces Jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. La popularidad, sin embargo, es tan volátil como el estado de ánimo.
Rocha Moya fue puesto en el punto de mira de la Fiscalía neoyorquina 10 días después de descubrirse el operativo encubierto de la CIA en Chihuahua en el cual murieron dos
elementos de la agencia y dos funcionarios de la Fiscalía del estado cuando su vehículo explotó tras caer en un barranco.
Si la detención del Gobernador de Sinaloa se hubiera solicitado primero y el accidente hubiera ocurrido más tarde, quizá las acusaciones contra Rocha no se habrían tomado como una cortina de humo para desviar la atención del escándalo diplomático causado por la incursión de la CIA en el municipio de Morelos.
El PRI fue la formación dominante en Sinaloa hasta 2010, cuando Mario López Valdez (PAN) ganó la Gubernatura. El partido tricolor recuperó el poder seis años después con Quirino Ordaz, a quien expulsó en 2022 por haber aceptado la Embajada de México en Madrid.
Morena gobierna el estado desde hace cinco años. «El Chapo» para entonces ya estaba en prisión. En junio de 2024, Ismael «El Mayo» Zambada, sucesor de Guzmán, fue traicionado por uno de los narcojuniors y puesto a disposición de las autoridades de Estados Unidos.
La celada desató una nueva guerra por el control del mercado y de los territorios, la posterior captura y extradición de uno de los hijos del Chapo y la entrega de otro a la justicia estadunidense.
Dos vástagos más, aún prófugos, buscan un acuerdo como lo hicieron sus hermanos.
Rocha ha quedado atrapado en ese torbellino.
La coyuntura brinda a las autoridades la oportunidad de aplicar la ley, si es culpable; y a las oposiciones y poderes fácticos, la posibilidad de obtener ventaja electoral. Sin embargo, falta más de un año para los comicios.

Gerardo Hernández
GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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