Hoy no voy a escribir de política, ni pretenderé hacer un análisis concienzudo de la situación actual, pues mi estado de ánimo me impide acercarme a todo aquello que pueda nublar por un instante mi felicidad.
Si usted desea encontrar en este espacio la solución a los problemas nacionales, la clave para un verdadero crecimiento económico, o un ensayo en el que hable del efecto de la ingravidez espacial sobre las decisiones presidenciales, de antemano le ofrezco mis disculpas, pues por esta ocasión me será imposible complacerlo.
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Hoy no quiero escribir, a pesar de lo alarmante que resulta la noticia sobre el fracaso de las negociaciones entre México, Estados Unidos y Canadá para renovar por 16 años más el T-MEC. Es cierto que el tratado comercial entre las tres naciones seguirá vigente, pero cada año se hará una nueva revisión en la que se puedan incluir todos los caprichosos aranceles del presidente estadounidense.
Aunque Marcelo Ebrard asegure que eso no afectará a la economía mexicana, y Claudia Sheinbaum respire falsamente tranquila, pues durante su sexenio no verá sus días finales el pacto que en 1992 alcanzara el presidente neoliberal Carlos Salinas de Gortari en conjunto con George Bush, mandatario norteamericano, y Brian Mulroney, primer ministro de Canadá.
Por lo pronto, esta revisión anual del T-MEC en un plazo de 10 años puede resultar negativa principalmente para el sector automotriz, pues esto impide que exista la certidumbre necesaria para este sector tan importante para Coahuila y otras regiones del país.
Hasta ahora, los aranceles impuestos por el gobierno estadounidense han generado un panorama desventajoso para México con respecto a otros países.
No llenaré este artículo con líneas referentes al ambiente de inseguridad en el que vive la mayoría de los mexicanos.
Cada día sabemos de más ejecuciones, de más desapariciones forzadas y de más casos de extorsión por parte de los narcotraficantes. Por si fuera poco, cada día queda al descubierto una nueva alianza entre el narco y los políticos morenistas.
Ayer, por ejemplo, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos acusó que el robo de combustible conocido como huachicol fiscal es controlado por el Cártel Jalisco Nueva Generación y que con las ganancias obtenidas financia campañas electorales e impone políticos dóciles al crimen organizado. ¿Y qué dijo la presidenta mexicana ante tamaña acusación? “¡Dónde están las pruebas!”.
Tampoco quiero hablar en este día de la tragedia que enluta ahora al pueblo venezolano y a todo el mundo. Cerca de 2 mil 300 personas han fallecido en los terremotos que hace días sembraron la muerte y desolación en un pueblo que bastante ha sufrido ya por culpa de un gobierno populista, corrupto, negligente, criminal y antidemocrático.
Pido una disculpa a Claudia Sheinbaum, pues por ahora no podré ofrecerle un consejo para sacar adelante a nuestro endeudado país y, sobre todo, para levantar su menguada imagen personal ante la opinión pública. Pido una disculpa también a Donald Trump, pues mi estado emocional impide que me preocupe por ofrecerle una solución a todos los problemas derivados de su liviandad moral.
Hoy no me preocuparé por la crisis, por el escandaloso endeudamiento de México y por la inminente quiebra de Pemex. Hoy tampoco me preocuparé por la inseguridad en México, por el abandono del sistema de salud y la falta de medicinas, por los gobernantes y políticos coludidos con el narcotráfico. Mucho menos realizaré un análisis concienzudo sobre los motivos de la mala campaña de nuestros Saraperos.
Hoy no quiero escribir, pues solo puedo pensar en una pregunta que once hombres ya comenzaron a contestarnos: ¿Y si sí?
En medio de la incertidumbre económica que se generará por la revisión anual del TMEC, de la inseguridad reinante en gran parte del país, de la crisis de los desaparecidos, de la alianza del narco con los gobiernos emanados de Morena, de la desunión entre los mexicanos que López Obrador se empeñó en lograr, hoy no quiero escribir porque por lo menos hay un motivo que nos hace festejar, todos juntos y chocando las manos.
Perdón, pero hoy no quise escribir porque, luego de 40 años, la Selección Mexicana volvió a ganar un juego de eliminación directa en una Copa del Mundo, y de qué forma. Hoy, como hace mucho no se veía, se respira un ambiente de fiesta y de unión nacional en torno a los triunfos del Tri. Ojalá que este ambiente prevalezca más allá de los resultados de nuestra selección, muy a pesar de este régimen populista que nos quiere divididos, porque solo así pueden perdurar en el poder pese a los nefastos resultados de la transformación de cuarta.

JAVIER FUENTES DE LA PEÑA
Periodista con más de 25 años de experiencia.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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