Aceptar las extradiciones representa la oportunidad para la presidenta, de asumir la guía moral de su partido o de aquellos que decidan seguirla en caso de que tome la decisión de aceptar la colaboración que Estados Unidos está solicitando.
Hay quienes piensan que gobernar es fácil, como si solamente consistiera en tomar decisiones que desde afuera parecen evidentes, pero que en el ejercicio del poder en ocasiones tiene más que ver con asumir los costos de la menos mala de las opciones, eso, desde mi perspectiva, es lo que actualmente le está sucediendo a la presidenta Claudia Sheinbaum.
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Subrayo algo que me parece que en ocasiones se pasa por alto, en la función pública, toda decisión es, primero que nada, política, no necesariamente política partidista, pero política, que tenga componentes técnicos que la hagan más o menos viable, es una cosa secundaria.
La decisión de no continuar con la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México fue política, no técnica y no tomó en cuenta los costos económicos, pero sí las ventajas políticas, a partir de esa decisión AMLO estableció sus prioridades y anunció a los poderes fácticos, políticos y económicos, lo que podían esperar. El costo económico fue enorme, la ganancia política también, a partir de esa decisión, nadie quiso retar al expresidente y quien lo hizo sabía los costos a pagar.
Por otra parte, también cabe señalar que el objetivo del político no es, primero, servir a los ciudadanos, sino alcanzar el poder y, una vez en él, mantenerse, no soltarlo mientras se pueda conservar.
En el caso de la presidenta Sheinbaum, ella está en la cumbre del poder político formal, es la presidenta de México, la cúspide de la pirámide del poder político. En su caso, el objetivo consiste en que su grupo, quizá su partido, continúe en ese lugar durante el mayor tiempo posible.
Precisamente por eso es por lo que aceptar la detención con fines de extradición de destacados miembros de su partido, de su movimiento, le resulta sumamente costoso, podría ser el principio del fin de su proyecto político.
Al mismo tiempo, esta crisis representa la oportunidad para la presidenta, de asumir la guía moral de su partido o de aquellos que decidan seguirla en caso de que tome la decisión de aceptar la colaboración que Estados Unidos está solicitando.
Si, como ella misma lo dijo, ninguna persona que no sea honrada se puede cobijar bajo el manto de la 4T, aceptar que existen políticos que han aprovechado sus puestos para realizar acciones ilícitas y defraudado los ideales de su movimiento, no sería claudicar, sino encabezar el movimiento de regeneración moral que ha sido la bandera de Morena.
Por supuesto que la presidenta puede tomar una decisión diferente, estaría en su derecho desde el punto de vista político, pero toda decisión que tome tiene costos, que pueden ser mucho mayores que asumir que hubo quienes defraudaron su confianza.
La encrucijada en que se encuentra la presidenta no es sencilla, tomar una decisión puede llevarla a romper con los núcleos duros del movimiento que por ahora representa y a saber si tiene, o se siente con, fuerza para hacerlo.
Lo que es un hecho es que no tomar una decisión es también asumir una postura que puede salirle muy cara en lo político a ella y en lo social al país. Está en sus manos la decisión y, sí, en ocasiones se debe optar por lo menos malo. La pregunta es ¿lo menos malo para quién?
En la forma en que responda esa pregunta, la presidenta enfrentará retos de diferentes características. No está fácil.

Juan Palacios
JUAN PALACIOS es educador de profesión, periodista por vocación. Editorialista en La Moneda, ABC, El Porvenir y Radio Alegría, en Monterrey.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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