“Si Torreón produce 100 y la Federación regresa 3, eso no es reparto: es castigo.”
Aquí el trabajo sobra; lo que falta es justicia.
LEE MÁS DEL AUTOR JAIME CLEOFAS MARTÍNEZ VELOZ
Hay frases que no necesitan adjetivos porque ya nacen cargadas de verdad.
Esta es una de ellas.
En Torreón, producir 100 y recibir 3 no es una cifra técnica: es una herida abierta. Es la evidencia de una relación desigual que se ha normalizado durante décadas, como si la injusticia fuera parte del clima o del paisaje.
Pero no lo es.
La injusticia no es naturaleza: es decisión.
Torreón es una ciudad que nunca pidió permiso para existir.
No nació del favor de nadie ni del presupuesto de nadie.
Nació del polvo, del sol, del riesgo, del trabajo que no espera instrucciones.
Aquí, cada ladrillo tiene una historia y cada historia tiene un esfuerzo detrás.
Por eso duele más que el país trate a esta ciudad como si fuera un estorbo fiscal y no un motor económico.
Porque eso es Torreón: un motor.
Un generador de riqueza, de empleo, de industria, de innovación.
Una ciudad que sostiene más de lo que recibe, que aporta más de lo que se le reconoce, que produce más de lo que la Federación está dispuesta a devolver.
Y aun así, cada año, la misma ecuación absurda:
100 que salen, 3 que regresan.
Para quien no está familiarizado con estos números, vale explicarlo en bolitas y palitos, sin tecnicismos:
Torreón produce 100 pesos en impuestos.
Esos 100 pesos se envían al Gobierno Federal.
Y de esos 100… sólo regresan 3.
No 50.
No 30.
No 20.
Ni siquiera 10.
Tres.
Es como si tú pagaras 100 pesos para una comida familiar
y sólo te dejaran comerte una tortilla.
O como si tú trabajaras, tú sudaras, tú produjeras…
y alguien más se quedara con 97 pesos de tu esfuerzo.
Y luego te reclamaran por no tener dinero para arreglar tu casa.
Eso es exactamente lo que pasa con Torreón.
A Torreón no le falta voluntad.
No le falta carácter.
No le falta talento.
A Torreón le falta lo que otros se llevan.
Y eso no es reparto: es castigo.
Castigo por producir.
Castigo por sostener.
Castigo por no rendirse.
Castigo por no pedir limosna.
Castigo por ser una ciudad que se hizo sola y que, por lo mismo, parece que debe pagar una cuota eterna por su autonomía.
Pero hay algo que el castigo no ha logrado: quebrar la dignidad lagunera.
Esa dignidad que no se compra ni se negocia.
Esa dignidad que se hereda como se hereda la tierra: con orgullo y con responsabilidad.
Aquí el trabajo sobra; lo que falta es justicia.
Y la justicia no se mendiga: se exige.
No con gritos vacíos, sino con la fuerza de los hechos.
No con confrontación estéril, sino con la claridad de quien sabe lo que aporta y lo que merece.
Y es aquí donde Torreón necesita algo más que diagnósticos: necesita unidad social.
No una unidad uniforme ni obediente, sino una unidad consciente, crítica y plural.
Una unidad que nazca del reconocimiento de que esta injusticia no afecta a unos cuantos: nos afecta a todas y todos.
Por eso hoy, Torreón necesita unir fuerzas desde todos los espectros de la política y desde todos los sectores sociales.
Empresarias y obreros, jóvenes y adultas mayores, colonias del oriente y del poniente, academia, comercio, industria, organizaciones civiles: todas y todos llamados a expresar una rebeldía ciudadana frente a esta inequidad que nos ha limitado durante años.
Una rebeldía serena, responsable, firme.
Una rebeldía que no destruye: construye.
Una rebeldía que no divide: convoca.
Una rebeldía que no grita por gritar: exige justicia.
Porque si el Gobierno Federal regresa sólo 3 pesos de cada 100 que Torreón produce, la respuesta no puede ser resignación.
La respuesta tiene que ser unidad.
Unidad para demandar una relación más justa.
Unidad para corregir décadas de abandono.
Unidad para que esta ciudad deje de sobrevivir y pueda, por fin, desarrollarse.
La rebeldía ciudadana no es desorden:
es la forma más alta de responsabilidad cuando la injusticia se vuelve costumbre.
Y Torreón ya decidió que esa costumbre se acabó.
Torreón no pide privilegios.
Pide proporcionalidad.
Pide respeto.
Pide que el país reconozca que esta ciudad no es un apéndice: es un pilar.
Si el país quiere unidad, que empiece por la equidad.
Si quiere estabilidad, que empiece por la justicia.
Si quiere futuro, que empiece por regresarle a Torreón lo que Torreón produce.
Porque una ciudad que da 100 y recibe 3 no está siendo apoyada:
está siendo castigada.
Y frente a ese castigo, Torreón no va a seguir en silencio.
No vamos a seguir aceptando que nos digan que “no alcanza” cuando lo que no alcanza es lo que no regresan.
No vamos a seguir permitiendo que nos pidan paciencia mientras se llevan el fruto de nuestro trabajo.
No vamos a seguir agachando la cabeza ante una injusticia que ya se volvió costumbre.
Torreón ya despertó.
Y cuando una ciudad despierta, despierta completa.
Hoy, lo que se está encendiendo en Torreón no es enojo:
es dignidad.
Y la dignidad, cuando se organiza, se vuelve fuerza.
Y la fuerza, cuando se une, se vuelve destino.
Torreón va a pelear por lo que le pertenece.
Y esta vez, no va a pelear solo.

Jaime Martínez Veloz
Luchador social, politólogo, incómodo al poder, ex legislador.Presidente del Centro de Estudios y Proyectos para la Frontera Norte “Ing. Heberto Castillo Martínez”.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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