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Los viajes y las comida

Sólo conozco, y de forma parcial, cuatro países: Estados Unidos, Cuba, Las Bahamas y México, y creo que nuestro país es el que tiene más variedad en cuanto a tradiciones, folklore y cultura, pero sobre todo en el aspecto culinario este bello país es verdaderamente extraordinario.

Así como llegan a mi mente los recuerdos de los pueblos, ciudades y sitios visitados cuando era pequeño, así llegan también los recuerdos de las variadas comidas que disfruté en los recorridos que hacía con mi padre durante mi niñez.

Como ya les platiqué, mi padre era ferviente devoto de la Guadalupana, y una ocasión nos llevó a visitar la antigua Basílica de Guadalupe. Después de darle gracias por los favores recibidos (a mi padre lo operaron de la garganta y había pocas posibilidades de que pudiera hablar) y pues ya estando en la Capital, nos llevó al Bosque de Chapultepec, donde además de pasearnos en bote en el lago nos tomó la tradicional foto sobre un caballo de madera o cartón, no recuerdo bien, en ese tiempo era visita obligada el Mercado de la Merced; fue ahí donde comimos unas deliciosas tostadas de pata.

También vivimos una temporada en un lugar llamado Balsas, en el Estado de Guerrero (tierra de Gerardo Reyes, quien interpretara la inigualable canción “Sin Fortuna”), lugar que le debe su nombre al Río Balsas, que es uno de los más largos y caudalosos de México y donde cada año se celebraba y creo se sigue celebrando el Maratón Náutico del Río Balsas, todo un acontecimiento con participantes de México y del extranjero; ahí pues, en ese lugar mi padre nos llevaba casi todos los fines de semana al atrio de la iglesia, donde vendían un extraordinario pozole.

En una ocasión mi padre decidió visitar a mi abuelita Ignacia, la travesía inició en Unión Hidalgo, en el Estado de Oaxaca, hasta Tamuín, en San Luis Potosí, y me llevó junto con mi hermana Lourdes. Los viajes por ferrocarril eran extenuantes y nos quedamos una noche en un pequeño hotel cerca de la estación en San Luis, Capital del Estado. Esa noche nos llevó a cenar y en una pequeña fonda comí unas tostadas con pollo, no se si traía mucha hambre pero esas tostadas me supieron a gloria.

En Parían, Oaxaca, además del delicioso pan de pulque los fines de semana vendían un maíz martajado que se cocía con el jugo de la barbacoa; en el Estado de Hidalgo mi madre preparaba los chinicuiles, que son unos gusanos que se reproducen en las raíces de los magueyes; en la Huasteca venden el sabroso zacahuil, que es un enorme tamal de pierna de cerdo horneado y te lo sirven en hoja de plátano; allá por Orizaba degustábamos el chileatole.

Por supuesto que ya de adulto he visitado lugares donde he saboreado platillos extraordinarios; en Mérida la cochinita pibil; en Puebla el Huaxmole; en Guadalajara la carne en su jugo, y hasta cangrejo de Alaska en McAllen, Texas, pasando por el cabrito al pastor y la carne asada de acá del norte ¡Pero esos sencillos y humildes platillos que disfrute en compañía de mi padre no los olvidaré nunca!.

Nos leemos la próxima.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx.

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Juan Carlos Guzmán

Nacido en Mapimí, Durango, se desempeña en áreas administrativas privadas y públicas. Sus pasiones: La familia, viajar, caminar en el campo y correr.

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