Galileo Galilei se atrevió y, a pesar de y en contra de la Iglesia, colocó el telescopio entre sus ojos y las estrellas.
Susana Biro, licenciada en Física por la UNAM y doctorada en Astronomía por la Universidad de Mánchester en el Reino Unido, nos invita en su libro “La mirada de Galileo” a seguir los pasos de este científico entre 1609 y 1614, un periodo crucial para la astronomía y la cosmología. En estos cinco años, Galileo Galilei, entre otras revelaciones, descubrió en el universo, haciendo uso de su telescopio, que la Luna era imperfecta y rugosa; además, observó muchas nuevas estrellas, cuatro nuevos planetas, los cuernos de Venus, las manchas del Sol y las formas de Saturno.
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Sus descubrimientos confrontaron la concepción dominante sobre el universo en esas fechas, cuando sólo era observado a “ojo pelón”. Pero Galileo se atrevió y, a pesar de y en contra de la Iglesia, colocó el telescopio entre sus ojos y las estrellas. En esa época se creía que las estrellas estaban fijas sobre una esfera que nos cubría. Ya Nicolás Copérnico, entre 1507 y 1515, cien años antes, había propuesto su teoría heliocéntrica: la Tierra no está en el centro de nuestro sistema planetario; ese lugar protagónico le corresponde al Sol. Esto es, Copérnico puso a la Tierra en su lugar.
Durante los dos mil años anteriores al siglo 17, en Europa imperó la imagen de un universo esférico, finito, inmutable y con la Tierra en el centro de todo. Esta concepción fue aceptada y defendida por muchos años. Por supuesto, la Iglesia cristiana así la asumió. ¿También así sería en el mundo islámico? Los árabes y los musulmanes contaban con observatorios astronómicos monumentales. No estaban equipados con telescopios, pero sí con enormes cuadrantes, sextantes y esferas armilares.
El erudito iraquí Ibn al-Haytham (conocido como Alhazen), considerado fundador de la óptica moderna en el siglo 11, expuso en su “Libro de la Óptica” teorías sobre cómo viaja la luz, que fueron fundamentales para la posterior invención del telescopio. Cuando los árabes llegaron a conquistar España, muchos de estos conocimientos y los que habían resguardado de Ptolomeo se difundieron y pasaron a ser base de la ciencia moderna. Así se recuperó el conocimiento “perdido” que, en cierta medida, contribuyó al origen y al desarrollo del Renacimiento.
Esta forma de pensar en la Europa de la Edad Media se basaba principalmente en lo que podían observar con sus ojos, frente a una realidad que no veían que se movía. No podían mirarlo de otra forma. Según ellos, su visión del mundo no tenía fallas. Pero llegó un nuevo instrumento que les movió el tapete: el telescopio; entonces todo fue cuestionado.
Creían que la estructura principal de su universo se sostenía en dos esferas: la de la Tierra, una esfera convexa sobre la que vivimos, que además era inmóvil y estaba ubicada en el centro; y otra en la que estaban pegadas todas las estrellas. Lo esférico y lo circular lo tomaban como perfecto, puesto que en un eclipse lunar el perfil que veían de la Tierra era circular. Además, estaban convencidos de que todo ello era perfecto e inmutable.
Otro punto en particular que les preocupaba a los pensadores de ese tiempo eran los curiosos movimientos de los planetas que podían observar a simple vista, entre ellos: la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno. Pero ¡ojo!, sus observaciones estaban condicionadas por las imágenes preconcebidas sobre el universo: la visión aristotélica.
La cosmología de Aristóteles y la astronomía de Ptolomeo eran conocidas como el universo aristotélico-ptolemaico. Este conocimiento, a pesar de la quema de la Biblioteca de Alejandría, subsistió durante la Edad Media. La explicación cosmológica de Aristóteles era una concepción general de todo lo que existe en el universo, mientras que la explicación astronómica de Ptolomeo era producto de una labor técnica, que medía las cosas que veía en el cielo y hacía sus cálculos a partir de esas mediciones; no era sólo teorización.
Pero el Renacimiento aceleró el desarrollo de nuevas maneras de mirar el mundo. Como sostiene Susana Biro: “Con el telescopio, Galileo observó de nuevo los cuerpos celestes y fue como si atravesara una frontera, más allá de la cual encontró cosas sorprendentes. De esta manera transformó el modo de hacer astronomía…”. Sin duda, la mirada de Galileo contribuyó a los grandes cambios de esa época.

SALVADOR HERNÁNDEZ VÉLEZ
SALVADOR HERNÁNDEZ VÉLEZ es ambientalista, académico, escritor y senderista. Ex Rector de la Universidad Autónoma de Coahuila.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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