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Las tres monedas saltillenses

En esta ocasión te platico de una historia «de a veinte». Bueno, la verdad es «de a cuartilla». Y es que hace unos días me reuní con mis amigos Daniel Martínez, Raúl Ramos y Juan Carlos Martínez, del Club “Gambuseando Saltillo”, quienes tienen por hobbie la búsqueda de tesoros. Ellos de una manera detallada e impresionante me platicaron sobre la historia de las tres primeras monedas saltillenses, que en realidad no eran de Saltillo, sino de la Villa de Santiago del Saltillo.

La primera moneda acuñada en América, específicamente en la Nueva España, era el “Tepuzque”, la cual no era oficial, pero resolvía el problema de las transacciones. En 1534 Hernán Cortés solicitó al Rey Carlos I de España —que también era Carlos V—el permiso para la acuñación del cobre. La Corona dio autorización en 1535 para que el cobre fuera acuñado de manera oficial, naciendo así la moneda “Maravedies”, y ese mismo año se empezaron a troquelar monedas de medio, 1, 2, y hasta 4 reales, monedas conocidas como las “Carlos y Juana”, debido a que sus efigies estabas plasmadas en éstas.

Casi 300 años después, tres saltillenses, quienes eran prósperos empresarios y comerciantes de la Villa de Santiago del Saltillo, solicitaron al Cabildo la misma cantidad de permisos para acuñar sus propias monedas de cobre. Te explico estimada y estimado saltillense: en 1812, en plena lucha por la Independencia de lo que hoy es México, la Villa de Santiago del Saltillo pertenecía a la Nueva Extremadura, lo que era como un Estado, cuya Capital era Monclova, pero debido a que la Villa sí tenía Cabildo y Monclova no, fue en esta hermosa ciudad donde se solicitó y se autorizó la acuñación de monedas, hoy conocidas como “Moneda Municipal”.

En 1812, Juan Nepomuceno Sánchez solicitó al Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo la autorización para troquelar sus propias monedas de cobre, permiso que le fue concedido. Dichas monedas eran conocidas como «Sánchez» y tenían el valor de 1 cuartilla, es decir un cuarto de real. Para 1813, Toribio de Alcalá realizó la misma solicitud, obteniendo el permiso para fabricar su moneda, que era conocida entre los habitantes de la Villa de Santiago del Saltillo y del Pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala como “Toribio”. Al año siguiente, don Antonio Pereira no quiso quedarse atrás y consiguió que el Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo le autorizará su propia moneda, que fue conocida como “Pereira”.

Cada uno de estos tres empresarios se las ingenió para evitar la falsificación de sus monedas. En el caso de Nepomuceno, “hería” la moneda marcándola a la altura de la “H” de Sánchez. Toribio, sustituyó un círculo por una estrella, estrategia que en realidad no le funcionó, pues le falsificaron una cantidad tan grande de monedas, que terminó en la quiebra.

Los tres empresarios saltillenses (Toribio, Nepomuceno y Pereira) tuvieron que realizar un depósito por 500 pesos al Cabildo, además de tener un aval para que cada uno pudiera troquelar 16 mil monedas, cada una de un cuarto de real, es decir una cuartilla.

Estas tres monedas saltillenses que empezaron a circular en 1812, funcionaron como medio de pago durante la lucha de nuestra Independencia, en el transcurso del Imperio de Iturbide, al establecerse la República y hasta la pérdida de Texas.

Esta es una historia de monedas, de cuartillas, de empresarios y de dinero que sucedió en esta hermosa Ciudad de Saltillo, cuando aún no era ciudad ni se llamaba Saltillo, sino era la Villa de Santiago del Saltillo.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx.

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