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La voz del General

Tras un año de redimir la vejación por la política presidencial de “abrazos, no balazos”, y en el marco de la visita del Fiscal General de Estados Unidos, William Barr, el jefe de la Sexta Zona Militar, Enrique Covarrubias, trazó la que en adelante será la respuesta de las fuerzas armadas al narcotráfico: “De presentarse un caso análogo o similar al de Villa Unión, solamente tendrá una garantía con dos vertientes: o son reducidos en caso de persistir en agredir a México con sus armas, o irán a una prisión por un periodo no menor a 50 o 90 años por los delitos cometidos” (El Norte, 06.12.19).

La actitud de Covarrubias confirma la tesis planteada en la columna del martes según la cual el Gobierno de AMLO, presionado por Estados Unidos, giró la política pacifista hacia la guerra sin cuartel contra los traficantes de drogas, armas y personas. El argumento de Trump es que representan una amenaza para la seguridad de su país. Mientras en Ciudad de México AMLO ofrecía a Barr mayor cooperación a cambio de no aplicar la Ley Antiterrorista a los cárteles mexicanos, a 60 kilómetros de la frontera Covarrubias advertía sobre lo ocurrido en Villa Unión: representó “una flagrante violación al estado de derecho con presuntos delincuentes que apuntaron sus armas y dispararon en contra de nuestro pueblo”.

Tales actos –previno– no se permitirán en el futuro. ¿Entonces quedaron atrás los abrazos y las humillaciones que provocaron la crítica del general en retiro Carlos Demetrio Gaytán a AMLO por ordenar la liberación del narco Ovidio Guzmán? A juzgar por las declaraciones de Covarrubias en Villa Unión, donde inició un plan para reforzar la seguridad en la frontera de Coahuila junto con el gobernador Miguel Riquelme, el Ejército dejará de poner la otra mejilla y de bajar la cabeza ante los criminales. “Y si están usando armas de alto calibre, el Estado Mexicano responderá en la proporción necesaria en estricto acatamiento a la ley nacional en el uso de fuerza”. Un mentís al comandante supremo de las Fuerzas Armadas, dócil en casa, pero obsecuente a los dictados de Washington.

Alejandro Madrazo, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), puso en tela de juicio desde un principio la política de “abrazos, no balazos”, por ser “las simulaciones y las mentiras” una de las constantes de la clase política. Criticó a AMLO por transferir la legitimidad democrática lograda en las urnas “a un Ejército que no rinde cuentas de los muertos desde hace cuatro años, de cuánta gente ha matado en las calles (…) tenemos un Ejército sin controles de las instituciones. (…) si de veras quiere que sigamos creyendo que son distintos tienen que actuar distinto (…) y ahorita están actuando exactamente igual que (como) los priistas hace un año”. (Aristegui Noticias, 18.12.18)

Después de un año tan cruento como los peores de Felipe Calderón y Peña Nieto, la aparente luna de miel de la cuarta transformación con la delincuencia organizada llegó a su fin. En Coahuila, los abrazos se respondieron con fogonazos. La paloma de la paz se alejó por el estruendo. Por cada 10 mexicanos, arriba de seis califican la estrategia amlista como un fracaso y ven a los cárteles con mayor fuerza que el Gobierno; más de cuatro piden combatir fuego con fuego (Reforma, 01.12.19). Pero solo una voz bastó para que AMLO reaccionara: la de Trump. La amenaza de imponer la Ley Antiterrorista dobló a la 4T.

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