EI otro día, después de un regaño, mi hija me dijo algo que me dejó sorprendida: «Estoy aprendiendo a controlar mis emociones».
Seis años. Seis años y ya tiene ese lenguaje.
LEE MÁS DE LA AUTORA EVA FARÍAS
Quizá no lo entiende del todo, o no alcanza a dimensionar lo que implica, pero lo nombra. Lo reconoce. Lo distingue. Y eso es enorme.
Muchos de nosotros crecimos sin esas palabras. Sin esa claridad. Sin saber que lo que sentíamos tenía nombre, que podía hablarse, que podía entenderse.
Crecimos aprendiendo a aguantar, a callar, a seguir. A veces sin saber qué hacer con lo que pasaba adentro.
Y de pronto, una niña te lo dice así, con esa naturalidad, como si fuera lo más lógico del mundo.
Estoy aprendiendo. Enendí que nuestros hijos están creciendo en un contexto distinto. Un contexto donde la salud mental ya no es un tema lejano o incómodo, sino una conversación que, afortunadamente, empieza desde temprano, que se nombra, que se pone sobre la mesa.
Hoy incluso vemos cómo, desde lo público, este tema ha comenzado a ocupar un lugar importante.
Instituciones, tanto municipales como estatales, han puesto sobre la mesa la necesidad de atender la salud mental, generando espacios, programas y atención accesible para la gente.
Es un paso relevante. Porque durante mucho tiempo este fue un tema ausente en la agenda pública.
Pero también entendí que no basta con que tengan el lenguaje. Necesitan ver cómo se vive. Porque aprender a controlar las emociones no es dejar de sentir.
No es portarse bien todo el tiempo. No es no enojarse, no frustrarse, no orar. Es entender lo que pasa adentro. Es poder detenerse.
Es reconocer lo que uno siente sin miedo. Es aprender, poco a poco, a no desbordarse ni a reprimirse.
Y eso no se enseña solo con palabras. Se enseña con el ejemplo. Con cómo reaccionamos nosotros cuando estamos cansados. Con cómo manejamos el estrés. Con cómo resolvemos los momentos difíciles.
Con cómo pedimos perdón. Con cómo nos hablamos a nosotros mismos.
Ese día, después de que me dijo eso, me quedé pensando en todo lo que también estoy aprendiendo ya. En lo agradecida que estoy por la terapia. Porque ser mamá no es solo enseñar.
Ser mamá te pone frente a un espejo. Es revisarte. Es cuestionarte. Es darte cuenta de que, mientras ellos crecen, tú también tienes que hacerlo. No desde la perfección, sino desde la conciencia.
Mi hija dice que está aprendiendo a controlar sus emociones. Y yo, honestamente, también.
Porque al final, lo que heredamos no son solo valores o costumbres. Heredamos formas de sentir, de reaccionar, de enfrentar la vida.
Y tal vez hoy, por primera vez en mucho tiempo, tenemos la oportunidad de cambiar esa herencia.

EVA FARÍAS
Eva Farias es periodista, comunicadora y narradora de historias con más de 15 años de experiencia. Su voz se distingue por unir lo personal con lo colectivo, con una mirada cercana, crítica y profundamente humana.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
MÁS EDITORIALES, ARTÍCULOS Y REFLEXIONES EN ASÍ DICE