El celo democrático de Estados Unidos se apagó en la elección fraudulenta de Carlos
Salinas de Gortari, quien abrazó el credo neoliberal del presidente Ronald Reagan. EI Tratado de Libre Comercio, firmado en 1992, no sólo abrió las fronteras a mercancías y manufacturas, sino también a las drogas.
La élite del poder allende el Bravo pasó por alto la corrupción, la violencia y la infiltración de los cárteles en el Gobierno salinista. Con el mismo pretexto de la estabilidad geopolítica, Washington reconoció precipitadamente el triunfo «abierto, democrático y honesto» de Felipe Calderón, mientras el país bullía en protestas por el atropello contra el candidato de izquierdas Andrés Manuel López Obrador.
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Estados Unidos calló también frente a las masacres y las violaciones a los derechos humanos durante la guerra calderonista contra el narcotráfico, la cual apoyó a través de la Iniciativa Mérida.
La venalidad y las desapariciones forzadas en el sexenio de Enrique Peña Nieto tampoco conmovieron a la clase política estadunidense. Las reformas en los sectores de energía y telecomunicaciones le valieron a Peña el efímero título de «Salvador de México».
¿La DEA y la CIA ignoraban acaso que el principal responsable de la seguridad pública del país, Genaro García Luna, recibía sobornos del cártel de Sinaloa a cambio de protección? El funcionario colaboró en las administraciones de Salinas de Gortari, Vicente Fox y Calderón, y lo hizo también con el Gobierno de Estados Unidos, cuyo favor quiso ganarse. El premio que recibió fueron 38 años de prisión.
Los abogados del exsecretario de Seguridad Pública solicitaron un nuevo juicio, basados en documentos judiciales según los cuales «García Luna se reunió con altos diplomáticos estadunidenses, oficiales de la ley y el orden así como funcionarios de inteligencia en más de 180 ocasiones entre 2007 y 2012, un periodo en el que, según determinó un jurado de Nueva York, estuvo cometiendo delitos de carácter federal», dice una nota de Alan Feuer publicada en The New York Times el 15 de diciembre de 2023.
El texto advierte, de acuerdo con la información, que el entonces secretario de Seguridad Pública «se reunió en 24 ocasiones con embajadores de Estados Unidos, ocho veces con el fiscal general, 15 veces con funcionarios de la CIA y casi 50 con la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), en su mayoría con el director general de la agencia.
Tanto la DEA como la CIA llevaron a cabo minuciosas investigaciones de antecedentes de García e integrantes de su personal sin encontrar pruebas de corrupción. «El señor García Luna y su equipo fueron ampliamente investigados y eximidos de cualquier irregularidad por el Gobierno de Estados Unidos», escribió César de Castro, al abogado.
El «superpolicía» de Calderón seguirá entre rejas, pues el juez de la Corte del Distrito Este de Nueva York, Brian Cogan, denegó la petición de un nuevo juicio. Cogan fue quien sentenció a 38 años a García Luna por aceptar sobornos millonarios del líder del cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán.
Cuando «el Chapo» se fugó por primera vez, recién iniciada la gestión de Vicente Fox, García Luna era parte del equipo de inteligencia de la Policía Federal Preventiva.
Estados Unidos «legitima» gobiernos surgidos de elecciones antidemocráticas, pero cuando se trata de dar un escarmiento saca el garrote y se tapa las narices. El secretario de Estado Henry Kissinger lo resumía así: «No tenemos aliados eternos ni enemigos perpetuos, sólo intereses».
El interés de hoy, como el de ayer, consiste en debilitar a la izquierda sin importar que sus gobiernos sean legítimos.

Gerardo Hernández
GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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