El día de ayer, con el nombramiento oficial de Miguel Riquelme Solís como presidente municipal de Torreón, quedó formalmente sellada una alianza estratégica entre Manolo Jiménez Salinas, gobernador de Coahuila, y Miguel. Oficialmente, quedó consolidada la alianza de “la doble M”.
Sus efectos trascienden el relevo en la alcaldía. Este entendimiento tendrá repercusiones en la vida política de la Comarca Lagunera y, sobre todo, en la disputa por la gubernatura de Coahuila en 2029.
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Se trata de una relación distinta a la que existió con el finado Román Cepeda. Aquella nació como respuesta a un conflicto político; tuvo un alcance territorial limitado a Torreón y un horizonte relativamente claro: conducir a Román hacia una candidatura a diputado federal en 2027.
La alianza de “la doble M” responde a una lógica diferente. No es producto de la coyuntura ni de la necesidad inmediata. Es resultado de un entendimiento político construido desde 2018, cuando Miguel impulsó el posicionamiento de Manolo rumbo a la gubernatura. Primero, desde la presidencia municipal de Saltillo (2018-2021) y, posteriormente, como secretario de Inclusión y Desarrollo Social (2022-2023), etapa en la cual Jiménez Salinas puso en marcha la estrategia Mejora Coahuila.
Por ello, sus alcances tampoco se circunscriben a Torreón. Desde una perspectiva político-electoral, la alianza abarca toda la Región Laguna, donde ambos liderazgos buscarán consolidar una estructura política con capacidad para sostener los procesos electorales de los próximos años.
Pero el acuerdo tampoco concluye en 2027. Miguel Riquelme tiene amplias posibilidades de convertirse en el candidato del PRI a la presidencia municipal de Torreón en 2027. De confirmarse ese escenario, recaería también sobre él la responsabilidad de entregar una victoria amplia en la elección para gobernador de 2029 en el conjunto de los municipios laguneros.
Con los tiempos políticos encima, una candidatura de Miguel para 2027, respaldada por el gobernador y por su partido, evitaría divisiones internas, reduciría los costos de una competencia anticipada y permitiría concentrar los esfuerzos en la organización electoral. Hoy por hoy, difícilmente existe otro actor político en Torreón que reúna, al mismo tiempo, la experiencia administrativa, el conocimiento electoral y el nivel de confianza que mantiene con Manolo Jiménez.
La lógica del gobernador parece responder a una visión eminentemente pragmática. Asegurar la estabilidad política de Coahuila durante el resto de su administración le permitiría proyectarse, más adelante, como un referente nacional sustentado en indicadores concretos: inversión y empleo, seguridad pública, gobernabilidad política y resultados electorales.
Dentro de ese diseño, la región Laguna quedaría bajo el liderazgo de Miguel Riquelme hasta 2029. Paralelamente, Javier Díaz consolidaría la Sureste; Carlos Villarreal fortalecería la zona Centro-desierto; y Laura Jiménez Gutiérrez mantendría la presencia priista en la Carbonífera mediante una eventual reelección.
Sólo quedaría un frente por consolidar: Piedras Negras. Hacia ese municipio parecen dirigirse ahora los esfuerzos políticos del PRI estatal, con el doble propósito de recuperar la plaza y contener cualquier aspiración de su alcalde, Jacobo Rodríguez, de competir por la gubernatura dentro de tres años.
El mensaje político del gobernador es sencillo, pero contundente: mientras otros siguen atrapados en el debate cotidiano y en las disputas internas, el grupo gobernante ya diseña el mapa electoral de 2027 y comienza a colocar las piezas para 2029.
La alianza de “la doble M” representa, en ese sentido, mucho más que un relevo en la presidencia municipal de Torreón. Es la columna vertebral de la estrategia política del gobernador. Una apuesta cimentada en la confianza personal, la complementariedad política y la convicción de que los próximos tres años se ganan desde ahora.
La historia, además, ofrece una imagen difícil de ignorar: hace algunos años Miguel abrió camino para que Manolo llegara al Gobierno del Estado. Hoy, ya como gobernador, es Manolo quien abre el camino para que Miguel regrese a gobernar Torreón. En política, pocas veces las alianzas son casualidad; casi siempre son la continuidad de una historia compartida.
Hoy la alianza de “la doble M” en Coahuila es el ejemplo.

Luis García Abusaíd
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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