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Imperativo moral

El neoliberalismo elevó la concentración de la riqueza a grados obscenos y grotescos y disparó la pobreza a niveles infames. Édgar London escribe sobre el tema en la nueva edición de Espacio 4.

«La riqueza nunca había estado tan concentrada como ahora. Millones de personas afrontan dificultades para acceder a una vivienda digna, a servicios de salud y a empleos bien remunerados; al mismo tiempo, las fortunas más grandes crecen a un ritmo acelerado. El fenómeno encendió ya las alarmas en Gobiernos, organismos internacionales y centros de investigación económica. El tema, que durante décadas se mantuvo confinado en círculos académicos y movimientos sociales, ocupa espacios cada vez mayores en la agenda de las principales economías del mundo. Gravar a los superricos se ha convertido en un imperativo moral y político.

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«No se trata de una pulsión ideológico o de una coyuntura específica, sino de una realidad dificil de ignorar; la brecha social es cada vez más profunda. Los avances tecnológicos, la globalización financiera y la creciente valorización de activos -como acciones, propiedades y participaciones empresariales- impulsan la acaparación de la riqueza. El fenómeno no es privativo de una región: afecta lo mismo a Estados Unidos y Europa, que a América Latina, Asia y buena parte de las economías emergentes.

«Las cifras son irrefutables. Entre 2015 y 2025, el 1% de la población sumó a sus arcas casi 34 billones de dólares extras, de acuerdo con Oxfam, movimiento global cuyo objetivo es erradicar la pobreza, la desigualdad y la injusticia social. Por su parte, el Informe sobre la Desigualdad Mundial señala que tres cuartas partes de la riqueza global está en manos del 10% más rico, mientras que la mitad de la población más pobre posee apenas una fracción. Paralelamente, el patrimonio de los multimillonarios alcanza máximos históricos; las crisis económicas y la incertidumbre internacional no les afectan.

«El debate público cambia gradualmente. La idea de que gravar las grandes fortunas desalentaría la inversión, frenaría la innovación y provocaría la fuga de capitales, ha quedado rebasada. Frente a la desigualdad, los economistas reformulan la tesis: ¿qué pasa cuando la concentración de la riqueza alcanza niveles que pueden influir no sólo en la economía, sino también en la política, los medios de comunicación y la competencia empresarial?

«Esta preocupación no es exclusiva de organizaciones sociales. Gobiernos de distintas ideológicas enfrentan presiones para responder la demanda creciente de infraestructura, educación, salud, pensiones y transición energética. Simultáneamente, el margen para aumentar impuestos al consumo y a los ingresos medios es cada vez más reducido, razón por la cual el debate ya no es sólo entre académicos, organizaciones civiles y movimientos sociales.

«Líderes políticos, organismos multilaterales y varias de las economías más avanzadas participan ya en la discusión de mecanismos que graven la riqueza extrema. El impuesto a las grandes fortunas ha dejado de ser una teoría; algunos países aplican gravámenes patrimoniales; otros ensayan contribuciones extraordinarias у también existen iniciativas globales para mejorar la recaudación.

«Simplificada como «impuesto a los ricos’, la propuesta que gana terreno en los foros internacionales es más amplia y específica.


Esta no sólo busca gravar las rentas elevadas, sino también la riqueza acumulada. La diferencia es importante: un trabajador, profesionista o empresario paga según sus ingresos anuales.

En contraste, buena parte de las fortunas modernas crece mediante la valorización de activos financieros, participaciones empresariales, inmuebles o inversiones. Dichos activos pueden aumentar su valor con el tiempo sin generar necesariamente ingresos sujetos a tributación inmediata.

Por ello, diversos economistas sostienen que los sistemas fiscales actuales gravan con relativa eficacia el trabajo, pero no el crecimiento patrimonial de las personas más acaudaladas».

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Gerardo Hernández

GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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