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Fiesta democrática y anomia social

Más de 51% de participación del padrón electoral en las urnas es toda una hazaña del pueblo de la entidad de Coahuila, sobre todo por que las recientes elecciones fueron intermedias para elegir al Congreso local e históricamente las personas que acudían a las urnas se ubicaban en máximo 40%, lo cual se asumía como el voto duro o cautivo de los Partidos Políticos. Se afirma que el 7 de junio pasado se vivió una “fiesta democrática”.

Ante la euforia del “carro completo” priista, la derecha no menciona los detalles y el fondo de los hechos.

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Para el caso de decisiones individuales, el filósofo y sociólogo francés Emile Durkheim (1858-1917) planteó que, cuando las normas éticas -y/o morales según la sociedad específica- se debilitan y se hacen costumbre prácticas contra el sentido común y sana convivencia, los valores humanos pierden vigencia y, poco a poco, se toleran decisiones individuales y colectivas que contravienen la justicia, la verdad y la libertad.

Es decir, que se puede construir una cultura de mentira, simulación e injusticia aceptada por las mayorías, hábitos nocivos que se asumen como cotidianidad. Desde otra perspectiva, para el italiano Antonio Gramsci (1891-1937) este comportamiento social es hegemonía de sumisión ideológica y cultural

Para demostrar que en Coahuila se “puede vencer a la 4T” se operó una “maquinaria bien aceitada”. Dádivas populistas y selectivas a través de comités seccionales en colonias de clases bajas y media, con mercancías más que derechos constitucionales individuales y colectivos (cartones de huevo, botes de pintura, despensas, etcétera), “el Partido que dé más”, práctica para el voto cautivo, lo cual no resuelve problemáticas permanentes de familias y comunidades.

Sofisticado control y comprobación con fotografía digital de la boleta electoral e, inclusive, tecnología de QR.

La oposición sostiene que va desde 300 a 500 pesos el pago por voto y costo total al erario desde 270 hasta 350 millones de pesos.

Generación tras generación, después de décadas de estas prácticas, en la entidad se generó una cultura de elecciones de Estado, donde la estructura política y burocrática por obligación- se encuentra al servicio del Partido hegemónico, incluidas las instituciones de educación superior.

Con más de 51% para el PRI (16 de 16 curules, más plurinominales) y cerca de 23% para el segundo lugar el resultado es arrollador. Entonces “sí se puede derrotar a Morena” afirma la dirigencia nacional priista, como oferta para recuperar la alianza de derecha en las elecciones federales y estatales del próximo año 2027 y 2030 ¿con similar operación y cuantiosas aportaciones de la oligarquía?

Se afirma que la sociedad coahuilense votó por la tradición “que pesa mucho”, inclusive como agradecimiento al casi centenario régimen político estatal. Deterioro moral cultural, porque, con escaza difusión informativa, las irregularidades en la jornada se asumen como normalidad.

Se magnifican resultados de gobierno, como la seguridad modelo para el país ¿y porqué se distribuyen drogas y los centros privados de rehabilitación están rebasados en su capacidad y limitada atención pública?

Otros cuestionamientos: varias reestructuraciones de deuda pública con saldo ascendente (37 mil millones de pesos); planeación urbana insuficiente; opacidad en asignación de escaza obra pública; deficientes sistemas de drenaje pluvial; graves problemas de movilidad en grandes ciudades de la entidad, sobre todo la capital; transporte corporativo deficiente y sin transparencia; calles repletas de baches y banquetas deterioradas; altos costos en permisos vehiculares; plazas públicas sin mantenimiento permanente; aumento de pandillas juveniles; ausencia de convenios federales para programas sociales y de infraestructura; entre otros.

La dirigencia del Partido Acción Nacional justifica su derrota y la explica por “logros y avances” del gobierno estatal, pero no denuncia distorsiones ni delitos electorales, porque ahora carece de aquella combatividad con valores cristianos que antaño le caracterizaba.

El concepto “anomia social” puede aplicar e interpretar este caso específico. Democracia participativa -no sólo representativa- es transparencia electoral, es tomar conciencia del compromiso de coordinación y colaboración gobierno-sociedad para construir el desarrollo integral, sin comprar conciencias, sin fiestas de dinosaurios.

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JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ LARA

Economista

 

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Este texto es responsabilidad total, única y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx