El Mundial de futbol mostró sin pudor las dos caras del capitalismo salvaje. De un lado, selecciones multirraciales celebradas como modelo de negocio y ejemplo de integración desprejuiciada.
Fuera de los estadios: rechazo y satanización del extranjero en su principal bastión, Estados Unidos, cuyas políticas antiinmigrantes inhumanas aplica la mayoría de los países de Europa. George Orwell aborda esta igualdad diferenciada en La rebelión en la granja. Los jugadores de élite de color distinto a los de casa forman parte de la misma maquinaria mercantilista por antonomasia.
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En cambio, las legiones de migrantes que cruzan las fronteras sin papeles, y cuyo trabajo contribuye al bienestar y al crecimiento de las economías de las potencias, en la era de Donald Trump son vistos y tratados como subhumanos y amenazas a los que se debe eliminar sin miramientos.
La Copa FIFA se diseñó para el jet set y para las élites, no para la gente de a pie. La inmensa mayoría siguió los partidos en sus hogares, en las plazas y en otros centros de reunión. Deporte de profunda raíz popular, el futbol fue secuestrado y convertido por las grandes corporaciones en mina de oro, en espectáculo y en pasarela.
También lo usan para controlar a las masas, presionar a los gobiernos y enriquecer a una multinacional sin escrúpulos como la FIFA.
Nadie asiste a los estadios a punta de pistola ni paga contra su voluntad entradas y precios estratosféricos por alimentos y bebidas. Sin embargo, la incuria y complicidad de las autoridades son campo fértil para los abusos.
En lo concerniente al juego, mientras el futbol sea manejado por las televisoras y los intereses políticos, la Selección Nacional, por mucho que mejore y entusiasme, estará lejos de ser una potencia internacional. ¿Qué pueden aportarle a un deporte quienes no lo conocen?
Antes de ser presidente de la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut), Mikel Arriola sólo había jugado en la cancha de la política.
En el sexenio de Enrique Peña Nieto se desempeñó como titular de la Comisión
Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y director del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
En los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón colaboró en la Financiera Rural y en la Secretaría de Hacienda. El PRI lo postuló en 2018 para la jefatura de Gobierno de Ciudad de México, donde Claudia Sheinbaum (Morena) lo «goleó» con el 47% de los votos. Alejandra Barrales (PRD) ocupó el segundo lugar con el 31%, y Arriola el tercero con apenas el 12 por ciento.
Decio de María Serrano también pasó de la banca política a la presidencia de la Femexfut.
En 2015 sustituyó a Justino Compeán después de haber sido funcionario del Banco de
México, subsecretario de Comercio y Fomento Industrial y secretario general de la Organización de Telecomunicaciones Iberoamericanas (OTI).
El entonces director técnico de la selección, Miguel Herrera, lo recibió así: «Si viene alguien como Decio, bienvenido sea. Ahora habrá que presentarle resultados, porque ningún directivo te mantiene por tu linda carita».
El primer logro de Herrera consistió en ganar la Copa de Oro, pero en medio de la celebración fue despedido por protagonizar un escándalo en el aeropuerto de Filadelfia, donde supuestamente agredió al comentarista de televisión Christian Martinoli.
Para tener un futbol competitivo, el público debe ser más exigente con la Federación, no quedarse en el aplauso y cambiar el lema del dudoso «¿Y si sí?» por un contundente e incontestable «¿Ahora sí?».

Gerardo Hernández
GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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