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Crueldad animal y empatía

Saltillo arrancó la semana con un video difundido este lunes que mostró a un perro siendo arrastrado por una camioneta mientras permanecía atado.

En las imágenes, grabadas por vecinos, también se observa cómo limpian la sangre que había quedado en la cochera del domicilio.

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No hace falta describir más. Muchos vimos el video o, al menos, escuchamos hablar de él. La indignación fue inmediata. Y tenía que serio. Nada justifica un acto de crueldad de esa naturaleza.

Las autoridades deberán investigar los hechos y, de acreditarse responsabilidades, aplicar la Ley. Ese es el camino correcto.

Pero la conversación no debería quedarse únicamente en exigir un castigo. Eso es indispensable, aunque no suficiente.

Este caso nos obliga a hacernos preguntas más profundas.

Quienes hemos compartido la vida con un animal sabemos que nunca es «solo una mascota». Forma parte de la familia.

Nos acompaña, nos espera y ocupa un lugar imposible de reemplazar.

Quizá por eso este caso indignó tanto. Porque vimos a un ser vivo sufriendo a manos de quienes tenian la responsabilidad de protegerio.

¿Qué sucede cuando alguien es capaz de ejercer violencia contra un ser que depende completamente de él? ¿En qué momento se pierde la empatía?

Durante muchos años el maltrato animal fue minimizado. Hoy entendemos que los animales son seres sintientes y que la crueldad contra ellos no puede tratarse como un asunto menor.

Coahuila ha dado pasos importantes en esa dirección. Hace apenas unos días conocimos el caso de una persona localizada en otro estado y trasladada para enfrentar un proceso por presunto maltrato animal.

Es una señal de que estas conductas ya no pueden quedar impunes. Pero las leyes, por si solas, nunca serán suficientes.

La Ley puede castigar una conducta. La empatía, en cambio, no se impone por decreto. Se aprende en casa y se fortalece con el ejemplo.

La forma en que tratamos a los seres más vulnerables habla de quiénes somos como sociedad.

Quien es indiferente frente al sufrimiento de un animal corre el riesgo de normalizar otras formas de violencia.

Porque la verdadera humanidad no se mide por la forma en que tratamos a quienes tienen poder, sino por la manera en que protegemos a quienes no tienen voz.

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EVA FARÍAS

Eva Farias es periodista, comunicadora y narradora de historias con más de 15 años de experiencia. Su voz se distingue por unir lo personal con lo colectivo, con una mirada cercana, crítica y profundamente humana.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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