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¡Que vuelvan los Toros!

Hace días entrevisté al bigotón Armando Guadiana Tijerina, quien subió un video desde el interior de la Plaza de Toros “Armillita”, que lleva el nombre del maestro de Saltillo nacido en el barrio del Águila de Oro, en la calle de Guerrero, cerca del templo de San Francisco, a unas cuadras donde se aposentaba la antigua plaza de toros.

El maestro “Armillita” puso el nombre de Saltillo en alto, aun su descendencia sigue poniéndolo, ahora es su tataranieto Armillita IV. En la entrevista que le hice a Guadiana Tijerina platicamos de éste y otros temas, ahí en su oficina en la Colonia República.

El empresario taurino enfatizó sobre el tema de los toros que “más allá de los colores, los diputados deben permitir que vuelva la “Fiesta Brava” a Coahuila”. Guadiana no es un novato en estos temas, ni un desconocido en menesteres de arte y cultura. En la misma entrevista evocó a Joaquín Sabina, José Ortega y Gasset, Ernest Hemingway y Pancho Barraza. Está convencido el bigotón que la fiesta volverá.

Mi pasión por los toros me la heredó mi padre, Simón Alvizo, él en su juventud fue a ver lidiar en diferentes ruedos de la capital, al maestro Armillita, la última de ellas fue en su despedida, alternó con Lorenzo Garza el “Ave de las tempestades” y Silverio Pérez “El Faraón de Texcoco”, hermano del también torero Carmelo Pérez”. 

Aún recuerdo con calidad HD esa tarde que papá me llevó a ver al Glison, el torero que vino del mar, en la Feria de Saltillo. “Eran las 5 de la tarde” como en el poema de “Llanto por la Muerte de Ignacio Sánchez Mejías” del poeta andaluz García Lorca.

“Eran las 5 de la tarde” cuando tomamos la Ruta 2B San Ángel, que pasaba por la calle de Ateneo, nos enfilamos a la plaza de toros y mi padre compró dos boletos de sol. “Eran las 5 de la tarde” y en esa época era a lo que podíamos acceder por el escaso dinero que teníamos.

Recuerdo que salió Jorge de Jesús “El Glison”, que antes de vestir de luces pintó su cara de colores como payaso de rodeo, jinete, charro, novillero hasta llegar a matador.

De ahí se convirtió en domador, empresario, poeta, columnista, jugador de futbol americano, conferencista de superación personal, es nuestra versión saltillense del Joe Exotic, de esa serie polémica de Netflix “Tiger King”, donde ensalzan las aventuras de la white trash norteamericana.

“Eran las 5 de la tarde”, el torero saltillense pidió una silla, se subió y comenzó con su espectáculo desde ahí, mientras que de fondo sonaban parches y metales entonando “Rosita Alvirez” aquél himno piporresco donde se canta la tragedia de una mujer que murió en un barrio de la capital por no querer bailar. Y seguían siendo las 5 de la tarde, porque en el toreo el tiempo se detiene, una aseveración poética que nutre a la fiesta.

La herencia que mi padre me dejó por el amor a la más hermosa de todas las fiestas sigue viva y trato de inculcársela a mi hijo, quien debido a la pandemia, no pudo conocer este año la  Monumental de Aguascalientes y su feria.

Sólo nos queda ver los toros por la TV y esperar que en Coahuila vuelvan a la vieja plaza que ahora pintan y remodelan. Verlos toros desde la barrera no convierte violentos a los niños como aseguran los animalistas, la violencia está presente todos los días en la calle, en el gobierno que permite el brote elevado de violencia y secuestros.

No digan tonterías animalistas, a sus movimientos los mueve el dinero y revanchas políticas. A los que gustamos de la fiesta, nos mueve una tradición, una herencia y un festejo que ha sobrevivido por siglos.

¡Qué vuelvan los toros a Coahuila! Que vuelvan las peleas de gallos también donde por cierto somos potencia nacional en crianza de aves de combate sobre todo allá por los 5 Manantiales.

Que esta sociedad nos dé el derecho de discernir, más nunca de prohibir.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx.

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