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Los males de la democracia

La votación por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) fue proporcional al hartazgo con la clase política, la corrupción, la impunidad y el incipiente bipartidismo presidencialista PRI-PAN, estrenado en 2000 luego de siete décadas de unipartidismo fáctico. Sin embargo, la decepción por el primer gobierno de izquierda, después del encabezado por Lázaro Cárdenas (1934-1940), podría ser igual o mayor debido a los errores acumulados en los 15 primeros meses de gestión. Lo que las oposiciones, los grupos de poder y los medios de comunicación no pudieron, el Covd-19 lo consiguió: poner contra a AMLO y a todos los líderes del mundo.

La realidad desenmascara la retórica presidencial y es más demoledora que cualquier columna política o análisis. ¿México está hoy mejor o peor que hace seis años? ¿Hay crecimiento económico? ¿Disminuyeron la pobreza y la criminalidad? La avalancha de críticas contra AMLO también es consecuencia de las expectativas incumplidas. Empero, para un juicio equilibrado, es preciso discernir entre los señalamientos derivados de una preocupación genuina por el país, los intereses afectados y los privilegios cancelados.

Quienes durante 12 años combatieron a AMLO y lo presentaron como «un peligro para México», hoy sacan el pecho y, sin decirlo, proclaman: «Se los dijimos». El AMLO de hoy es el mismo activista antisistema de la primera y segunda campañas; en la tercera, moderó el discurso y desde la Presidencia lo retomó con mayor enjundia. Los 30 millones de mexicanos que sufragaron por él no lo hicieron a ciegas. Sabían que no elegían a un estadista; a un tecnócrata doctorado en el extranjero como Salinas de Gortari; a un cachorro de la cleptocracia como Peña Nieto; ni a un joven con la agilidad mental y la elocuencia de Ricardo Anaya, sino al sexagenario populista que atacaba a las elites políticas y económicas, ofrecía un cambio radical, combatir la corrupción, ver primero por los pobres y sacudir al statu quo.

Circula en las redes sociales un video del debate del 20 de mayo de 2018, en Tijuana, en el cual Ricardo Anaya, de la coalición Por México al Frente, retrata a AMLO y advierte de su cortedad de miras: «El problema, Andrés Manuel, no es tu edad, en lo absoluto. El problema es que tus ideas son muy viejas. Has repetido durante todo el debate que la mejor política exterior es la interior. Pero no entiendes que lo que pasa fuera de México sí impacta a nuestro país».

El panista fue profético, pero no persuadió, pues formaba parte de un sistema agotado, putrefacto, y de una generación conocedora del primer mundo, pero no de la realidad de su país. «Cuando empezó, por ejemplo, la crisis económica iniciada en Estados Unidos en 2008-2009 -dijo el candidato de derecha-, aquí en México se perdieron medio millón de empleos. Sé que mucha gente dice que cómo, si no hablas inglés, aspiras a ser presidente de México. Tampoco me parece en lo absoluto un problema que no entiendas inglés. El problema, Andrés Manuel, es que no entiendes el mundo; ese sí es un problema».

Anaya ganó los tres debates, pero perdió las elecciones por un margen de 17.5 millones de votos. López Obrador contestó siempre con evasivas y medias verdades, basado más en el instinto y el voluntarismo que la realidad. Aun así, la inmensa mayoría lo apoyó en las urnas. Los ciudadanos le dieron la espalda al establishment y ejercieron su derecho a equivocarse, lo cual hoy muchos lamentan. Para estos casos, Alfred Smith tiene la receta: «Todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia».

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx.

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