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Lo que pesa en Valle del Nazas

No estuve ahí cuando pasó. Me enteré después, cuando nuestra promotora llegó con los ojos cansados y la voz quebrada, como si hubiera cargado algo más pesado que una historia.

Me dijo que aquella mañana, en la Colonia Valle del Nazas, una familia de ocho personas la buscó. No para pedir orientación, ni para aclarar dudas.

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La buscaron para pedirle algo que a ella le dolió más de lo que quiso admitir.

Le dijeron que si nosotros les dábamos doscientos pesos por persona, votarían por nosotros.

Que eso —según ellos— ya se los había ofrecido otro partido. Que solo querían “lo mismo”.

Y nuestra promotora, con esa mezcla de dignidad y tristeza que solo tienen quienes han visto demasiado, les dijo que no.

No con enojo. No con juicio. Solo con esa firmeza suave que nace cuando uno sabe que hay líneas que no se cruzan.

Ellos se fueron. Votaron. Y luego fueron a cobrar.

Pero en la casa donde esperaban dinero no encontraron al hombre que les prometió los doscientos pesos.

Ese ya se había ido. Se desvaneció como se desvanece la gente que nunca tuvo intención de quedarse. En su lugar, encontraron a la Fiscalía Electoral.

Y ahí, en ese instante, la historia dejó de ser un malentendido y se volvió un problema. Un problema real.

Un problema que no se arregla con disculpas ni con explicaciones.

La señora —la misma que en la mañana pedía dinero— ahora estaba asustada. No por el dinero perdido, sino por lo que había ganado sin querer: miedo, culpa, vergüenza.

Y lo más duro, lo más humano, lo más triste, es que ahora busca ayuda.

No del que le prometió el dinero. No del que la metió en el lío. Sino de nuestra promotora, la única que le dijo la verdad desde el principio.

Cuando me lo contó, vi en sus ojos algo que no era enojo. Era compasión. Esa compasión que nace cuando entiendes que la gente no siempre elige desde la maldad,
sino desde la necesidad, desde la desesperación, desde el cansancio.

Y mientras la escuchaba, sentí un nudo en la garganta. Porque esta historia no es sobre política.

Es sobre lo que pesa. Sobre lo que duele. Sobre lo que la pobreza obliga a considerar. Sobre cómo un acto pequeño puede abrir una puerta enorme. Sobre cómo la vida, en lugares como Valle del Nazas, no perdona la ingenuidad.

El que prometió el dinero desapareció.

La señora quedó sola.

Y nosotros, que no dimos un peso, ahora tenemos que dar humanidad.

Y así es como entendí que en estas colonias, el voto no es lo que se vende. Lo que se vende —sin saberlo— es la tranquilidad.

Y recuperarla cuesta mucho más que doscientos pesos.

Comentarios
Jaime Martínez Veloz

Luchador social, politólogo, incómodo al poder, ex legislador.Presidente del Centro de Estudios y Proyectos para la Frontera Norte “Ing. Heberto Castillo Martínez”.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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