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Las elecciones de 2021 en Nuevo León (3/3)

Los grupos partidistas prefieren mantener sus actuales feudos que intentar ganar la Gubernatura de Nuevo León con un candidato fuerte que puede desplazarlos de estos.

En las dos anteriores entregas he señalado que las elecciones del próximo año en el estado serán especiales por el activismo presidencial, cuyas características señalé en el primero de estos artículos y dos de cuyos aspectos ya se han dejado notar en las últimas dos semanas, y por el desencanto de los ciudadanos ante un gobierno independiente que despertó expectativas muy elevadas que no se realizaron, sobre todo en el ámbito del combate a la corrupción del sexenio anterior.

Hoy analizaremos la toma de nota que hicieron los partidos con respecto a lo importante y benéfico que es para ellos que el Gobernador no cuente con una fortaleza tal que les impida a los líderes de estos mantener sus cuotas de poder.

Durante las elecciones de 2015 los partidos políticos enfrentaron serios problemas, en el caso del PRI, algunos grupos se mostraron descontentos con lo que consideraban la hegemonía del grupo político liderado por el exgobernador Natividad González Parás, al que acusaban de haber usufructuado el poder, al interior del PRI, durante 18 años sin ofrecer espacio al resto de los grupos.

La reacción fue que, quienes se sintieron agraviados no apoyaron a la candidata de ese partido, Ivonne Álvarez, y sus estructuras electorales las pusieron al servicio de otras opciones, eso sí, reservando sus cotos de poder para sí y sus aliados.

Pese a todo, en el PRI los grupos contrarios al del exgobernador González Parás, no pudieron convertir la derrota de su partido en una victoria propia y convertirse en hegemónicos hacia el interior de este partido.

Varios exmilitantes priistas han intentado desplazar al grupo de González Parás sin mucho éxito y han acabado por abandonar ese partido.

Algo similar ocurrió en el PAN. Durante muchos años la llamada “cúpula” de ese partido mantuvo un férreo control de las candidaturas y de las estrategias electorales, más tendientes a mostrarse como un partido con una ideología y una postura “moral” ante la política, que como un partido en busca de triunfos electorales.

Luego del triunfo de Fernando Canales Clariond en las elecciones de 1997, emergieron varios grupos que llegaron a controlar como propios algunos cotos, desde municipios hasta estructuras internas de ese partido y algunos segmentos de organismos autónomos y poderes como el Judicial.

Cuando todo aparentaba que Margarita Arellanes se haría con la candidatura de ese partido, su postura de no negociar con la llamada “nueva cúpula” y excluir a todos los demás grupos de las decisiones e intentar quedarse con todos los espacios de poder, le llevó a perder lo que ya consideraba suyo, siendo quizá, Felipe de Jesús Cantú el más sorprendido con el resultado de las votaciones internas.

Pero las cosas no quedaron ahí, en una elección en que el candidato independiente a la gubernatura arrasó con más del 50% de los votos, teniendo una ventaja de 2 a 1 frente a sus competidores del PRI y el PAN, se presentó una situación que al parecer no tenía contemplada el ganador.

Resultó que ese triunfo arrollador no se tradujo en una mayoría en el poder Legislativo, lo que lo convirtió en un gobernador que tuvo que negociar, un día sí y otro también, la mayoría de sus decisiones con los líderes parlamentarios, sí, del PRI y del PAN que, además mantuvieron más o menos intactos sus espacios de poder, excepto los grupos de Margarita Arellanes y Felipe de Jesús Cantú.

En el PRI, Monterrey y Guadalupe quedaron en manos de destacados medinistas, mismos que hoy están a punto de hacerse con las candidaturas a la gubernatura del estado y a la capital y mantienen un control de su partido y una importante fuerza de negociación en el Congreso local.

En síntesis, que los grupos partidistas del PRI y PAN aprendieron una lección importante: independientemente de que triunfen o no en su intento por alcanzar la gubernatura, quizá les sea más importante, y productivo, mantener sus espacios de poder para, desde ahí, negociar con el ganador, o mejor, controlarlo, más si ese ganador es un gobernante débil desde el punto de vista institucional.

Así que no creo que vayamos a ver candidatos que lleguen con mucho poder, excepto en el caso del PRI en donde el actual grupo puede mantener su hegemonía, a los partidos y sus poderes fácticos no les conviene.
Ah, sí, los ciudadanos pueden, podemos, pensar muchas cosas, pero la realidad ahí está.

jpalacios@mobilnews.mx

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx.

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Juan Palacios

JUAN PALACIOS es educador de profesión, periodista por vocación. Editorialista en La Moneda, ABC, El Porvenir y Radio Alegría, en Monterrey.