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Es duro ser ‘culichi’

Cuando se abre la oportunidad de llevar a juicio en Estados Unidos, nunca en México, a la pandilla de gobernantes y criminales que se adueñó del gobierno estatal, la decepción vuelve a visitar al culiacanense.

La parte menos comprendida en el resto de México sobre la captura de Culiacán por una alianza de gobernantes y criminales es la del culiacanense o “culichi”.

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La extensión de la red de complicidad tejida entre los narcotraficantes, el gobernador sinaloense y un grupo cerrado de autoridades estatales y municipales es una cárcel invisible para los ciudadanos.

No le piden nada los “culichis» a los ucranianos de Kiev, a los iraníes de Teherán o a los palestinos de Gaza en cuanto al nivel de violencia en el que viven.

La hermosa capital cruzada por varios ríos, abundante en vegetación y en la calidez de su gente es, en realidad, una especie de hacienda maldita en la que los caciques tienen poder de vida o muerte.

En toda la vida cotidiana, en cualquier lugar o momento, la palabra secreta es el “narco” como conjuro que impulsa todas las cosas.

En mi recuerdo, Culiacán es una ciudad hermosa que no merece ser el patio trasero de criminales y gobernantes coludidos.

Las muertes violentas de periodistas son testimonio de los esfuerzos vehementes de reporteros, fotógrafos y editores que dan la voz al culiacanense cautivo a riesgo de sus vidas.

Las personas desaparecidas son la estadística de la desesperación de quienes los buscan por su cuenta y atenidos a sus propios recursos, ante la indiferencia de las autoridades.

A pesar de todo, el visitante es bien recibido, se siente en casa y se lleva un recuerdo grato de sus días en Culiacán.

Admiro y respeto la resistencia de los “culichis» ante la adversidad en la que viven. No se doblan ante nada.

Cuando se abre la oportunidad de llevar a juicio en Estados Unidos, nunca en México, a la pandilla de gobernantes y criminales que se adueñó del gobierno estatal, la decepción vuelve a visitar al culiacanense.

¿Hasta dónde llega la complicidad entre gobernantes y narcotraficantes?

El caso de Sinaloa revela que la red de complicidades se extiende a nivel nacional.

Por ideología, cálculo político o simplemente ineptitud, el gobierno nacional morenista ha decidido proteger a la pandilla sinaloense ante las acusaciones formales del gobierno de Estados Unidos.

La incapacidad del presidente Sheinbaum de reaccionar rápidamente ante el anuncio de las acusaciones contra los gobernantes de Sinaloa la coloca en la incómoda posición de posible encubridora de criminales.

Al ver esto, pienso en Culiacán todo el tiempo.

¡Qué duro ser “culichi”! Es duro vivir bajo un gobernador impresentable y acusado directamente de complicidad con narcotraficantes.

En el parque de béisbol cuando juegan los Tomateros.

En el estadio de fútbol observando a los Dorados que alguna vez dirigió Diego Maradona (2018-2019).

En los restaurantes repletos de comensales saboreando los deliciosos mariscos del Pacífico.

En la forma intensa, atropellada y sabrosamente alegre de las conversaciones con los sinaloenses.

En la música de la tambora.

Siempre está el narco.

Otra ventana de oportunidad de acabar con los criminales enraizados en el gobierno estatal se está esfumando ante sus ojos. Sólo se percibe la complicidad general.

Mis respetos y empatía para ellos.

Es duro ser “culichi”.

Rogelio.rios60@gmail.com 


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ROGELIO RÍOS estudió Relaciones Internacionales y es periodista de opinión sobre México y el mundo. Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx