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El norte sabe lo que está en juego

La semana pasada escribía sobre el T-MEC como una especie de ancla para México. Un espacio de relativa estabilidad en medio de un pais donde comienzan a acumularse demasiadas tensiones al mismo tiempo.

Y quizá precisamente por eso, lo ocurrido este fin de semana debería preocuparnos especialmente en estados como Coahuila.

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Porque el tono del discurso presidencial cambió.

La presidenta Claudia Sheinbaum elevó el nivel de confrontación frente a Estados Unidos. Habló de presiones externas, de intentos de intervención, de injerencia extranjera y dejó sobre la mesa una narrativa que inevitablemente comienza a tensar la relación politica con el vecino más importante que tiene este país.

Y en el norte, cuando la relación con Estados Unidos comienza a tensarse, las alarmas se encienden distinto. Porque sabemos que esa relación no es lojana. Es cotidiana.

Como coahuilenses hemos construido nuestra estabilidad económica alrededor de una relación cercana con Texas y con Estados Unidos.

La industria automotriz, las cadenas de suministro, las exportaciones y mios de empleos dependen directamente de ello.

Por eso aquí cualquier tensión bilateral se siente rápido. Y se siente eventualmente en los hogares.

Mientras camino por Parque Centro aquí en Saltillo y observo la cantidad de extranjeros que recorren sus pasillos por las tardes, no puedo evitar pensar en lo profundamente integrada que está ya nuestra región a Norteamérica.

Ingenieros, directivos, técnicos especializados y familias enteras que hoy viven temporal o permanentemente en ciudades como Saltillo y Ramos Arizpe gracias a la dinámica económica que generó el tratado de libre comercio.

Y entonces aparece una pregunta inevitable: ¿qué pasaría si Estados Unidos decidiera no seguir adelante con el T-MEC?

Porque quizá lo más delicado de todo esto es que la narrativa de confrontación ya comenzó a traducirse en cambios institucionales concretos.

En el Pleno del Congreso se hizo la declaratoria de validez de la reforma constitucional que permite anular elecciones bajo el argumento de injerencia extranjera.

Y eso, visto desde el norte, inevitablemente genera inquietud. Particularmente porque el concepto de injerencia extranjera» quedó planteado de manera amplia y generalizada.

En Coahuila esa frase se interpreta distinto
Porque cuando aqui escuchamos hablar de injorencia extranjera no pensamos solamente en intervención política.
Pensamos en la enorme integración económica, industrial y humana que existe todos los dias entre esta región y Estados Unidos.

Pienso en las plantas automotrices. En las inversiones. En las empresas proveedoras. En toda la gente extranjera que hoy trabaja y vive en nuestra región gracias al libre comercio.

Por eso preocupa profundamente que México entre en una etapa de confrontación politica justamente en medio de las renegociaciones y revisiones permanentes del T-MEC.

Porque el tratado depende de algo profundamente frágt: la confianza. Y el norte sabe perfectamente lo que está en juego.

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EVA FARÍAS

Eva Farias es periodista, comunicadora y narradora de historias con más de 15 años de experiencia. Su voz se distingue por unir lo personal con lo colectivo, con una mirada cercana, crítica y profundamente humana.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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