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El costo financiero ya rebasa el gasto en educación y salud

En México se está discute actualmente del déficit fiscal, del gasto público programable (el gasto que puede controlarse directamente) y de la necesidad de una reforma fiscal para elevar los ingresos públicos.

Sin embargo, no se discute del elevado costo financiero, o pago de intereses, por el endeudamiento del gobierno federal que ya rebasa el gasto público en educación y salud. 

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Según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en 2025 el gasto financiero fue de 1.3 billones de pesos, un incremento de casi 10% en términos anuales. Este gasto representa aproximadamente el 15% del gasto total.

En contraste, el gasto en salud en 2025 fue de 945 mil millones de pesos y en educación en 1.1 billones de pesos. Es decir, estamos pagando más deuda que servicios públicos. Si lo comparamos con el gasto en infraestructura el saldo es más alarmante.

El año pasado se invirtió 769 mil millones de pesos en este rubro. Este desplazamiento en el gasto público debido al incremento de la deuda está comprometiendo a la inversión y el crecimiento futuro del país.

Este aumento en el costo financiero se deriva de tres factores fundamentales. El primero, tasas de interés que han permanecido elevadas por un periodo de tiempo prolongado. Segundo, un aumento en el endeudamiento neto del país. La deuda neta en términos del PIB aumentó de 47.5 a 53.8% del 2022 al 2025.

Algunos analistas advierten que la deuda neta entre PIB podría alcanzar 60% del PIB a finales de este año. El tercer factor, es una estructura de deuda con vencimientos a corto plazo o a tasa variable, lo que hace que la deuda reaccione rápidamente a las condiciones monetarias. 

El problema no es solo el monto, sino la rigidez del presupuesto. Pensiones, participaciones a estados, programas sociales y nómina absorben la mayor parte del gasto. Cuando el costo financiero crece, desplaza aún más la inversión pública, que en 2025 cayó 28.4% real, registrando su nivel más bajo desde 2021.

Un país que invierte poco en infraestructura, energía, logística y tecnología compromete su crecimiento futuro. Y sin crecimiento, la deuda se vuelve más pesada.

México necesita discutir este tema con seriedad. No se trata de evitar la deuda, sino de usarla con responsabilidad y reconocer que los intereses ya compiten —y superan— a funciones esenciales del Estado.

Ignorar este desplazamiento presupuestal es hipotecar el crecimiento de la próxima década.

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JESÚS GARZA

Es director general de Soluciones Financieras GAMMA, CEO de Miri Capital LLC e investigador no residente de Baker Institute en la Universidad de Rice. Tiene un doctorado en Finanzas y maestría en Economía Financiera, ambas por la Universidad de Essex en el Reino Unido.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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