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Doña Herlinda

El gran secreto del restaurante de doña Herlinda, en Río Bravo… desde 1957, año de su fundación, a la fecha, han transcurrido casi siete décadas para el restaurante de doña Herlinda, que como bien se sabe se ubica en el poblado Río Bravo, de fácil acceso inclusive con la ya no tan nueva carretera de doble vía.

Es cuestión de que cuando se acaba el veinte, perdón, la carretera de cuota y el seguro, tome uno un “accesito» a la izquierda y antes de que le apure más el hambre, dé con él.

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Eso sí, si llega más allá de las diez, ármese de paciencia, porque el lugar va a estar lleno y la lista de espera también.

No exagero cuando les comento que más de un coahuilense hemos disfrutado varias ocasiones del menú del restaurante de doña Herlinda, que por cierto tienen unos dos años de estar sirviendo los platillos en una hiper vajilla donde igual caben un machacado, chorizo con huevo, cortadillo y los infaltables frijoles, sin que se revuelvan aquellas delicias.

Quien visita por primera vez el restaurante se pregunta por qué es que en aquel lugar tienen mobiliario de oficina: no hay mesas cuadradas ni sillas tradicionales.

Las mesas son ovaladas y las sillas giratorias.

Las mal pensadas como yo llegué a suponer que era por razones fiscales, pero Alejandro Martinez, nieto de doña Herlindita —como digo cuando me refiero a ella en recuerdo de Fito Galindo, mi amigo ausente ya, porque así la llamaba— explica que su abuela optó por equipar su restaurante de ese tipo de mesas y sillas por comodidad, porque las tradicionales mesas cuadradas y sillas sin chiste de los establecimientos similares son chicas y nada les cabe, ni siquiera un quinto comensal.

Los meseros tienen que dar varias vueltas para retirar lo que los comensales van desechando. Y con esa nueva línea de vajillas las mesas quedaron que ni pintadas.

No hay un restaurante con platos más grandes que puedan dar cabida a la esplendidez con que sirven lo que pida uno.

Tampoco en sitios parecidos le sirven tortillas de harina tan bien cocidas, seguro que son como dos tortillas y cacho del tamaño normal.

Tampoco se va a encontrar ese sabor casero que cocineras y cocineros le ponen al machacado, al cortadillo, a los huevos, a los frijolitos refritos con manteca de puerco, al chorizo salseado o con huevo.

En fin que ahi todo es rico, exquisito, sabrosito.

Y la atención del personal, la chica que recibe y apunta su nombre, las o los muchachos que toman la orden, también de primera. Y luego pasa uno a pagar y el encargado de recibirlo en esa área es igualmente amable.

Si hasta ahora alguna persona no ha visitado ese restaurante, no se lo pierda, le va a encantar en modo cuadrado. Todo está de folículos pilosos, y lo mejor: nada caro.

Cuando vaya a Piedras Negras o Acuña, acuérdese y lléguele. Le va a encantar.

Solo resta agradecer al personal todo por sus lindas atenciones y riquísimos y espléndidos platillos.

Gracias señor Javier, Elvira, Reyna, Doña Isa, Lolita, Paty, Don José, Moni, Mayra, Antonio, Nikki, Cristina, Dariela, José Luis, Dariana, Jo, sefa, Santi, Elda, Fernanda, Briana, Luis, Santiago, Monse y Florelly.

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MARÍA GUADALUPE DURÁN

Periodista con más de 45 años de experiencia.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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