26 de mayo, por la tarde. Hoy volví a Monte Real.
Los jóvenes del Escuadrón Naranja de Movimiento Ciudadano, llegaron primero, temprano, cuando la colonia todavía estaba desperezándose. Yo llegué después, cuando el sol ya empezaba a caer y el polvo tenía ese color naranja que solo se ve en las orillas de Torreón.
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No sé por qué, pero cada vez que camino estas colonias siento que la ciudad me habla distinto. Como si aquí las cosas se dijeran sin rodeos.
I. La mañana que no vi, pero que sentí
Los muchachos me contaron que la gente los recibió bien. Que no hubo puertas cerradas. Que las familias no solo aceptaron las lonas: las pidieron.
Me dijeron que una señora les ofreció agua —ironía cruel— y que mientras les servía, les confesó que a veces el agua de la llave huele a drenaje. Esa frase se me quedó clavada desde antes de llegar.
II. Mi llegada a la colonia
Cuando entré a Monte Real, ya había lonas colgadas por todos lados.
Parecía que la colonia había decidido hablar en voz alta.
Toqué la primera puerta y salió una mujer joven, con el cabello recogido y los ojos cansados.
Me dijo sin rodeos: “Gracias por venir. Aquí sí puede poner la lona. Pero dígame… ¿qué hacemos con el agua? A veces huele a caño. A veces sale café.”
No supe qué contestar, solo pude escucharla. A veces eso es lo único honesto que uno puede hacer.
III. Voces que se quedaron conmigo
Un obrero, con la camisa manchada de trabajo, me dijo: “Mi esposa es la que batalla. Yo casi no estoy. Pero ella me dice que el agua sale fea. Fea de verdad.”
Una abuelita, con una dignidad que no se quiebra, me dijo: “Yo ya viví mucho, mijo. Pero nunca pensé que un día iba a tener miedo de abrir la llave.”
Un niño, desde adentro, gritó: “Mi mamá dice que no tome agua de la llave porque me hace daño.”
Ese niño no estaba exagerando. La colonia entera lo sabe.
IV. El olor que no debería existir
Lo escuché tantas veces que ya no sé quién lo dijo primero: “El agua huele a drenaje.”
No es metáfora. No es queja exagerada. Es literal.
Hay días en que la gente abre la llave y lo primero que sale es un olor que no debería existir en ninguna casa de Torreón.
Ese olor es una forma de violencia silenciosa, una que no sale en las noticias, pero que marca la vida diaria.
V. Las lonas como gesto de confianza
Instalamos 130 lonas de Movimiento Ciudadano, pero no eran lonas: eran puertas abiertas.
Cada familia que aceptaba una estaba diciendo: “Aquí estamos. Aquí vivimos. Aquí resistimos.”
Yo sentí que cada lona era un pequeño pacto entre ellos y nosotros. Un pacto de presencia, de escucha, de acompañamiento.
VI. La tarde que se volvió conversación
En cada casa me detuve. No para hablar: para escuchar.
Un señor me dijo: “Yo no quiero nada regalado. Nomás quiero que el agua no huela a drenaje.”
Una joven madre me confesó: “A veces me da pena que mis hijos huelan así después de bañarse.”
Un hombre mayor me dijo: “Cuando llueve, el drenaje se regresa. Y uno nomás se encomienda.”
No había dramatismo en sus voces, había cansancio y una dignidad que duele.
VII. Lo que me traje de Monte Real
Me traje 130 voces.
130 historias.
130 razones para no voltear la mirada.
Me traje la sensación de que Monte Real no está pidiendo milagros.
Está pidiendo justicia básica.
Me traje la certeza de que la colonia confía.
Y que esa confianza no se puede traicionar.
Me traje, sobre todo, una frase que no quiero olvidar: “Gracias por venir. Aquí casi nadie viene.”

Jaime Martínez Veloz
Luchador social, politólogo, incómodo al poder, ex legislador.Presidente del Centro de Estudios y Proyectos para la Frontera Norte “Ing. Heberto Castillo Martínez”.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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