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Café Montaigne 400

¿Cuáles son sus miedos, sus supersticiones, sus tabúes, señor lector? ¿Cuáles son sus temores hundidos en el fondo de su alma y sus huesos? ¿Nigromancia, magia, temor o ignorancia?

Si usted pasa por debajo de una escalera puesta en la calle por algún trabajador que anda haciendo una reparación en el techo del vecino, ¿es mala o buena suerte? Se le atraviesa un fatídico gato negro en la calle y lo voltea a ver con sus ojillos como ascuas, ¿es buena o mala suerte?

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Un piso trece en un buen y gran hotel, ¿es buena o mala suerte? Gran final: acostarse con la mujer amada en su periodo de menstruación, ¿es puro o impuro?

Esta novela, al parecer, aún no tiene final. Y no lo tiene todavía porque sucede en “tiempo real”. La estoy nutriendo con huellas y tinta de mi vida. Y mi vida la estoy dejando en el invierno de la misma y en dos manos: la güera Jazmín, ingratos 24 años.

Y claro, ahora y sin acostarme con ella –todavía (soy fiel hasta caer de plano en su tentación)–, estoy preso en las redes de la señorita exprostituta, la rotunda Esther Alejandra. ¡Puf!

Justo hoy, con esta columna, arribamos a un número cerrado: 400. Ahora con letra, cuatrocientos ensayos a matacaballo entre la estampa, la literatura, la autobiografía, el periodismo, el testimonio y la confesión. Nadie culpe a nadie de mi mala fama. Yo solito y nadie más la he venido forjando por un motivo: no tengo nada por ocultar, mi vida es pública. No es un orgullo, pero sí sé que, al menos, es entretenida. Eso espero.

Y me resulta curioso, por decir lo menos y lo mínimo, lo indiscreto a mi alrededor: no es obligación que mis letras sean su lectura, pero una buena cauda de féminas – imagino, seguidoras de esta novela de mi patética vida–, algunas de ellas, al verme en los merenderos de siempre, hablan entre ellas, me miran de soslayo o, de plano, de frente, vuelven a murmurar… y me voltean la cara.

Hay otro tipo de féminas, otro club, las cuales me miran con ojos de temeridad, gozo y travesuras compartidas. Algunas han llegado a mi mesa, de plano se identifican, me comentan de esta saga, me toman del brazo y de la mano, y su servidor, hecho un pinche pendejo y tímido, sólo las dejo hacer y digo mi muletilla de siempre: “Ojalá nunca la pierda como lectora, gracias por sus palabras…”.

¿Usted tiene mala opinión de mí? Lo acepto. ¿Tiene buena opinión de mí? Lo acepto y lo valoro. Lo bien cierto es lo siguiente: ya hay dos editores, los cuales me han pedido la obra completa de esto, esta novela en “tiempo real”, la exploración de la vejez, “mi” vejez, tejido todo con sexualidad, literatura, música, gastronomía y buena vida. Es decir, mi vida. Y la novela sigue; no sé si sea desgracia o acierto.

Sí, le hice el amor a mi güera Jazmín en su periodo de menstruación. Le gustó. Le encantó. ¿Hablar de esto es tema tabú para usted? Caray, debería importarnos a todos por lo siguiente, lo cual a vuela pluma le voy a presentar. Por cierto, una de las primeras referencias literarias a esto, de hacer el amor un hombre con su mujer amada en su periodo menstrual (insisto, resbala más, se lubrica mejor), es la de Fernández de Moratín en sus “Obras Completas” (siglo 18). Sólo tengo la referencia: es casi imposible conseguir y comprar dichos libros.

ESQUINA-BAJAN

¿Cuáles son sus mitos y tabúes más arraigados? ¿Usted tiene repulsa por algo en particular? ¿Humores, sudores, olores? ¿Gatos, arañas, cucarachas, mosquitos (como los tiene su servidor, los cuales no tolero ni un instante)? ¿Perros, a los cuales todo mundo ama, pero yo odio y desprecio? ¿Cuáles son sus tabúes y supersticiones más ocultos, señor lector?

Un estudio científico de la doctora Selena Xiomara Jaramillo, en colaboración con otros investigadores, se dedica a desentrañar semejante galimatías vigente aún hoy en día: los mitos, tabúes y supersticiones en torno a la menstruación de las mujeres. Sobra decirlo, es elección, no imposición, estar en el coito con la mujer amada y depende de cada pareja y su entorno cultural y personal.

En lo particular, y luego de lo anterior, a la güera caramelo la he sentido más enamorada; me mira con otros ojos. Me ve con simpatía, tal vez por lo cual le ofrecí ese día: amor, calidez, satisfacción, aceptación y empatía.

Algunos mitos, de decenas circulantes, sobre el periodo de menstruación en una mujer son: las mujeres que tienen sexo en su periodo no contraen infecciones; las mujeres que tienen sexo en su periodo no se embarazan; cuando se consumen cítricos durante la menstruación, se corta la “regla”; cocinar con la menstruación es impuro; tomar leche durante la menstruación le da mal olor a la sangre; comer aguacate es factor para la indisposición de la mujer en su periodo… y un largo, largo etcétera.

Lo bien cierto es lo siguiente, de espanto: Internet apendeja; el mundo está a un clic de distancia… para ser estúpido o un genio. Por lo general, lo primero. Lea usted: 6 de cada 10 adolescentes en México faltan a clases por su primer periodo de menstruación porque no saben lo que les está ocurriendo. ¡Puf!

Lo anterior son datos de la Oficina de Terreno de UNICEF en México (29 de mayo). Estigmas, desinformación, tabúes, superstición; un México gris y podrido, pues.

LETRAS MINÚSCULAS

Mi güera anda todo el tiempo colgada de mi brazo. Se siente amada y con atenciones… Espero así siga la ingrata. Me ha pedido la disfrace de… Puf.

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JESÚS CEDILLO

Periodista, escritor y poeta, con más de 40 años en la legua cultural y explorando el mundo.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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