¿Qué hacer para no perder piso ante lo que imaginamos como una experiencia única e irrepetible en política?
Primero: ubica tu lugar en el universo. Soy apenas una fracción infinitesimal de un todo inconmensurable. Porque “la Tierra es sólo uno de los 3.2 billones de planetas en la galaxia. El Sol es sólo una de las 200 mil millones de estrellas en la Vía Láctea. Y esta es sólo una de dos billones de galaxias en el universo observable”.
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Segundo: ve a un jardín o al semidesierto a las 9:00 de la noche. Descalza tus pies y plántalos sobre la tierra desnuda. Cierra los ojos e imagina nuestro lugar en el universo y repite este mantra 99 veces, lento y coordinado con tu respiración, hasta que tu sistema nervioso pase del estado alterado a uno presencial: “Soy una pequeña parte de un todo y, en este momento, mi realidad es lo único que puedo construir. Estoy aquí, estoy presente; mis pies tocan el suelo y mi mente está en calma. Siento el alma de la tierra palpitar en la planta de mis pies”.
Tercero: desnúdate y métete a una tina con agua y hielo para provocar un choque térmico o un cambio brusco de temperatura. El reflejo de inmersión obligará a tu organismo a disminuir el ritmo cardíaco de manera casi instantánea.
Cuarto: si nada de lo anterior funciona, asiste a sesiones de terapia cognitivo-conductual. El terapeuta no intentará convencerte de que lo que experimentas es irreal, para no generarte rechazo o angustia. Por el contrario, el psicólogo te ayudará a cambiar la manera en que interpretas y respondes a las experiencias políticas que te alteraron, con el propósito de reducir su impacto emocional.
No te extrañe que el terapeuta te administre una fuerte dosis de pastillas Ubicatex Relax, acompañadas de un té de lavanda, manzanilla, valeriana y toronjil, nueve veces al día.
Focalizaré esta recomendación en tres aspectos de la vida política de Coahuila:
1) la pretensión de muchos de imaginar que el triunfo arrollador del PRI en las elecciones intermedias recientes puede ser el punto de partida para derrotar a Morena en 2027, 2029 y 2030;
2) las voces que catapultan la figura del gobernador Manolo Jiménez para contender por la Presidencia de la República en 2030;
y 3) la insistencia de otros tantos en aplicar el “Modelo Coahuila” de seguridad pública en el resto del país.
El implacable triunfo del PRI en las elecciones intermedias de 2026 no puede replicarse en 2027, cuando estarán en juego 38 presidencias municipales y ocho diputaciones federales. Tampoco podrá reproducirse en 2029, con la gubernatura de Coahuila en disputa, ni en 2030, en la competencia por la Presidencia de la República.
Tres son las razones, más allá de la concurrencia con las elecciones federales.
Primera: En 2027, la Presidenta está urgida de ganar el Congreso federal y la mayoría de las gubernaturas con cuadros afines a ella y, por ende, alejados de la órbita de Andrés Manuel López Obrador. De esta manera, podría atrincherarse –con una línea de mando única– ante las embestidas de Estados Unidos.
Segunda: Para lograr ese objetivo, utilizará la fuerza del Estado –económica y política– y los mecanismos electorales subordinados al poder presidencial.
Tercera: La oposición es inexistente y está dividida. El PRI nacional, más allá de su retórica vulgar (Rubén Moreira: “En Coahuila, Morena dio las nalgas”) y triunfalista (Alito Moreno: “Ganaremos a Morena en 2027”), no es “el corazón de la oposición”, pese al delirio de su cúpula nacional priista.
Manolo Jiménez es un sólido prospecto, por trabajo y resultados en Coahuila, para convertirse en una figura nacional con posibilidades de contender por la Presidencia de la República. Sin duda. El momento generacional, que exige un recambio de liderazgos, le favorece.
Pero hay tres tareas pendientes: ganar las elecciones de 2027 (38 alcaldías y ocho diputaciones federales) y, sobre todo, las de 2029 (la gubernatura); fortalecer el triángulo virtuoso existente –inversión, empleo y seguridad pública– hasta el final de su mandato; y construir una narrativa personal que le permita conectar, en imagen y discurso, con los muchos Méxicos existentes en nuestro país. Haber ganado las elecciones recientes de manera contundente no es suficiente.
Finalmente, el “Modelo Coahuila” de seguridad pública no es replicable en otros estados porque la gran mayoría de los gobernadores no tiene, como Jiménez, voluntad política, inteligencia estratégica ni convicción ciudadana necesarias para hacerlo.
Antes de recetar victorias inevitables, candidaturas presidenciales anticipadas o fórmulas mágicas exportables, quizá convenga volver al principio: quitarse los zapatos, plantar los pies en la tierra, respirar profundo, mirar el tamaño del universo y reconocer la dimensión real de nuestras circunstancias.
En política, como en la vida, perder la proporción suele ser el primer paso para perder el rumbo.
Por eso, ante los delirios de grandeza, las profecías prematuras y los espejismos de omnipotencia, siempre será recomendable una dosis de Ubicatex Relax.

Luis García Abusaíd
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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