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Sueños, prisas y esperanza en un transporte caótico

A la ciudad de las montañas, todos los días llegan cientos de personas buscando oportunidades. Sin embargo, no todos son vistos igual porque el clasismo en Monterrey es funcional, no accidental.

Como periodista, he aprendido que las mejores historias no están en las conferencias, sino en los trayectos. La semana pasada, en uno de mis trayectos utilizando la Ecovía, escuché una que explica más de Monterrey que cualquier discurso oficial.

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No venía en un informe, ni en un panel de expertos. Venía en una conversación casual, de esas que empiezan sin importancia…pero terminan mostrando lo que la ciudad no siempre quiere ver.

Así, entre el calor, el ruido y el cansancio, un joven como de unos 25 años encontró un pequeño espacio… y también una conversación. contaba que venía de Pesquería y se dirigía a Cumbres: “Voy hasta allá a la última parada de la Ecovía, porque así me ahorro dos camiones y me sale más barato”, “aguanten, ya no se suba, ya no cabemos” decía mientras buscaba de donde agarrarse.

Su historia, aunque parecía cotidiana, llevaba dentro una verdad incómoda. Contaba que en su trabajo lo llamaban “chiriwillo”. No lo decía con enojo, pero sí con una claridad que dolía. Sabía lo que significaba, decía que algunas personas también les decían “silvestres”, y que él lo entendía porque venía del rancho; y que en su trabajo algunos ingenieros, no querían comer junto a ellos y con desdén les decían que ellos “solo vienen a quitarle el trabajo a los regios”.

Lo más importante es que este chico no sólo hablaba de discriminación, también hablaba de logros. Con orgullo decía que ya tenía 5 años en la ciudad y que  había ganado experiencia, que los jefes le tenían confianza, que incluso le daban las llaves de distintos camiones. En sus palabras había algo poderoso: no era resignación, era determinación. Quería avanzar, crecer, demostrar que podía.

A la ciudad de las montañas, todos los días llegan cientos de personas buscando oportunidades, cada una trae consigo historias distintas, pero sus objetivos son similares: trabajar, progresar, vivir mejor. Sin embargo, no todos son vistos igual porque el clasismo en Monterrey es funcional, no accidental. Opera en lo cotidiano, en el lenguaje, en las oportunidades que se abren para unos y se cierran para otros. No siempre es evidente, pero está ahí, marcando trayectorias.

El joven de la Ecovía no pedía privilegios. Solo respeto y la posibilidad de que su esfuerzo valiera lo mismo que el de cualquiera. Su historia no es única, y justamente por eso importa, porque obliga a cuestionarnos: ¿cuántas veces hemos normalizado esas diferencias? ¿Cuántas veces hemos decidido, consciente o inconscientemente, quién merece avanzar?

Creo que una ciudad no crece solo por su industria o su infraestructura, sino por la dignidad con la que trata a quienes la construyen.

Por eso quienes todos los días sostienen la ciudad desde el transporte público merecen mucho más que sobrevivir el trayecto. Merecen un sistema digno, eficiente, de calidad y a buen precio.

Todos los comentarios son bienvenidos a veronica@vaes.com.mx

Nos leemos, la próxima vez. Hasta entonces.

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Verónica Valencia

VERÓNICA VALENCIA GÓMEZ es periodista especializada en Tecnologías de la Información, cuenta con una maestría en marketing digital. Es consultora de comunicación y mercadotecnia en Vaes Comunicación. Ha trabajado en periódicos como Grupo Reforma, Milenio y El Mañana de Reynosa.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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