En medio de una contracción en el PIB al primer trimestre, el país afronta complicaciones como es el caso de la revisión del T-MEC
El arranque de 2026 confirmó el deterioro de la economía mexicana: el Producto Interno Bruto (PIB) cayó 0.77 por ciento en el primer trimestre del año, marcando su primera contracción desde finales de 2024 y evidenciando que el país ha entrado en una fase de estancamiento estructural, de acuerdo con el reporte Perspectiva Económica de México Abril 2026 de Banco Base.
La caída trimestral se dio de manera generalizada en los tres grandes sectores económicos, un fenómeno que no ocurría desde el cuarto trimestre de 2024. Las actividades primarias retrocedieron 1.36 por ciento, las secundarias —ligadas a la industria— cayeron 1.05 por ciento, mientras que las terciarias, que incluyen comercio y servicios, disminuyeron 0.61 por ciento.
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Este desempeño llevó a que el crecimiento anual se desacelerara a apenas 0.20 por ciento, lejos del 1.79 por ciento registrado en el trimestre previo, confirmando una tendencia de debilidad que se ha profundizado desde 2025.
El diagnóstico del banco es contundente: México enfrenta una “trampa de estancamiento económico”, en la que el bajo crecimiento deja de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en una condición estructural. Entre los factores que explican este escenario se encuentran la caída de la inversión fija, el debilitamiento institucional, el aumento de la informalidad laboral y el deterioro del mercado laboral.
Este círculo vicioso impacta directamente en el consumo. Con menores ingresos y menor poder adquisitivo, las familias reducen su gasto, lo que a su vez afecta los ingresos de las empresas. Estas, sin incentivos para expandirse, frenan la contratación y la inversión, perpetuando el bajo dinamismo económico.
El panorama se agrava al observar que el PIB per cápita se mantiene estancado e incluso muestra una contracción de 1.38 por ciento respecto a 2018, lo que refleja que, pese a la complejidad industrial del país, no se ha logrado elevar el nivel de bienestar promedio.
En este contexto, ni siquiera eventos extraordinarios como el Mundial de Fútbol de 2026 serían suficientes para revertir la tendencia. Si bien se prevé una llegada masiva de visitantes y un aumento significativo en el gasto turístico —que podría alcanzar hasta 14.92 mil millones de dólares en junio y julio— el impacto en la economía sería limitado.
El análisis estima que el Mundial aportaría apenas 0.15 puntos porcentuales al crecimiento del PIB. Este impulso, además de ser temporal, estaría concentrado en actividades de consumo y servicios, con generación de empleo mayormente informal.
Incluso el gasto adicional asociado al evento representaría apenas alrededor del 0.11 por ciento del PIB, una proporción insuficiente para modificar el rumbo de una economía que enfrenta problemas de fondo.
A ello se suma un entorno de incertidumbre tanto interna como externa. La próxima revisión del T-MEC podría generar volatilidad en los mercados, mientras que decisiones controvertidas de política monetaria han abierto cuestionamientos sobre la trayectoria de la inflación.
El reporte subraya que superar el estancamiento requiere cambios estructurales: fortalecer el estado de derecho, mejorar la seguridad pública, incentivar el empleo formal y dirigir el gasto público hacia infraestructura, educación y salud.
Sin estas condiciones, advierte el documento, el crecimiento económico de México difícilmente superará tasas cercanas al 1 por ciento anual, muy por debajo del promedio histórico previo a 2018.
Así, aunque el Mundial traerá reflectores internacionales y un impulso momentáneo al turismo, la economía mexicana seguirá enfrentando los mismos obstáculos de fondo que han limitado su crecimiento en los últimos años.