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Muertes anunciadas

La reelección de Álvaro Obregón, previa a la fundación del Partido Nacional Revolucionario (PNR, precedente el PRI), traicionó la proclama maderista que encendió la llama de la Revolución de 1910: «Sufragio efectivo, no reelección», núcleo del Plan de San Luis.

El asesinato del «Manco de Celaya», conocido así tras la batalla en el Bajío donde venció a Francisco Villa y perdió el brazo derecho, no lo incitó, en rigor, el celo democrático, sino algo más mundano: la ambición de poder de los caudillos. Las aspiraciones reeleccionistas de otros presidentes, como Miguel Alemán, Luis Echeverría y Carlos Salinas de Gortari, se apagaron desde entonces.

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Los asesinatos de Obregón, en 1928, y de Luis Donaldo Colosio, 66 años después, fueron crónicas de muertes anunciadas como la de Santiago Nasar en el libro de García Márquez.

Todo el mundo en el entorno del presidente Plutarco Elías Calles sabía que Obregón no asumiría el cargo por segunda vez, el primero para un periodo de seis años. Atenido a su fama de invencible, tentó al destino a pesar de tener innumerables enemigos políticos y de haber librado varios intentos de homicidio.

Aun así decidió asistir a su comida final en el restaurante La Bombilla, de Ciudad de México, donde lo esperaba no sólo el cristero José de León Toral, sino también segundos y terceros tiradores. EI PNR se fundó en 1929, y en el mismo año Calles empezó su Maximato, el cual duró hasta que el presidente Lázaro Cárdenas lo exilió a Estados Unidos.

Colosio era el candidato de Salinas de Gortari, pero cuando el exlíder del PRI empezó a marcar distancia del clan, el ánimo cambió.

Raúl Salinas, hermano del Presidente, dio el primer aviso en una carta autógrafa: «Las puertas de Los Pinos se abren desde dentro».

Para Colosio, nunca se abrieron. La negativa del sonorense a recibir financiamiento de un cártel de la droga habría sido la causa del disgusto. Entrevistado años más tarde por Carmen Aristegui para el libro Transición.

Conversaciones y retratos de lo que se hizo y se dejó de hacer por la democracia en México (2019), el expresidente Miguel de la Madrid declaró que Raúl Salinas era el contacto con el narcotráfico. Reconoció que haber preferido a Carlos Salinas como sucesor fue un error. «Es conveniente que los presidentes estén mejor informados sobre la moralidad de sus colaboradores», dijo.

Colosio fue abandonado a su suerte tras el discurso del 6 de marzo de 1994 en el Monumento a la Revolución, donde denunció la corrupción, los abusos de poder y la arrogancia de las élites políticas.

Antes de la celada en Tijuana, se reunió con Andrés Manuel López Obrador, a quien le habían robado las elecciones para Gobernador de Tabasco. También había hecho las paces con Manuel Camacho Solís, a quien Salinas de Gortari revivió como comisionado para la Paz en Chiapas para amagar a Colosio y poner en vilo su candidatura.

Los disparos contra Colosio tuvieron efectos múltiples y acabaron con infinidad de carreras políticas. Camacho, figura relevante y trágica a la vez, falleció en 2015 luego de haber sido candidato a la Presidencia por el Partido de Centro Democrático, diputado federal por el PRD y asesor de López Obrador en la campaña presidencial de 2006.

En cambio, Manlio Fabio Beltrones, enviado por Salinas a Tijuana tras el atentado contra Colosio, se mantuvo en primera línea. Fue presidente del PRI y líder del Senado. Hoy está de nuevo en el ojo del huracán, junto con Salinas, por la reapertura del caso Colosio, del cual sabe demasiado.

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Gerardo Hernández

GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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