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Hablemos de Dios 264

Caray, le agradezco todos sus cumplidos, sus acotaciones, sus comentarios, sus felicitaciones y claro, sus críticas a esta columna la cual no es mía, sino suya. La pasada entrega de “Hablemos de Dios”, la numerada 263, fue ampliamente replicada y comentada por usted, de lo cual me enorgullezco no por haberla escrito, sino porque usted la leyó puntillosamente, la glosó y la hizo suya.

El texto trató de ser una reflexión sobre una pregunta la cual mucha, harta gente me ha hecho y siempre: ¿por qué los malos prosperan y les va bien en la vida y los justos sufren condenas y penalidades? Traté de explorar lo anterior con base en la Biblia, claro, pero también y usted lo leyó y notó, sus y mis ideas al respecto, con las cuales no quiero convencer a nadie, jamás.

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¿Qué dice la Biblia sobre pregunta tan difícil y eterna? Tan eterna y actual y volátil, que la podemos aplicar al aquí y ahora con dos personajes en la cúspide (por lo pronto), es decir, dicha pregunta la podemos aplicar a Claudia Sheinbaum y su corte de claques y claro, a Donald Trump (el cual me cae re- bien el tipo).

Avanzamos, llega el mal, llegan los malvados y se apoderan de nuestra casa, nuestra despensa, nuestros ahorros; nos arrebatan la tranquilidad y la paz obtenida y aún así, dicen, hay que aplaudirles. ¿Le suena lo anterior? Sí, es Morena gobernando. ¿Debemos resignarnos a ello? ¿Poner cabeza baja y aceptarlo, como bien decían nuestros abuelos: es designio de Dios? ¿Podemos cambiar el estado de la cuestión teniendo o no teniendo a Dios de nuestra parte?

Caray, nada menor todo lo anterior, señor lector. Usted lo sabe, toda mi vida he pensado en ello, imagino como usted. Hoy y para focalizarnos sólo en una parcela de la Biblia, la cual le presenté la semana pasada, repasemos de nuevo el Salmo, el 73. 2-14 el cual trata la anterior pregunta que nos bulle a todos en el cuerpo y en el alma. Quien lo haya escrito sentía lo que usted siente y lo que yo siento estimado compañero sabatino de andanzas. Son palabras sabias donde se agita la condición humana, donde hierve la sangre, donde se manifiesta eso que somos: humanos.

Dice el salmista: “… sentí envidia de los perversos,/ al ver la prosperidad de los malvados./ Ellos no pasan agobios, su cuerpo está sano y robusto;/ no conocen las fatigas de los hombres./ Ni tienen que sufrir como los demás,/ y es que su collar es la soberbia./ y la violencia es el manto que los cubre;/ la maldad les sale por los poros… se burlan, hablan con malicia,/ gritan y son prepotentes,/… así son los malvados; viven tranquilos y/ acrecientan sus riquezas…”.

Pues sí, es Morena pudriéndose y pudriéndonos cada día. ¿Es Donald Trump y sus redadas de asfixia contra sus ciudadanos? Los hermanos gringos tendrán su propia opinión al respecto. El final del Salmo es harto doloroso, lo invito a terminarlo: “Entonces, ¿de qué me sirve haberme mantenido/ puro el corazón y mis manos inocentes?/ ¿De qué me sirve haberme mortificado todos los días y disciplinado cada mañana?”.

De decenas de comentarios, escojo dos de un par de asaz lectores y sabios los cuales me favorecen con su lectura y atención: don Javier Salinas y don Gerardo Blanco Guerra. El segundo uno de los abogados el cual más sabe sobre Derecho Electoral en el Norte de México. El primero aquí deletreado, don Javier, es un empresario regiomontano, avecindado desde hace lustros aquí en Saltillo y hoy, con una empresa en Panamá. De donde va y vienen como el ir a Ramos Arizpe. Un empresario exitoso y melómano empedernido especialista en música antigua y sacra.

ESQUINA-BAJAN

¿Ya no hay moral, eso llamado ética en su momento tiempo atrás? ¿Cambió la moral y los valores o cambiamos nosotros? ¿No es la misma moral del pasado a la de hoy en día? En la antigüedad el poeta Horacio escribió una línea donde se elogiaba al “varón fuerte”, capaz de pisar sobre las ruinas del mundo. Hoy lo anterior y por esa estupidez del tufo de género y equidad, está hartamente penado: sólo decir que el varón es fuerte. Hay que decir que la mujer igual. Aunque no lo sea. Y así lo es.

En el Salmo someramente analizado, se presenta en toda su crudeza el drama de la tentación del hombre justo para seguir los pasos e imitar la conducta del malvado, del impío. Usted puede escoger ser bueno o malvado (lo que eso signifique hoy), siempre ha sido así, por la condición y patética tristeza de la condición humana, pero al parecer y sólo al parecer, la maldad y los malvados es lo que domina.

Hay ciertas cosas que escapan al poder manipulable del hombre: un rayo, un terremoto, un tsunami. (Orden material). O bien, el manejo de las emociones: los celos, la envidia, la amargura, la felicidad. (Orden sentimental). ¿Qué hacer? Pues el creyente ve la mano de Dios. El filósofo trata de averiguar la verdad y su estado de la cuestión.

El escéptico (si es que aún los hay) tal vez vea sólo el azar y ningún destino ni mano de Dios en las calamidades que nos traen los malvados. En Santiago (1:13) se lee: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie”. ¿Lo nota? Es mi argumento de siempre: Dios no tiene nada qué ver con la maldad…

LETRAS MINÚSCULAS

Ni para bien. Ni para mal. Y eso es bueno: es cuestión de humanos, muy humanos.

Comentarios
JESÚS CEDILLO

Periodista, escritor y poeta, con más de 40 años en la legua cultural y explorando el mundo.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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