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¡Grandes aniversarios hoy!

Como siempre, le presento respetos y admiración, señor lector, Caray y como siempre, ya me estoy acabando el espacio, pero va de corridito, a reserva de ampliar todo esto: se cumplen 100 años de la novela “El Asesinato de Roger Ackroyd” de Agatha Christie: una joya literaria. Se cumplen 100 años de “El Castillo”, del genio Franz Kafka.

Sin palabras. Se cumplen 400 años de “La Vida del Buscón”, del ibérico don Francisco de Quevedo… en fin. Larga historia de celebraciones nos espera para nuestra fortuna, estimado lector.

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Avanzamos: se cumplen 300 años del libro “Los Viajes de Gulliver”, de Jonathan Swift. Un libro el cual hay que leer y releer toda la vida. Libro para adultos cultos e instruidos, no para niños. Lea usted por favor un pálido y rápido ejemplo: los creadores, los verdaderos artistas son gente rara. Las recurrentes –y, en ocasiones, perpetuas– neurosis y trastornos psicosomáticos de éstos influyen grandemente y, muchas de las veces, de manera definitiva en la creación artística.

¿Quién conoce a artista sano? El misántropo Jonathan Swift elaboró una manía por la limpieza que se convirtió en compulsión que, dicen los críticos, llegó a tal grado que le inspiró una terrible aversión al cuerpo humano y sus excreciones.

En “Los viajes de Gulliver” se lee: “En cuanto entré a la casa, mi esposa se lanzó a mis brazos y me besó, por lo que, no habiendo estado acostumbrado al contacto con ese odioso animal desde hacía muchos años, perdí el sentido durante casi una hora. Escribo esto, cinco años después de haber estado en Inglaterra por última vez: el primer año no soportaba la presencia de mi mujer ni de mis hijos, me era intolerable el olor que despedían, más aún que comieran en el mismo cuarto que yo”.

LETRAS MINÚSCULAS

Este 2026 hay aniversarios de Jack London, Agatha Christie, Mary Shelley… el cual me favorece con su atención hoy y siempre. No lo quiero perder como lector, por lo cual, le reivindico mi tirada de naipes: usted manda y espero mis letras e ideas sean de su agrado hoy, mañana y siempre. Así sea mientras su servidor siga vivo y escribiendo.

¿Cómo iniciar un buen año, según su juicio, querido lector? ¿Con buenos deseos y buenos planes? Sí, eso llamado los votos buenos, deseos de tareas por cumplir en los primeros meses o semanas del inicio de un nuevo ciclo.

Propósitos, parece que se le dicen. En lo personal, sólo me he puesto una sola tarea o buen propósito para este año (de vivirlo completo, claro): releer tres libros fundamentales y anotarlos, y releer a todo a un autor, un poeta al cual quiero deletrear así mismo bajo mi pluma.

Los libros los cuales quiero releer, entender y glosar en el invierno de mi vida: “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes Saavedra; “La Divina Comedia”, de Dante Alighieri; “Ulises”, de James Joyce. Y un poeta al cual quiero leer, entender y glosar: T. S. Eliot.

¿Y William Shakespeare? Si usted me ha leído, eso hice todo el año pasado, pero es un monstruo y dudo pueda algún día agotarlo. Pero voy a continuar acometiendo su lectura y glosarlo.

Este año, como todos los anteriores, es un año de celebraciones y muy complicado. Somos lo que leemos, no lo que vivimos y, en mi caso, menos lo que escribo. Somos lo que comemos, lo que bebemos y lo que leemos. No pocas veces es mejor el alimento espiritual (la oración y lectura) al alimento material. Al menos en mi caso. Y las celebraciones en el calendario son mero pretexto para eso: festejar, brindar, recordar y celebrar.

Este año, el cual ya inicia, 2026, es fecha para brindar por los primeros 25 años de una buena novela: “La Sombra del Viento”, de Carlos Ruiz Zafón. Catalán él, quien murió en fecha reciente (para mí siempre es cosa última) por un motivo trivial y peligroso, el cual usted y yo hemos explorado: no podía ir al retrete a cagar. Se murió.

Ya nadie lo recuerda, pues Internet todo lo pudre: en el 2020, en plena pandemia global, murió en Los Ángeles, California, el escritor catalán avecindado allí, Carlos Ruiz Zafón (1964-2020). Joven, muy joven el maestro se fue de Barcelona porque, dijo en alguna entrevista, su ciudad le interesaba sí, pero no lo de hoy, sino aquellas historias pasadas las cuales eran de hace lustros.

No su presente ni su futuro; de Barcelona le interesaba su pasado. Un pasado casi inmediato, pero al fin de cuentas, pasado.

Su pasión era el cine y por eso se fue a Los Ángeles y a Hollywood. Aunque al parecer, al final de cuentas resultó ser un mero pretexto. Allí se quedó a vivir y a escribir, y en ese entorno redactó una trilogía de novelas portentosas, ancilada la tirada de naipes en una deslumbrante editada en el 2001: “La Sombra del Viento”.

ESQUINA-BAJAN

Carlos Ruiz Zafón murió en el año 2020 no por la mordedura del bicho. No, sino por algo de lo cual lo he comentado ampliamente en mis espacios periodísticos: el maestro, el gran escritor murió porque padecía un pernicioso cáncer de colon, el cual lo llevó a la tumba. Pues no, no iba al retrete. Y claro y lo imagino, seguía comiendo y bebiendo como Dios manda. Más comer que beber. Y todo, todo se acumula en el recto, en el ano, en el colon, en el intestino. Si no sale, se pudre. Si se pudre, pues llega el cáncer, si llega el cáncer, nadie se salva y uno se muere.

Caray y como siempre, ya me estoy acabando el espacio, pero va de corridito, a reserva de ampliar todo esto: se cumplen 100 años de la novela “El Asesinato de Roger Ackroyd” de Agatha Christie: una joya literaria. Se cumplen 100 años de “El Castillo”, del genio Franz Kafka. Sin palabras. Se cumplen 400 años de “La Vida del Buscón”, del ibérico don Francisco de Quevedo… en fin. Larga historia de celebraciones nos espera para nuestra fortuna, estimado lector.

Avanzamos: se cumplen 300 años del libro “Los Viajes de Gulliver”, de Jonathan Swift. Un libro el cual hay que leer y releer toda la vida. Libro para adultos cultos e instruidos, no para niños. Lea usted por favor un pálido y rápido ejemplo: los creadores, los verdaderos artistas son gente rara. Las recurrentes –y, en ocasiones, perpetuas– neurosis y trastornos psicosomáticos de éstos influyen grandemente y, muchas de las veces, de manera definitiva en la creación artística.

¿Quién conoce a artista sano? El misántropo Jonathan Swift elaboró una manía por la limpieza que se convirtió en compulsión que, dicen los críticos, llegó a tal grado que le inspiró una terrible aversión al cuerpo humano y sus excreciones.

En “Los viajes de Gulliver” se lee: “En cuanto entré a la casa, mi esposa se lanzó a mis brazos y me besó, por lo que, no habiendo estado acostumbrado al contacto con ese odioso animal desde hacía muchos años, perdí el sentido durante casi una hora. Escribo esto, cinco años después de haber estado en Inglaterra por última vez: el primer año no soportaba la presencia de mi mujer ni de mis hijos, me era intolerable el olor que despedían, más aún que comieran en el mismo cuarto que yo”.

LETRAS MINÚSCULAS

Este 2026 hay aniversarios de Jack London, Agatha Christie, Mary Shelley…

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JESÚS CEDILLO

Periodista, escritor y poeta, con más de 40 años en la legua cultural y explorando el mundo.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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