Buen día tenga usted, lector. Si es que los tiene. Ya nadie lee, ya nadie se dilata en atender letras como estas, redondas. Ya todo es Tiktok, videos o lo que sea hoy. De preferencia, de menos de tres segundos. Nadie se puede concentrar más allá de cinco segundos, seamos francos. ¿Leer de corridito una página legal, es decir, una cuartilla? Es pedir mucho.
Para mí es intrascendente lo anterior. Hoy escribo este texto para VANGUARDIA, es decir, para usted, estimado lector. Y la verdad me siento contento de ello. Siempre me he sentido contento de escribir, transmitir un mínimo de ideas (qué pretencioso, ¡ja!) para que usted –el hombre, la mujer más importante para mí– me siga leyendo. Eso es todo. Este es mi deber, pero lo más importante es mi vida.
LEE MÁS DEL AUTOR JESÚS CEDILLO
Ríos de tinta se están escribiendo hoy en todo el mundo con motivo de ¿la incursión, la exploración, la colonización, la exposición, el dinamitar, el sojuzgar, el juzgar extraterritorialmente a un ser humano el cual –dicen– es un ser abominable, como Nicolás Maduro, el de Venezuela, al cual nadie de la Cuarta Traición defiende, cuando apenas ayer era su ídolo?
Escribo estas letras a rienda suelta cualquier día y, de hecho, deben valer nada, porque los acontecimientos, las “noticias”, lo matan todo. ¿Todo?
Vamos al fondo: ¿sabe usted por qué es importante e insoslayable leer poesía? Porque la poesía es eterna y es motor de vida. Mientras las ideologías, imperios e incluso las religiones y las supersticiones son efímeros, la poesía, hecha de algo volátil e inapresable, como las palabras, es más fuerte, dura y acerada que las estatuas de bronce, argamasa y granito.
Hoy ya nadie cree en Zeus, Ra, Prometeo, Atenea, Quetzalcóatl… pero se sigue leyendo y mejor que nunca a Homero en “La Ilíada” y “La Odisea”; se sigue leyendo a Virgilio en “La Eneida”, a Ovidio en su “Arte de Amar”; se sigue leyendo a T.S. Eliot (aniversario: 60 años de su muerte este año) y su “Waste Land” lustros después de publicado, se lee porque habla del hoy y ahora: ciudades como presidios, ciudades grises y cenizas donde habitan hombres huecos, deambulando de aquí para allá, sombras ellos mismos como hojas arrastradas y azotados por los vientos…
¿Venezuela libre? “De mal en mal el exasperado espíritu avanza…”.- T. S. Eliot. Le creemos. Tan malo el azul como el rojo. Donald Trump, por cierto, sí creo en él y su forma de gobierno atrabancado, atrabiliario, pero dueño de un imperio. Y los dueños de los imperios depredan, no respetan. Lea usted: de un sólo golpetazo Trump sepultó eso llamado estúpidamente filosofía “woke”. Ellas se creían hombres, los hombres se creían mujeres y luego se agruparon bajo el término llamado “elles”.
Algo tan ambiguo que la biología, nuestra vida y el ADN no lo tienen; son mañas, no destino. Trump llegó y está ordenando el caos y la vida en el mundo, de este tamaño es su influencia. Avanzamos: Donald Trump fue a Venezuela por negocios: fue por su petróleo, no fue a “imponer” la democracia ni la libertad. El tipo me cae bien porque lo dijo sin mentir, lo dijo de frente y milimétricamente: “el negocio petrolero en Venezuela ha sido un fracaso… nuestras grandes compañías petroleras… invertirán millones de dólares…”.
ESQUINA-BAJAN
Las reservas probadas de petróleo en Venezuela son las mayores del mundo: 303 mil millones de barriles de crudo (Fuente: “Visual Capitalist”). ¿Libertad y democracia es tener a la mano un celular “inteligente” y votar en la Casa de los Famosos? Los poetas siempre tienen la razón: a esta altura de la existencia somos “los hombres huecos”, en verso de Thomas S. Eliot.
Acuse de recibo: nobleza obliga. Públicamente, doy fe de los amables detalles navideños los cuales recibí en mano, de parte de Alfonso Yáñez Arreola (precandidato a la Rectoría de la universidad de capa caída y sin influencia alguna, Universidad Autónoma de Coahuila. Abro un rápido paréntesis: si usted escucha su radio universitaria, reproducen programas de… ¡Radio UDEM de Monterrey! Con todo y su eslogan. Imagino nadie escucha la radio aquí, menos su rector, el infante Octavio Pimentel). Recibí detalles de Osvaldo Aguilar Villarreal (precandidato a una diputación local). Ricardo Aguirre Gutiérrez me mandó detalle personalizado.
Detalle navideño con olor a Saltillo me mandó el alcalde, Javier “El tritón” Díaz. También se hizo presente el académico Martínez Ávalos (precandidato a la rectoría de la UADEC). Pero hay dos detalles: dos regalos los cuales valoro de corazón, palabra y pensamiento. Detalles para el fin de mi vida. Uno: usted lo sabe, salgo diario de mi cueva a varios restaurantes urbanos con el fin de merendar, ver humanos y escuchar voces.
Antes de Navidad enfilé mis pasos a “La Canasta”, llevé detalles navideños a tres colaboradores, los cuales allí son columna vertebral: los camareros, los cuales tienen calidad en el servicio, don Josua Martínez y don Orlando “El furioso” Rodríguez, ambos bajo la égida del supercapitán, don Gerardo Burelo. Me dieron un regalo impagable. Pero me quedé a merendar y leer un rato. Cuando pedí mi cuenta, don Gerardo Burelo hizo todo el teatro debido: fue a la caja, pidió mi cuenta, me trajo la charola y cuando abrí la carpeta… estaba vacía. Es decir, me invitaron la cuenta. Me dijo: “Un regalo, señor Cedillo…”.
LETRAS MINÚSCULAS
Lo atesoro en el alma. En próximo texto les cuento del regalo gastronómico del Bistro Republique, de Luis Felipe Hernández. Gracias.

JESÚS CEDILLO
Periodista, escritor y poeta, con más de 40 años en la legua cultural y explorando el mundo.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
MÁS EDITORIALES, ARTÍCULOS Y REFLEXIONES EN ASÍ DICE