Cuando se critica a la élite blanca eurodescendiente que ha gobernado a México de distintas formas desde la época colonial (porque lo que se abolió fue el dominio español, no la blanquitud que viene de la mano con el modo de producción capitalista), hay dos tipos de actores peculiares que salen en su defensa.
Por un lado, los que sienten una identificación racial o de color de piel con esa élite, quienes por una lotería genética son los blanquitos de la familia, pero que están a años luz de acumular riqueza.
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Son los que dicen que los prietos los discriminan por ser blancos, que no es verdad que ser blanco venga con privilegios, que son tonterías eso de que la sociedad esté dividida en jerarquías raciales.
Sin embargo, esos mismos blanquitos son los que se sienten orgullosos de su aparente lejanía de lo indígena o cercanía con Europa, lo cual los hace sentir superiores.
Son racistas cómodos en su ignorancia, que no entienden o no pueden entender cómo funciona un sistema económico basado en jerarquías de poder de clase, raza, género y geografía, ni aunque se lo expliquen con estadística, evidencia histórica o títeres.
El otro actor que defiende a la élite blanca es el que pertenece a la clase media alta o incluso alta sin ser blanco, sin tener linaje europeo conocido. Este actor te dirá que el pobre es pobre porque quiere y se pondrá así mismo como ejemplo de superación personal.
Te dirá que sus amigos blancos no lo discriminan, que lo que cuenta es el mérito, no el color de piel, etc. Defenderá a capa y espada el sistema económico porque no entiende que él es un renacuajo al lado de los Godzillas del capitalismo.
Te echará en cara que su empresa le deja hasta 5 millones de pesos limpios, producto del puro esfuerzo individual y que puede seguir creciendo. El amigo, sin duda, se leyó todos los manuales del buen emprendedor.
Como no entiende de jerarquías de raza y clase, y solo habla el lenguaje neoliberal de los negocios, no podrás hacerle ver que el problema va más allá de su éxito individual, que el es solo un engranaje insignificante en una maquinaria diseñada para que la riqueza se concentre en unos cuantos monopolios, que no es casual que las corporaciones tengan su sede en los países del norte global y que casi todos los CEO sean hombres blancos.
Siempre apelará a los casos excepcionales y a su microcosmos para negar la existencia de las estructuras.
Yo adolezco de paciencia para lidiar con el blanquito y el buen emprendedor.
Sin embargo, esa gente tendría que ser re-educada de algún modo.
Ellos son parte de los pilares de la hegemonía de la élite whitexican. Y el reto, justo, es resquebrajar esa hegemonía.

Adela Cedillo
Doctora en Historia de América Latina por la Universidad de Wisconsin-Madison Es licenciada en Historia y maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado artículos en revistas indexadas y de divulgación y capítulos en obras colectivas sobre la guerra sucia mexicana, las organizaciones armadas revolucionarias, los derechos humanos y la guerra contra las drogas. Tw @Eliseirena
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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