En , de:

Café Montaigne 382

¿Usted tiene una mala opinión de mí? Lo acepto. ¿Usted tiene una excelente opinión y comentario de su servidor, este escritor y periodista? Lo acepto. Hartos comentarios, hartas glosas y preguntas me llegan diario y me lo comentan en la cafetería de la esquina, en la taberna, en la cantina, en el bar o el restaurante donde voy una vez al día para ver y escuchar gente antes de encerrarme en mi cueva y dedicarme a esto: las letras.

Soy un hombre en extremo solitario. Como la güera Jazmín está en Monterrey y voy a verla una o dos veces por semana para invitarla a merendar, platicar, llevarle libros y música, y estar con ella, pues los demás días de la semana me entrego a lo único lo cual hago desde hace lustros: leer y escribir. Los intelectuales no somos buenos para nada del mundo real. Sólo nos dedicamos a esto.

LEE MÁS DEL AUTOR JESÚS CEDILLO

Y claro, no puedo dejar de exclamar lo siguiente: “¡Dios mío!”, mientras el país y el mundo arden, literal. Quien esto escribe vive su propio fuego y calvario. Hagamos una rápida recapitulación de este tema en el invierno de mi vida, donde he tratado de mezclar y marinar esto, lo cual me tiene aquí: la vejez (“mi” vejez) y literatura. Vejez y erotismo. Vaya, “mi” vejez y mis aventuras eróticas las cuales y por lo demás, al dejarlas en letra redonda, son del dominio público: son suyas, no mías.

Lo repito, para no dejar duda posible: ¿Tengo buena o mala fama? Si usted tiene una mala opinión de mí, luego de leerme durante años, le doy la razón. Si usted tiene una buena opinión de mí, luego de leerme por años, le doy la razón. Todo es cierto y es su juicio, el cual yo respeto.

¿Soy un tonto por estar atado a las manos, cabellera y los tacones de Jazmín, la camarera regia? Lo repito: ¿qué soy o qué significo al día de hoy para la bella camarera regia, quien a sus insultantes 23 años (ya casi 24 y en días) ya está en mis brazos, en mi cama y de quien soy su esclavo? ¿Qué soy para ella? ¿Un trofeo, un capricho, un antojo, un delirio, un juego, un juguete, un viejo, un anciano, un tonto; un estúpido poeta del cual luego va a presumir, me tuvo en su cama cuantas veces quiso, como quiso y a la hora la cual ella deseaba?

Caray, no lo sé. Tampoco lo quiero averiguar, es mejor la ignorancia de la noche y entregarme a sus pasiones secretas y delirios. Aquellos versos, los cuales usted y yo sabemos de memoria del gran e inmenso Federico García Lorca (del cual se cumplen en este año, 2026, 90 años de su asesinato), ya los he cumplido en las piernas bellas, rotundas, redondas y lechosas, de porcelana, de la bella Jazmín…

Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de frío…”.

Vejez. Ser viejo. Hablar de la vejez. ¿Qué es ser viejo cuando los hombres de semejante edad, como yo, están más vitaminados a los jóvenes? Insisto: nadie debe de sentirse aludido en esta larga saga de textos. Su servidor es el único y principal ejemplo de lo cual no debe de hacerse en la vejez. Así soy, y no voy a cambiar. Menos en el invierno de mi vida.

ESQUINA-BAJAN

Estoy viejo. Y estoy contento y feliz… por lo pronto. Pero ya padezco la pasión juvenil de la bella Jazmín. Lo demuestro. Mi cara no miente. Lo dijo mi amado Michel de Montaigne en sus portentosos “Ensayos”: “Los hombres están tan apegados a su miserable vida, que no hay nada que no acepten, por duro que sea, con tal de conservarla”. Hoy los viejos y ancianos están más alimentados y siliconados a los jóvenes. No es mi caso.

Mi vejez, cabello nevado, barba y bigotes blancos, sin músculo alguno y enjuto de carnes, no dejan mentir: la vejez me sienta bien. En lo personal, ya estoy atado a esta estúpida pasión juvenil, la cual me va a llevar al infierno. ¿Realizarse y superarse? Es cosa o juego de boy scout perdidos. No sé si consciente o inconscientemente he buscado esto: ir al cielo y al infierno en el mismo boleto y nave. Ella me lo dijo la ocasión anterior: era un juego para ella, pero hoy no sé en cuál etapa o carril de su vida voy.

En la última estación de mi vida, a diferencia del gran Julio Torri, las sirenas sí han cantado para mí. No me hice amarrar al mástil de mi frágil embarcación, como ese despistado Ulises, no; mejor aún, me dejé arrastra por las bragas negras de la güera, sus accidentes y travesuras de niña y el aliento pecaminoso de sus labios. No hay regreso posible.

Lectores como usted, el cual me favorece con su atención hoy, me preguntan recurrentemente: “¿Oiga, maestro, y qué va a pasar, cuándo termina esta telenovela erótica de su vida, cuándo termina la aventura? Nos tiene con el Jesús en la boca”. Y claro, no pocos sueltan la carcajada. Tengo una respuesta: no lo sé. Esto sucede en “tiempo real”. Y va a durar el aliento, el suspiro de mi vida… hasta cuando la güera diga y me tire a la basura. Es la realidad. Por cierto, hasta hoy, tengo 10 días, esta mañana y 45 minutos sin verla. ¿Motivo? Ella tiene pendientes de familia y personales. Le creo.

Sólo hablo con ella y fui a verla a su restaurante. ¿Me enseñó sus bragas de encaje negro? Sí, lo hace a propósito y descaradamente la ingrata.

LETRAS MINÚSCULAS

Me espetó al oído: “Así te conquisté, Jesusito, ja, ja. Aguanta, flaquito, la espera va a valer la pena, tengo un regalo para ti…”. Palidezco.

Comentarios
JESÚS CEDILLO

Periodista, escritor y poeta, con más de 40 años en la legua cultural y explorando el mundo.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

MÁS EDITORIALES, ARTÍCULOS Y REFLEXIONES EN ASÍ DICE