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Café Montaigne 380

Jazmín, cuan larga es, duerme. Sólo duerme. No ronca, sus pechos como puntas de alfileres bien pulidos, se inflan de acuerdo a su respiración de bella durmiente: acompasados y perfectos. Jazmín duerme. ¿Yo? Sentado en una silla a un lado de la cama, la contemplo.

Tengo en mi mano una copa de vino tinto, le doy sorbos, la pongo a un lado y vuelvo a contemplar a la güera de 23 años (entrados en 24 en poco tiempo) la cual me lleva ya del cielo al infierno en el mismo viaje. Jazmín duerme.

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¿Qué hacer? Pues eso, contemplar su sueño. Ella duerme plácida y serena por un motivo el cual me maravilla y de lo cual me siento halagado: confía en mí. Por eso duerme y se entregó a ello.

¿Tocarle uno de sus cabellos brillantes de sol? Imposible. ¿Recorrerla con uno de mis dedos, con la punta de los dedos, la yema, parece ser el nombre? Jamás. La niña/mujer está descansando… ¿Qué hacer? Pues eso, tratar de apresar uno de sus sueños para escribirlo, contarlo en estas torpes letras. Ella lo ha pedido.

1 hora, 45 minutos y 23 segundos. “¡Ay Jesús! ¿Qué pena, qué dices flaco mío? Disculpa, parce, me quedé dormida…”. “Usted, bella güera, se quedó dormida una hora, 45 minutos y 23 segundos y usted acaba de despertar señorita”. “¿De veras? Ay Jesusito lindo, qué pena, la verdad ando bien cansada de tanto trabajar… oye, estoy tapada y creo recordar, estaba desnuda porque todo me molestaba. Ay, no te enojes, hasta me molestabas tú… ¿por qué estoy tapada y como hecha taco envuelta en esta sabana, eh?”.

“Güerita, te estremeciste al menos dos veces y me preocupé. Por eso te tapé y te envolví en la sábana. Imagine usted, tenía frío y bueno, ya no volviste a estremecerte flaca sexy, te diste dos vueltas y quedaste como quesadilla…”. “Ay, pinche Jesusito lindo, ¿ya ves? Por eso te quiero. Cuando te lo propones eres adorable… oye, dame de tu vino tinto, dame una copa, déjame desperezarme y ahora sí, tu eres el escritor: dime qué sueño viste en mi cabeza y en mis cabellos enmarañados que tanto te gustan, dime qué sueño tuve, maestro…”.

La materia de los sueños. ¿Qué sueño inventarle y en un segundo a la bella Jazmín? ¿Qué soñó la ingrata? ¿Qué son los sueños: realidad presente, futura, un pasado el cual se presenta hoy? Tema no menor en la literatura, en la pintura, en la vida misma y en la Biblia. Dios es una idea, usted lo sabe y lo hemos explorado largamente. Ya no es pregunta de mi parte, es mi afirmación. Una idea necesaria para crecer. Hablar de ideas…. ¿O sueños? Hablar de pensamientos, ideas y sueños.

Entonces es obligado leer a Samuel T. Coleridge, el cual soñó su largo poema de todos conocido con los siguientes versos: “Trabajo sin esperanza recoger néctar en un cedazo,/ y esperanza sin un objeto no puede vivir”. Sí, el famoso “Kubla Kahn”, un dictado de Dios en los sueños del poeta el cual fue interrumpido cuando llamaron a su puerta y el dictado jamás regresó. Dios es ese objeto, esa idea necesaria para no ser un gusano, una cucaracha o una planta.

La bella güera Jazmín le da un largo trago al vino tinto de media tabla el cual disfrutamos. Sigue envuelta como taco. Bajo ella, su desnudez es una fiera herida a punto de estallar. Estamos en silencio. Brindamos, siempre brindamos en silencio. Chocamos copas y bebemos. Salud. Sí, en silencio. Es un acuerdo tácito. Sencillamente se hizo, se ha forjado. Nada más.

ESQUINA-BAJAN

El silencio no es eterno. Me dice la güera Jazmín: “Ay, Jesusito lindo, en días como hoy, me encantas estúpido flaco. Me tienes toda entretenida y enamorada. Pero, ya es tiempo, anda, dime qué soñé… porque estuviste despierto ¿ok?, y estabas de mirón, como siempre, ¿atrapaste mis sueños, dime qué soñé Jesús…?”.

“Mira Jaz… estabas desnuda. Blanca, de porcelana como eres. No había un mar esperándote, no, había esto: un desierto bello, caluroso, sudoroso, pero abrasador y agraciado. Usted caminaba con los pies desnudos sobre arena morena, lo cual hacía resaltar más tus pies blancos y perfectos. Usted luego se puso en su cuerpo un camisón de algodón, una bata de encaje y transparencias. ¿Sudar? Sí y no, la bata se le pegaba a su cuerpo como si fuese su amante perfecto. Luego y de repente, llegó un vientecillo rabioso e intempestivo y letal, a usted le dio un poco de espasmo, de fresco… y sus pechos de niña se erguieron como puntas de una iglesia goda y centenaria. Usted entonces caminó de frente al viento hostil y lo retó Jazmín, oh sí, usted lo retó y el viento enamorado, sencillamente calló y luego….”.

“Ay, pinche flaco, ya no digas más. Qué lindo ¿todo eso viste y soñé? Sabes: eres viejo para mí y todo mundo quiere conmigo. ¿Sabes que me tienes toda enamorada? ¿Sabes? No quiero estar con otro. ¿Sabes que te extraño cuando no te veo y cuando no me cuentas todo esto y extraño tus libros de esa gente enferma como yo… ja ja, a tu francesito, a las viejas locas españolas que nada más hablan de sexo, a tu amigo el colombiano…?”. “Pinche Jesús ¿qué más viste en mi sueño, amado flaco escritor…? Anda, trae tus bigotes y bésame un pezón…”.

La güera Jazmín, 23 años, camarera y madre de un hijo al cual ama, duerme del lado moridor del corazón, duerme desnuda y en santa y beatífica paz del lado izquierdo. Ese día se arrellanó y durmió.

LETRAS MINÚSCULAS

Esta patética historia ¿de amor, sexo, erotismo, vejez? Continuará la próxima semana… no se la pierda.

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JESÚS CEDILLO

Periodista, escritor y poeta, con más de 40 años en la legua cultural y explorando el mundo.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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