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Café Montaigne 379

–Jesús, ando muy cansada, creo lo notas. De hecho, todo mundo me dice eso: estoy bien jodida y cansada de tanto jale por la temporada de diciembre. Por lo demás, me fue bien en propinas, Jesús. Y no estés chingando, a nadie más le he vuelto a enseñar mis calzones. Y ni te pongas celoso, eso no te queda. Simplemente, estoy guapa y toda buenota, y pues los clientes me dejan buenas propinas porque los atiendo bien. Y no ando de resbalosa como la perra de Julieta, si te platicara de la muy maldita. Pero bueno, tú ya la conoces y te ha atendido. ¿Quieres estar con ella, pinche Jesús?…

–Oye Jazmín, güerita de mi vida, no he dicho nada y aparte…

–Y ni tienes derecho a decir nada, estúpido flaco. Ay, bueno, discúlpame. Ando bien cansada. Eso es todo. Oye, por cierto, gracias por los regalos de Navidad para mí y mi hijo, le gustó mucho todo. Pero esa cosa cuadrada, que no tiene pies ni cabeza, lo tiene ocupado, vuelto loco al pobre hijo. ¿Cómo se llama, el cubo de Ricardo…?

-El cubo de Rubik, Jazmín. Es una especie de puzle en el cual hay que poner todos los colores en su sitio; cuando yo era joven era el sortilegio, el pasatiempo del momento, es interesante porque matemáticamente…

–Cállate, pinche Jesusito, me pones de nervios con tus cosas. Ay, bueno, discúlpame otra vez. Es que ando muy cansada y, la verdad, lo único que quiero es dormir. ¿Trajiste tu botella de vino tinto? Mira, vamos a hacer esto: ya estamos aquí, en nuestra habitación. ¿Ok? Voy a dormir. No sé cuánto tiempo, la verdad. Tú me vas a cuidar y vas a ver mis sueños. Y como eres escritor, luego me vas a contar y describir mis sueños. ¿Ok? Quiero que veas mis sueños, Jesusito. A ver, flaco pendejo. Ay, discúlpame de nuevo, mira maestro Cedillo, usted es el culpable de esto que le pido hoy: me tienen hasta la madre tu par de amigos, el chino/japonés y el mexicano que sabe mucho de cumbias y vallenatos…

–Oye, Jazmín, es Yasunari Kawabata, y no es chino, sino sólo japonés. Y el gran Gabriel García Márquez nació en Colombia, pero también fue mexicano. Mira, ya murieron, estrictamente no son mis amigos, pero sí son mis amigos porque los leo y releo y…

–y…

–¡Ay, pinche Jesús! Me harta, tienes la culpa de todo hoy en mi vida. Mira, esos viejos cochinos sólo miraban ver dormir a bellezas como yo. Y dale gracias a Dios que me tienes, eh. Anda, mírame dormir, nada de tocarme, menos besarme en todo mi cuerpo que es tuyo, y tampoco olisquearme el sexo y mi cuello. ¿Quedamos? Sólo déjame dormir…

–Pero güera, jamás te he faltado al respeto. Y bueno, eso de acariciarte, pues es irresistible. Lo de besarte en todo tu cuerpecito, pues mi lengua lo desea, y en cuanto a olerte, pues usted tiene la culpa: tu sexo huele a ti, sólo a ti. Y tu cuello huele a ese perfume al cual estoy atado por siempre y por el resto de la vida: tabaco y vainilla…

–Mira, Jesusito, escucha, observa, ¿ok? Me voy a quitar la ropa, hoy todo me molesta y me cansa. Me voy a recostar y me voy a dormir, te lo digo, no sé cuánto tiempo. Usted me va a cuidar. Sin olisquear, ¿ok? Es que me compré una tanga nueva de encaje para ti, pero me aprieta mucho, mira, es esta. ¿Está linda, no? Pero me aprieta un chingo. Ya me tiene harta. Disfrútame antes de quitármela y nada que te la llevas a tu casa como trofeo, eh, pinche Jesús. Es mía y ya luego veremos si me queda más ligera…

ESQUINA-BAJAN

“No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni intentar nada parecido”. El anterior fragmento es de Yasunari Kawabata, Premio Nobel de Literatura, en su obra perfecta: “La Casa de las Bellas Dormidas”. Lea usted: “Entré en el cuarto con el corazón desquiciado, y vi a la niña dormida, desnuda y desamparada en la enorme cama de alquiler como la parió su madre. Yacía de medio lado, de cara a la puerta, alumbrada desde el plafondo por una luz intensa que no perdonaba detalle…”.

Sí, es el Nobel Gabriel García Márquez en “Memoria de mis Putas Tristes”. ¿Homenaje, plagio, refundición, palimpsesto sobre la obra de Kawabata? Una joya. Por la palabra conocemos y amamos, la palabra hace inteligible la piel de Eva. Y es que esta pálida apología de la mujer ausente, aquella que se ve y no se toca, es un viejo tema literario.

Una noche, un viejo –instalado en el invierno de su vida, como yo– llega a un prostíbulo no tradicional, sí diferente. Al cliente sólo le es dado ver, contemplar y no palpar. Es el prostíbulo de “Las Bellas Durmientes”, la poderosa novela de Kawabata, que tan bien parafraseó Gabriel García Márquez. En este palacio del placer oriental se vende la piel de adolescentes pecadoras que no se pueden tocar.

Entonces la mano tiene su propia memoria, su propio archivo de piel preferida, donde los dedos son capaces de reaccionar, al segundo, ante lo ya visto y recorrido, sin asomo de error alguno. La mano recuerda algo, ¿vivo o sólo imaginación lúbrica? Por eso mi mano, mis manos escriben eso lo cual recuerdan, como hoy, el olor y la piel de Jazmín.

LETRAS MINÚSCULAS

Sí, le di a leer “Memoria de mis Putas Tristes”, de Gabriel García Márquez, y “La Casa de las Bellas Durmientes”, de Yasunari Kawabata. Jazmín duerme. La contemplo. ¿Y sus sueños? Esta patética historia continuará el próximo jueves…

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JESÚS CEDILLO

Periodista, escritor y poeta, con más de 40 años en la legua cultural y explorando el mundo.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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