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Viesca sigue en pie y es ejemplo histórico de resiliencia

Los viesquenses no se quedaron ni se quedarán con las manos cruzadas: de ser agricultores en un entorno de abundante agua pasaron a aprovechar los productos no maderables que les provee la naturaleza árida.

A la mitad del siglo 20 las condiciones de trabajo y de vida cambiaron de raíz en Viesca por consecuencia del agotamiento del agua. En pocos años, el oasis se transformó en un páramo. El primer golpe que impactó a los viesquenses es que las avenidas del río Aguanaval ya no llegaron.

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El agua que les había pertenecido por siglos, porque así lo designaron las condiciones naturales del Aguanaval, pasó a manos de agricultores de Durango y Zacatecas por decisión de las autoridades federales, que construyeron presas en el cauce del río, lo que evitó que éste desembocara en su laguna natural, en Viesca.

Este río nace en el noroeste de Zacatecas, cerca de Sombrerete. Su cuenca principal abarca partes de los estados de Durango y Zacatecas. El río recorre 500 kilómetros hacia el norte de Zacatecas hasta llegar a la región semidesértica del Bolsón de Mapimí, en el suroeste de Coahuila. Viesca se secó y las autoridades nunca intervinieron.

Hoy estamos a casi 75 años de esas decisiones gubernamentales que provocaron el colapso del ecosistema natural del Aguanaval en su desembocadura. Se dejaron de cultivar miles de hectáreas que se regaban con agua que emanaba de los ojos de agua. Se terminó el turismo que atraían los manantiales. Los huertos de los patios traseros de las casas, que surtían los chiles, los tomates, los ajos y las cebollas, entre otros productos, se acabaron y las familias enfrentaron mermas en sus ingresos. El crecimiento poblacional de Viesca se frenó. Al colapsarse las actividades agropecuarias, los pobladores y los negocios empezaron a emigrar.

Otro golpe que jugó en contra de Viesca es que la otra fuente de empleo, en la que se habían refugiado los viesquenses luego del colapso ecológico, fue que la fábrica de sal cerró sus puertas a finales del siglo 20. La empresa SULVISA absorbía una parte de la mano de obra agrícola, unos 400 trabajadores, que se habían transformado en obreros industriales. Aunque la planta de sal no generaba todos los empleos que ofrecían la agricultura, el turismo y el comercio, sí era una gran ayuda para sus habitantes.

El tercer golpe que afectó al pueblo fue que dejó de operar el tren que iba de Torreón a Saltillo, también a finales del siglo 20. Pasaba por Viesca, Parras y General Cepeda. Ese tren era una gran palanca para las comunidades a lo largo de las vías, pero el presidente Zedillo lo quitó. A la par, la fábrica de sal cerró sus puertas. Viesca quedó aislada, lejos de las vías de comunicación. Fue hasta la administración del gobernador Humberto Moreira que se construyó la carretera hacia las comunidades del norte de Zacatecas que colindan con Viesca; y con el gobernador Rubén Moreira, Viesca se constituyó nacionalmente como Pueblo Mágico. Esta gran contribución abrió la posibilidad turística, apoyada por la construcción de la carretera que une a Parras con Viesca, que ahora es otra alternativa de comunicación con Saltillo.

Ante estas adversas circunstancias, los viesquenses han tenido la capacidad de afrontarlas basándose en su resiliencia, su fortaleza física y en su habilidad y sabiduría para salir adelante sin agua, sin fábrica de sal, sin infraestructura de comunicación y con una mínima gestión de los gobiernos estatal y federal, así como con una falta de solidaridad en correspondencia a los beneficios que Viesca les proporcionó para su constitución a los municipios laguneros, a finales del siglo 19 y principios del 20.

Los viesquenses no se quedaron ni se quedarán con las manos cruzadas: de ser agricultores en un entorno de abundante agua, donde cultivaban y levantaban sus cosechas en sus parcelas, pasaron a aprovechar los productos no maderables que les provee la naturaleza árida: orégano, candelilla, lechuguilla, entre otras especies.

Siempre esperan con nostalgia que el agua toque sus rostros y sus tierras, que las pocas lluvias hagan crecer las plantas del desierto para recolectarlas y desafiar las condiciones hostiles. Si bien hubo algunos que emigraron a las grandes ciudades, los que se quedaron no perdieron la esperanza, nunca se sintieron acorralados, siempre buscaron caminos, algo nuevo o distinto para salir adelante. No sólo ocupándose de ellos, sino del bienestar de los demás. Por esa gente que no se dejó vencer, Viesca sigue en pie.

jshv0851@gmail.com

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SALVADOR HERNÁNDEZ VÉLEZ

SALVADOR HERNÁNDEZ VÉLEZ es ambientalista, académico, escritor y senderista. Ex Rector de la Universidad Autónoma de Coahuila.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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