Las reformas electorales son fundamentales porque definen las reglas del juego democrático. El problema radica en que, en un país como el nuestro, dichas reformas son muy sensibles porque pueden cambiar el equilibrio entre partidos, la representación ciudadana, la confianza en las instituciones y el encono entre los partidos.
En México hemos vivido una buena cantidad de reformas; una de las más importantes es la de 1977. A partir de ahí, con la intención de mejorar el sistema electoral, se han dado alrededor de ocho más y, entre ellas, algunas modificaciones.
LEE MÁS DEL AUTOR FELIPE DE JESÚS BALDERAS
Por estos días, la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum se ha convertido en uno de los temas más debatidos y controversiales del escenario político mexicano. Presentada con el objetivo de “fortalecer la democracia”, la iniciativa busca hacer el sistema electoral más transparente, participativo y eficiente, además de reducir costos y eliminar privilegios innecesarios en la organización de elecciones en México, según ha dicho la Presidenta.
Como siempre, la falta de consensos entre las fuerzas políticas aliadas ha puesto en duda tanto su presentación formal como su eventual aprobación en el Congreso. Uno de los ejes centrales de la reforma es la disminución del costo de los procesos electorales, en síntesis: reducir los gastos de campañas, disminuir el financiamiento destinado a los partidos políticos y reforzar los mecanismos de fiscalización para evitar abusos en el uso de recursos públicos y privados. Al mismo tiempo, se busca fortalecer los controles para garantizar mayor transparencia en el origen y destino del dinero que circula durante las campañas.
El punto más controversial de la reforma gira en torno a los legisladores de representación proporcional, conocidos como plurinominales. Un tema que viene como promesa de campaña desde el sexenio anterior. Quienes se oponen, por supuesto, son los partidos que cayeron en desgracia y no pintan en cuanto a las preferencias de la población, además de que no conocen otro estilo de vida más que el de vivir del presupuesto.
La propuesta plantea eliminar o modificar la forma en que se eligen los diputados y senadores plurinominales, con el objetivo de que estos cargos estén más vinculados al voto ciudadano y menos a las decisiones de las dirigencias partidistas. ¿Está usted de acuerdo?
En este momento, como desde hace rato, son 200 diputados que no son elegidos por los ciudadanos mexicanos, sino a través de listas cerradas definidas por los partidos. La discusión es si deben abrirse mecanismos que permitan mayor participación ciudadana, como listas abiertas, o si los partidos se reservan el derecho de admisión.
En este apartado es donde se dan los desacuerdos y donde se han frenado las negociaciones.
Otro componente de la reforma es la regulación del uso de inteligencia artificial en campañas y propaganda política. Desde mi óptica, un apartado urgente por todo lo que se ha vivido en los últimos tiempos con los bots, desinformación, sesgos, noticias falsas, entre otras tantas acciones, en materia electoral. En ese sentido, la iniciativa contempla establecer mecanismos y sanciones específicas para evitar el uso indebido de herramientas de IA en procesos electorales, especialmente en la difusión de información y contenidos manipulados.
Con ello se pretende anticipar riesgos como la desinformación automatizada, los contenidos falsificados o el uso de tecnología para influir de manera irregular en la opinión pública. Este punto ha abierto un debate más amplio sobre los límites tecnológicos en la competencia democrática y la necesidad de actualizar la legislación electoral frente a nuevas herramientas digitales.
Otros temas que se proponen y que se consideran urgentes son fomentar una mayor participación ciudadana, una reducción de costos, austeridad electoral, el fortalecimiento de la democracia y la transparencia.
También se analiza el papel de los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE), el fortalecimiento de la participación de ciudadanos en la creación de partidos políticos, candidaturas independientes y las formas de financiamiento y fiscalización de campañas y partidos.
Sin lugar a dudas, la propuesta más sensible la representa el papel de los plurinominales. Desde la reforma política de 1977, los plurinominales fueron clave para abrir el sistema político mexicano a la pluralidad, pero con el tiempo se convirtieron en una rémora del mismo sistema. Eliminarlos o transformarlos radicalmente puede interpretarse – depende del lado en que se encuentren– en un avance hacia un mayor vínculo ciudadano, por un lado; o, por el otro, en un riesgo para la representación proporcional y el pluralismo.
Lo otro es que algunos partidos podrían perder posiciones y las coaliciones podrían debilitarse. Y, por supuesto, que es donde se da la suspicacia, el partido mayoritario podría verse beneficiado o perjudicado según el diseño final. En este sentido, la reforma electoral no es un ajuste menor, porque implica cambios en la forma sobre cómo se elegirá el Congreso, una redefinición del equilibrio entre representación directa y proporcional y posibles efectos en la correlación de fuerzas entre partidos.
El problema radica, como siempre, en que no todos los interlocutores son válidos, y la razón es muy simple: si no la hacemos nosotros, simple y sencillamente, no sirve. Al momento, no ha salido el documento final, pero ya las facciones contrarias al oficialismo lo han desacreditado.
El punto de fuga debería estar en lo que le viene bien al país y no a los partidos, pero sigue pesando la consabida “lealtad” al partido que cada legislador o senador representa.
Sí, en mucho, el problema lo representa el borrar de un plumazo a los plurinominales del espacio del Congreso; tendríamos que preguntarnos si en este momento ¿siguen siendo necesarios? Y lo otro sería, ¿realmente se trata de fortalecer la democracia o reconfigurar el poder? Así las cosas.

FELIPE DE JESÚS BALDERAS
Es Maestro en Ética Aplicada y Doctor en Estudios Humanísticos por el Tecnológico de Monterrey. Licenciado en Filosofía y Letras, con una Maestría en Educación Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Cuenta con una especialidad en Moral y Justicia por la Universidad Pontificia de México (UPM). Especialidad de Ética Aplicada a las Profesiones en Loyola University (Estados Unidos). Especialidad en Ética Social y Fundamental en la Universidad de Deusto (España). Especialidad en Ética Social y Profesional y estancia de investigación en la Universidad de Valencia en España.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
MÁS EDITORIALES, ARTÍCULOS Y REFLEXIONES EN ASÍ DICE