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Raúl Vera entre la rebeldía y los límites de la Iglesia

En los últimos días se ha reavivado un debate: ¿pueden las mujeres celebrar misa? La respuesta oficial de la Iglesia católica es clara y tajante: no. Esto no es una opinión reciente, sino una norma asentada en el Código de Derecho Canónico, que en su canon 1024 establece: “solo el varón bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación”. 

Además, Juan Pablo II, en la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis (1994), recalcó que esta doctrina debía ser mantenida “de modo definitivo por todos los fieles” . En pocas palabras, en la Iglesia católica, el sacerdocio femenino no está permitido y no se discute su aprobación.

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Aun así, el tema permanece vivo. En los sínodos recientes se ha planteado el diaconado femenino, aunque el Vaticano respondió que “no es el momento”. Mientras tanto, las mujeres ya sostienen gran parte de la vida parroquial: organizan la catequesis, administran recursos, llevan adelante la caridad y acompañan la liturgia de la Palabra. Pero cuando se trata del altar en la misa, la puerta sigue cerrada.

En este marco aparece de nuevo la figura del obispo emérito de Saltillo, Raúl Vera López, una de las voces más controvertidas de la Iglesia mexicana. Su más reciente polémica se dio al permitir que una clériga anglicana participara en la misa durante la consagración, un gesto que la Iglesia católica reserva de manera exclusiva al sacerdote. El canon 907 es claro: los laicos y ministros no católicos no pueden realizar las acciones que corresponden al celebrante. Para Roma, ese límite no es negociable.

Pero esta no ha sido la única ocasión en que Vera ha desafiado al Vaticano. En 2011 defendió con fuerza la pastoral hacia la comunidad LGBT a través del Grupo San Elredo. Su postura generó incomodidad en la Santa Sede y, con el tiempo, el grupo se desligó de la diócesis para no entorpecer la relación con la jerarquía. Sus gestos se han dividido, para unos, es un pastor valiente y cercano; para otros, un obispo rebelde que desobedece las normas esenciales de la Iglesia.

Ese estilo de rebeldía también puede explicar decisiones recientes en Roma. Hace unos días, el Vaticano anunció que Hilario González García, actual obispo de Saltillo, fue nombrado miembro del Dicasterio para el Clero, un organismo que coordina la vida y formación de sacerdotes en todo el mundo. Este nombramiento fue interpretado como un reconocimiento a su trayectoria y, quizá, como un gesto de confianza hacia un perfil más institucional y menos polémico que el de su antecesor. En otras palabras, Roma apuesta por la estabilidad que representa Hilario, y no por la rebeldía que encarna Vera.

Raúl Vera representa esa tensión. Su rebeldía ha dado voz a migrantes, mineros, víctimas de violencia y a la comunidad LGBT. Pero sus formas de romper reglas litúrgicas han generado división y preocupación. La Iglesia, por su parte, sigue mostrando una cerrazón en algunos temas, como el sacerdocio femenino, que la sociedad moderna no siempre entiende.

Al final, la pregunta sigue en pie: ¿pueden las mujeres celebrar misa hoy? No. ¿Está en debate su ordenación sacerdotal? No. ¿Se estudia el diaconado femenino? Sí, pero sin avances. ¿Debe la Iglesia dar más espacio a las mujeres en la toma de decisiones y en la vida pastoral? Sí, con urgencia.

Quizá por eso el Vaticano eligió a Hilario González para un cargo relevante en la Curia y no a Raúl Vera. Roma reconoce la entrega pastoral de muchos obispos, pero también prefiere perfiles que garanticen obediencia y comunión. En el equilibrio entre la apertura y la norma, el mensaje es claro: la Iglesia necesita pastores cercanos a su pueblo, pero también fieles a sus reglas.

Y ahí queda el dilema: una Iglesia que a veces cierra donde debería abrir, y un obispo que a veces abre donde no puede. Entre esos extremos, el riesgo es que los fieles se queden atrapados en medio, esperando una Iglesia que los escuche y los acompañe sin miedo, pero también sin romper lo esencial de su fe.

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JÉSSICA ROSALES

Periodista con 20 años de experiencia en distintos medios de Coahuila.Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx